Autocrítica de un tendero

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Carlos Arnaiz Ares

Asociación Chiclana Centro

Qué difícil es tener que opinar sobre algo que haces todos los días, sobre tu modo de vida y tu dedicación. Y sobre todo, que difícil resulta opinar objetivamente para que la crítica sume y nos una. Soy tendero y evidentemente como casi todos los españoles, estoy en crisis. Los motivos no caben enumerarlos aquí, pues ni soy analista político ni economista, ni por supuesto tertuliano de un programa televisivo, soy simplemente un autónomo más, comerciante de profesión y vecino de Chiclana de la Frontera, ciudad en la que vivo y tengo mi comercio.Y aquí es donde voy a centrar mi artículo, porque ¿Qué ocurre en nuestra ciudad? ¿Por qué no es capaz de aflorar comercialmente como ocurre en otras ciudades? ¿Por qué el centro de la ciudad se queda desierto cuando llega el mediodía?

Todas estas preguntas y muchas más nos las hacemos diariamente y muchas personas nos contestan que en Chiclana lo que ocurre es que el centro no es atractivo, que no hay de nada y por supuesto que los comerciantes pasamos desapercibidos y no atraemos al público en general. Pero permítanme que les diga que, aunque asumiendo que existe una parte de razón en estas afirmaciones, estamos confiando y apostando en la necesidad de tener un centro de ciudad que merezca la pena y del que nos sintamos orgullosos. Y ahí cada uno debe asumir la parte de responsabilidad que tiene y aportar su granito de arena.

Nuestros representantes políticos deben proyectar un modelo de ciudad consensuado que pase por una recuperación urgente del casco antiguo y una apuesta por lo nuestro, por nuestras raíces, por nuestro patrimonio y que a la vez sea atrayente y sirva de reclamo para que los touroperadores incluyan nuestro centro de ciudad, no sólo nuestras playas, en sus recorridos turísticos. Y por otro lado el comercio de Chiclana, nosotros los tenderos, siendo conscientes de lo difícil que es competir con las grandes superficies tal como le ocurrió a David y Goliat, debemos recuperar ese concepto trasnochado de gremio y utilizar unas “armas” diferentes que nos identifiquen y nos den identidad propia, unas armas basadas en la amabilidad, la calidez, la cercanía y la profesionalidad, potenciando la relación cliente-tendero para ser capaces de ilusionarnos e ilusionar. Nada es fácil, todo requiere un esfuerzo, pero si unimos nuestras fuerzas, si como dije al principio, sumamos para unir, estoy seguro de que, entre todos, podremos conseguir que nuestra ciudad se sienta orgullosa del centro, que pasear por sus calles sea un deleite a la vista y al olfato, que entrar en un bar o restaurante nos invite a volver, que traspasar el umbral de cualquiera de nuestros comercios nos transmita confianza porque atendiéndonos está un profesional que sabrá captar nuestras necesidades y ofrecernos lo mejor. Todo se puede conseguir pero empecemos por sentirnos orgullosos de lo que somos, aportemos nuestras ideas, nuestra creatividad y unámonos para conseguir dar calidad al comercio de nuestra ciudad.

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