García Gutiérrez y la música II

0
98

El poeta chiclanero recurrió a la música -como muchos autores de su generación, algunos de ellos muy relevantes-, colaborando con músicos como Emilio Arrieta

En poco más de una semana se clausurá una de nuestras temporales del pasado verano. La dedicada a “García Gutiérrez y la Música”, exposición que quería por igual atender a una de las efemérides culturales del año -la celebración del 250 Aniversario de Beethoven- y a nuestro compromiso permanente con el poeta chiclanero, que nos lleva a organizar una vez al año una exposición monográfica sobre asuntos relaciinados directamente con él o, en general, con el Romanticismo. Algo de ello dijimos a principios de julio en estas páginas centrándonos en cómo la Exposición Permanente mostraba esta conexión entre García Gutiérrez y la música. Hoy, en esta “segunda parte”, hablaremos de cómo señala dicha conexión la actual exposición temporal antes mencionada.

No era fácil para un poeta joven, desconocido y recién llegado a la capital del reino, salir -fama literaria al margen- económicamente adelante, subsistir con cierta dignidad al menos. Por ello no es de extrañar que con frecuencia los autores -”En España escribir es llorar”, que decía Larra justo entonces- recurriesen a fuentes extras de ingresos. Tal fue el caso de, entre otros grandes de su tiempo que hicieron lo mismo, de García Gutiérrez.
Escribió para periódicos y revistas; tradujo obras de autores relevantes de su época como Scribe (“El Vampiro”) o Dumas (“Calígula”), entre otros, o recurrió a la música -como muchos autores de su generación, algunos de ellos muy relevantes-, resultando, de su colaboración con músicos como Emilio Arrieta zarzuelas populares en las que alcanzó nuestro autor también reconocimiento: Los alcaldes de Valladolid, La vuelta del Corsario, La mujer valerosa, El grumete, La espada de Bernardo, Azon Visconti, El robo de las sabinas, Dos coronas, El duende en palacio, Galán de noche, Cegar para ver, El capitán negrero, La taberna de Londres, Jonás Segundo, Un día de Reinado y, una de las más renombradas, La Cacería real.

¡Abajo los Borbones!, se convirtió en himno de la revolución de 1868

En esta última, un labrador da lecciones de patriotismo a un Felipe V, recién llegado al trono y a España. La crítica obvia que los versos anticipaban, de algún modo, la que habría de ser una de sus piezas más populares, aquella que, con música de Arrieta -y con el trasfondo de la Revolución de 1868-, se convirtió prácticamente en himno de su tiempo: ¡Abajo los Borbones!

Mucho más, pues, que la más que sabida -y repetida hasta la saciedad- relación de García Gutiérrez con la música a través de las adaptaciones opéristicas de Verdi de El trovador o de Simón Bocanegra.

La exposición muestra también el libreto de la obra Simón Bocanegra

De todo ello se hace eco esta pequeña pero exquisita muestra en piezas, siempre originales de época, como libretos de ópera y zarzuela, programas de mano, partituras o litografías. Estas piezas se encuentran, para mejor aprovechamiento del visitante, convenientemente glosada en sus correspondientes cartelas.

Así, aparte otras cosas, “García Gutiérrez y la Música” ofrece al público, en ediciones del XIX, las zarzuelas La espada de Bernardo, Dos Coronas o El capitán negrero, o, ya en ópera, el libreto que, inspirado en El trovador de Antonio García Gutiérrez y titulada Il Trovatore, escribió para Verdi el libretista Salvatore Cammarano así como antiguas ediciones de partituras de esta obra. Pero como la relación entre la obra García Gutiérrez y la música de Verdi no acaba aquí, esta exposición temporal muestra también el libreto de otra de las más célebres obra del compositor italiano, Simón Bocanegra, inspirada en la obra omónima que el dramaturgo chiclanero dio a luz en 1843 y que, años más tarde, -con la colaboración de Francesco María Piave, Giuseppe Montanelli y Arrigo Boito-, Verdi estrenara con éxito arrollador.

Libretos de operas y zarzuelas partituras y litografías forman parte de la muestra

Una ocasión única. Aún queda una semana y pico para aprovecharla.
2.- CARTELAS (Paco, estas cartelas habrían de tener, en formato horizontal, 20 x 10 cms)
2.1.- Una pieza singular en la obra de García Gutiérrez en su colaboración con Emilio Arrieta -uno de los músicos más prestigiosos y, a la vez, populares de su tiempo- fue este poema que, ya con música, se convirtió, en boca del pueblo, en una suerte de himno nacional contra los Borbones cuando la Revolución de Septiembre, “La Gloriosa”. Corría 1868 y hasta versión dramatizada, al hilo de los vientos, alcanzó aquel mismo año de la mano de Luis Pacheco, que compuso su drama -en un acto y en verso- Abajo los Borbones. No mucho mucho después, eso sí, publicaba nuestro poeta su Oda a Amadeo I de Saboya, a la sazón rey de España.

El Trovador inspiró a Verdi la creación de una de sus grandes obras operísticas

2.2.- Más citada -acaso por la total vigencia de estas dos óperas en nuestros días y elñ renombre internacional del compositor- es la vinculación de García Gutiérrez con la música de Verdi, y se resuelve con frecuencia, y sin más matices, que Verdi puso música al drama del chiclanero, lo que no es exactamente así. El Trovador (1836) es obviamente la obra teatral que inspira la ópera de Verdi, pero Giussepe Verdi pone música al libreto que Salvatore Cammarano redacta a partir de la trama de la obra original del poeta Chiclanero. ¿Resultado de esta confluencia? Il trovatore.

2.3.- Pero no acaba en Il Trovatore -estrenada en 1853- la vinculación de García Gutiérrez con la obra de Verdi, sino que, años más tarde, prueba de nuevo con nuestro dramaturgo y repite éxito con él. Simón Bocanegra fue -en 1843- el siguiente triunfo arrollador de García Gutiérrez en la escena. Años más tarde -y con la colaboración de Francesco María Piave, Giuseppe Montanelli y Arrigo Boito-, Verdi estrena su versión operística, también titulada Simón Bocanegra, otra de sus grandes creaciones.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here