domingo, mayo 26, 2024
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Las pertinaces sequías

La actual situación de sequía es una más de las que recurrentemente han tenido lugar en Chiclana

José Luis Aragón Panés
La actual sequía –estas últimas lluvias no serán suficientes para acabar con ella– es una más de las que recurrentemente y prolongadas soportamos en España, en Andalucía y en nuestro municipio. Las sequías son, indudablemente, uno de los efectos negativos provocados por el calentamiento global del planeta como consecuencia del cambio antropogénico –intervención del ser humano en el clima y por extensión en la naturaleza–. Es tan evidente para la ciencia, como ciegamente ignorado por los negacionistas, a pesar que la Organización Mundial de Meteorología, organismo dependiente de la ONU, ha advertido que en los próximos cinco años el calentamiento que sufrirá la Tierra alcanzará los 1,5º centígrados.

Históricamente, la primera gran sequía que asoló a España sucedió en el siglo XVIII entre los años 1749 a 1753. De otras muchas aún se desconocen los datos. Solo los cronistas que han indagado en los archivos locales han podido dejar constancias de las sequias producidas en sus pueblos o ciudades. Muchas reseñas de aquellas sequías aún están escondidas entre legajos. En Chiclana, a principios del siglo XVI, cuenta el cronista de la casa ducal de Medina Sidonia que hubo una gran sequía. También a través de las actas capitulares sabemos que hubo una importante sequía en 1738 en la villa chiclanera. Para paliarla se sacaron en rogativas a la Virgen de los Remedios y a Jesús Nazareno del Refugio. Fueron tan decisivas las plegarias, que comenzó a llover el mismo día de la procesión, y así estuvo durante una semana. Desde entonces la Virgen de los Remedios es nuestra patrona.

A principios del siglo XVI las crónicas hablan de una gran sequía en la ciudad

El siglo XIX, tan convulso –una guerra contra el francés, tres guerras civiles, golpes de Estado, derrocamiento de una reina, cambio de dinastía y una república– nos dejó a la luz de la historia pocos datos cuantitativos. No obstante, los existentes, muy significativos, describen grandes miserias y hambrunas en la clase trabajadora que vivía del campo. Por la prensa histórica conocemos su verdadera dimensión humana. Fue la prensa quien acuñó la expresión, “pertinaz sequía”.

La sequía que asoló Andalucía en 1842, o la de 1850 en Aragón y la zona de Levante –Alicante y Murcia– fueron severas. Antes y durante la revolución de La Gloriosa, en 1867 y hasta 1869, el país padeció una gran sequía tanto en zonas urbanas como rurales. En 1878 el Cristo de la Vera Cruz junto a la Virgen de los Remedios volvían a salir en procesión de rogativas, además de un quinario para que lloviese celebrado en la parroquia Mayor parroquial de San Juan Bautista. La sequía reapareció en 1882 y continuaría durante todo el siguiente año.

El cambio de siglo no fue nada halagüeño. En marzo de 1903, en los campos de Chiclana, como en otros de la provincia, las faenas del campo se paralizaron a causa de la sequía. También en 1907 hubo otra sequía que trajo hambre en las familias de jornaleros y braceros. En 1920, antes de la dictadura de Primo de Rivera la sequía destrozó las cosechas. Con razón el general emprendió una política de embalses y pantanos –apenas existían 100–. Uno de los primeros en su tierra, en Jerez de la Frontera, inaugurado por el rey Alfonso XIII dos años después.

En ocasiones se ha sacado en rogativas a la Virgen de los Remedios

En 1930 retornaba la escasez de lluvia en la península con todos los problemas añadidos en el campo y sus gentes. La República, proyectó un Plan Nacional de Obras Hidráulicas, y en 1933 construyó el mayor pantano de Europa de aquella época, pero la República también padeció su sequía en 1934, sobre todo en Andalucía y Extremadura.
Entre 1943-1946, nuestros padres y abuelos sufrieron una de la peores del siglo XIX. Así lo confirman los datos históricos de la Agencia Estatal de Meteorología. Tanto fue, que se hizo popular lo de “la pertinaz sequía”. Algunas centrales hidroeléctricas pararon por falta de fluido. Se secaron muchos ríos. Como ejemplo paradigmático, se dice que el río Ebro –el más caudaloso de España– casi quedó sin caudal. El Manzanares perdió el suyo totalmente.

La dictadura franquista siguió el plan hidráulico republicano construyendo otros embalses mayores, y aún así llegarían las recurrentes sequías. El tiempo meteorológico provocó casi tres sequías por década desde 1943 hasta 1974. Las precipitaciones oscilaron entre 251.243 en el año más seco [1954] y 444.475 millones de metros cúbicos, el más lluvioso [1963]. Con la emigración de la población a las grandes ciudades surgió el problema de las restricciones de agua para el consumo humano. La llegada de la democracia nos trajo, entre 1979 y 1983, la sequía más prolongada, aunque no en intensidad. Hasta que llegó la de 1991 a 1995. La mayor y muy recordaba por las restricciones para el consumo de agua entre la población; también en los regadíos. La penúltima, 2017 –el año más seco desde 1965– provocó importantes restricciones de agua en Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha y Cataluña. Y ahora nos queda superar esta.

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