El monarca rubricó con su firma hace 150 años el documento que concedía el título de Ciudad a Chiclana
En este año de la conmemoración del 150 aniversario de la concesión del título de Ciudad a nuestra Chiclana, no podíamos dejar de traer a estas páginas la figura del monarca que rubricó con su firma tan honorífico título: Alfonso XII. Fue hijo de la reina Isabel II de Borbón y su esposo Francisco de Asís de Borbón –aunque la rumorología de la época atribuye la paternidad a un capitán de ingenieros, Enrique Puigmoltó Mayans–. Por acabar con la Tercera Guerra Carlista (1876) y la insurrección en Cuba (1878) fue apodado el «Rey pacificador» y el «Rey libertador». Su perfil humano le retrata como un hombre sincero, simpático, cariñoso, empático… que atraía las simpatías de cuantos le trataron y, por supuesto, del pueblo llano en general. Sin embargo, la sinrazón del pistolerismo terrorista de la época, quiso acabar con su persona: sufrió dos atentados de los que, afortunadamente, salió ileso.
Alfonso XII fue apodado el «Rey pacificador» y el «Rey libertador»
El primero de ellos, en 1878, el mismo año en que enviudó de la reina Mercedes. Pasados los primeros meses de tristeza, el gobierno de Cánovas le programó un viaje oficial por las provincias del noroeste de España finalizando en Valladolid. De allí partió sin detenerse, directamente, hacia Madrid donde llegó el 25 de octubre, siendo recibido con muestras d cariño por el pueblo madrileño. A la altura del número 93 de la calle Mayor de Madrid cuando se dirigía al Palacio Real, Juan Oliva Moncasí, le disparó dos tiros. La noticia llegó a Chiclana al día siguiente, convocando el alcalde Félix Martínez a la Corporación municipal para dar a conocer el telegrama recibido del gobernador civil de la provincia con los pormenores del suceso:«El Excmo. Sr. Presidente del Consejo de Ministros en telegrama recibido esta madrugada dice lo siguiente: “Después de un viaje verdaderamente triunfal por las provincias, el Rey ha regresado a Madrid donde ha sido recibido con las mayores muestras de adhesión y entusiasmo. Cerca de la plaza de la Villa un individuo confundido con la multitud ha disparado un tiro de pistola sobre el Rey afortunadamente sin efecto alguno. S.M. que vio el fogonazo acortó el paso de su caballo y continuó tranquilamente a Palacio. El capitán General de Madrid que se encontraba al lado de donde salió el disparo detuvo al agresor que fue inmediatamente señalado por las personas que lo rodeaban contribuyeron a la detención. En aquel momento resonó un viva de las personas inmediatas al suceso que paso por los demás inadvertido hasta algunos instantes después para el resto de la población. La indignación es universal. El autor es de oficio tonelero ha confesado sin reboso su delito declarando que es socialista internacionalista y que hace cuatro días vino expresamente de Tarragona para cometerlo». El Cabildo, tras la lectura del despacho telegráfico, oyó con «inequívocas muestras del más vivo interés y de satisfacción al reconocer que el Todopoderoso había salvado una vez más la vida del Rey».
Cánovas envió un telegrama agradeciendo el papel de Chiclana
Desde París, su madre, la reina Isabel II, envió un telegrama al Rey, el cual publicaron los periódicos franceses y españoles: «S.M. la Reina Isabel II á S.M. el Rey Alfonso XII: Mi amado hijo: en el momento de recibir tu telegrama, que creí sería un recuerdo a que iba á contestar llena de satisfacción, recibo un despacho del embajador, que me da á conocer el inocuo atentado de que has sido objeto, y del que Dios y la Virgen te han protegido. Así se hizo conmigo, cuando débil mujer, no podía hacer lo que tú debes hacer por el trono, el país y las instituciones.
Doy gracias á Dios mil veces, querido hijo, y cree que tu Madre piensa siempre en ti. Te abrazo con todo mi corazón.»
El día 7 de noviembre, se recibió un telegrama del presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas, dando contestación al enviado por el Consejo municipal. El político andaluz daba las gracias en nombre del monarca al Ayuntamiento, a los funcionarios y al pueblo de Chiclana. El atentado y las circunstancias personales de la viudedad no hicieron sino aumentar su carisma y popularidad. A todo esto, cada vez que salía el rey de palacio, era vitoreado por los madrileños, bajando en ocasiones del carruaje real recibiendo saludos y ramos de flores.
Durante el proceso del juicio se intentó vincular el atentado con la Internacional, existiendo lagunas para demostrar que no existía tal vinculación ni a ningún partido político. El abogado defensor denunció trabas e impedimentos, escaso tiempo, falta de documentación y contradicciones entre los testigos; no fueron atendidas ninguna de sus demandas y renunció a su defensa. Alfonso XII quiso perdonar al frustrado regicida, pero Cánovas insistió en que era necesario mostrar dureza con este tipo de actos terroristas y el reo fue condenado a muerte y ejecutado por garrote vil el 4 de enero de 1879.

