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Sus ojos tienen el brillo de quien se emociona al echar la vista atrás. Si en Chiclana hay una familia con historia esa es la de Diego Vela Carreto, hijo de Juana Carreto, quien allá por 1936 comenzó a vender vino a las vecinas en el patio de su casa creando así el germen de lo que luego fue el bar ‘El 22’, en el que Diego entró a trabajar con tan sólo 12 años y del que se hizo cargo en la década de los ochenta.

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Raro es el chiclanero que no haya comido ostiones o no se haya tomado una copa de vino en sus mesas. Sufrió en primera persona las consecuencias de la riada del 19 de octubre de 1965, cuando el agua rebasó los dos metros de altura en el local. La imagen del bar a la mañana siguiente era desoladora, todo lleno de barro, sillas y mesas amontonadas, enseres rotos…. Pero Diego se puso manos a la obra y consiguió levantar de nuevo el establecimiento. Su buen hacer le han hecho merecedor de múltiples reconocimientos desde distintos colectivos, en especial el hostelero.

No es la única faceta de este entrañable chiclanero que ya forma parte de la historia de la ciudad. La rondalla ‘El 22’ nace en el seno de esta familia cuando su madre les enseñó a tocar la guitarra, la bandurria y el laúd. A modo de tuna universitaria, rondaban a las mujeres en sus balcones con temas de lo más variopinto, desde ‘Clavelitos’ hasta ‘Granada’ pasando por el pasodoble ‘Chiclanera’. En las fechas señaladas del calendario aún es posible escuchar a este grupo al que el Ayuntamiento concedió en 2014 la Medalla de la Ciudad y para el que Diego Vela ha compuesto, hasta la fecha, cerca de 500 canciones.

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