domingo, mayo 26, 2024
spot_img
InicioCulturaA LA MANERA DE PAQUIRO

A LA MANERA DE PAQUIRO

El diestro decidió el curso del toreo contemporáneo a través de su obra «Tauromaquia Completa»

Textos: Jesús Romero
Se le llama, aparte otras denominaciones más o menos afortunadas, el arte de Cúchares. Y no digo, no, que no tuviera éste el suyo y en abundancia. Pero que este arte le debe mucho más a Paquiro lo saben hasta los ranos del Pilar. Bueno, lo saben los entendidos, que aquí, en su tierra, igual tampoco lo sabemos.

Que fue torero y tal, pues sí. Lo canta la estampa. Indumentaria y pose. Indumentaria y pose que, por cierto, mucho le deben. Pero que decidió el curso del toreo contemporáneo es cosa que el común, por lo general, ignora. También muchos amantes de la fiesta, la mayoría.

Que toreó, claro que toreó. Muchísimo. Y mira que comenzó más bien tarde y que terminó -oficio y vida- a edad nada avanzada. Por poner un ejemplo, baste excelente botón de muestra: en 1836, toreó en cuantas corridas se celebraron en la capital del reino. En una temporada que, además, se prologó aquel año hasta las fechas navideñas, helada incluso la arena del ruedo como las crónicas de entonces recogen. Ver a Paquiro en su momento de mayor esplendor tuvo, sin duda, mucho que ver con aquel calendario.

El diestro chiclanero propuso el nuevo traje de torear así como la montera

Quizá esto no se entienda hoy si no buscamos, más allá del toreo, analogías. Un torero era, a efectos fans, algo así como una estrella del rock antes de los ticktokers con residencia en Andorra. Estrellas que no pocas veces han actuado en cosos, dicho sea de paso. Estrellas del superpop que costumizaron las carpetas quinceañeras, de aquellos quince años de entonces que, a ciertos efectos, computaban más o menos. Así, trascendiendo lo estrictamente taurino, la imagen de Paquiro en las estampas de la época, una y otra vez impresa, era venerada en muchos hogares, icono de la belleza masculina según los cánones que entonces imperaban, cánones que él mismo contribuyó a modelar.

Porque no sólo es que torera, que sí, ni que decidiera, normativizando la fiesta para el futuro, qué era/qué habría de ser eso de torear frente a otros usos y abusos del toro. En este mismo año de 1836, Paquiro publicó su Tauromaquia Completa, obra clave en el devenir del toreo. Es que, además, fijó también la estética/cosmética del torero, su indumentaria, traje de chispas que primeramente se llamó, inquieta luna donde el sol a guiños se miraba. Fue Paquiro quien, frente a la indumentaria goyesca al uso -la que se estilaba cuando apareció-, propuso el nuevo traje de torear, y lo hizo, como tantas otras cosas -tauromaquia suya incluida- con un ojo puesto en Francia. Traje nuevo que coronó con otra novedad que también a él se atribuye: el tocado de la cabeza, un precioso remate de astracán llamado a suceder a la redecilla de los rondeños -y de otros- hasta entonces en uso. La montera, que así se llama, al decir de algunos, por su apellido.

Además de torear, Paquiro sentó las normas de la fiesta para el futuro

Gracias a personajes con él -o como los de Ronda, que dignificaron con oficio y buena remuneración una ocupación que nació indigna y subalterna-, el innoble toreo de a pie que cautivó a las masas acabó dando alcance también a las élites -nobles y no sólo nobles- que más españolas se sentían o pretendían.

Lo torero se volvió, más allá de lo taurino, marca. Su indumentaria, sí, pero también sus poses, sus ademanes, sus maneras y amaneramientos. Hasta su habla, el habla del sur sobre todo, fue imitado entonces por las gentes de las más diversas cunas y las más variadas aspiraciones. Y ello derivó en esa estética -manera de entender la vida más y de vivirla- que se dio en llamar majismo.

Y todo ello tiene baste que ver un personaje que nació, antes de serlo, aquí -los niños no nacían en hospitales entonces- un 4 de abril. Pasado el tiempo, Manuel Castellano lo retrataría, junto a su cuadrilla, en una obra que muchos consideran el retrato de la Trinidad del Toreo: flanqueado por el Chiclanero y Cúchares, y por encima de ellos en la composición que centra, Francisco Montes “Paquiro”. Todos visten, como él. Entonces, esto estaba claro.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

MÁS POPULAR

COMENTARIOS RECIENTES