El Museo de Chiclana está inmerso en varias actuaciones para mejorar sus instalaciones
Artículo: Jesús Romero
No es la primera vez que hablo en estas páginas del collar y del perro, de ambos. Son ya varios años escribiendo del Museo. De él, desde él, al hilo de él, incluso tangencialmente sobre él. Aunque es un museo modesto, da para mucho y para más. Pero hoy -al menos, aparentemente- vamos a repetir porque a veces repetir es necesario.
Hemos expresado aquí reiteradamente una queja: que la parte del león -el presupuestario, claro, que león si no- de muchos museos o instalaciones culturales que más o menos se le parecen se la lleven dichas instalaciones, el edificio mismo cuya existencia de continente -afortunado o desafortunado, que de todo hay- debiera justificar el contenido, un contenido no siempre apreciado -cuando no despreciado- y, a veces, incluso inexistente.
Pero no es este el asunto hoy, pues ya lo vimos en su día, y hay museos que han surgido de la voluntad misma de museo, posibilitando -incluso empujando a tal fin- la existencia, a posterori, de un contenido -el que habría/habrá de justificarlo- apenas antes existente más allá del relato que tendrá de acogerlo y subrayarlo. A veces, ilustración las piezas de este relato. También así vale. Todo esto, sin olvidar que gracias a asignar nuevas funciones a viejos edificios éstos prolongan su vida. Que no es poco.
Una manera de cuidar las piezas en un museo es la iluminación
Pues bien, a vueltas con el collar, pues andamos de obra. De obra obra, quiero decir. Albañilería, iluminación, etc. Esas cosas que causan tanto engorro mientras tanto y que, si bien rematadas, a toro pasado alegran. Necesidades, en fin, del continente. O más que sólo esto. Porque alguna que otra vez ocurre que el collar es perro también. Pongamos dos ejemplos.
Aunque sea más que él -aunque sea otra cosa que él-, también del edificio decimos museo. ¿Pero es sólo continente el edificio? A veces sí, a veces no, que cantaba el otro.
Respecto del contenido que lo habita, el Museo de Chiclana es continente. Pero salgamos del edificio. Y vista así, desde fuera, su fachadas, ya nos parece otra cosa. Más aún: volemos. Sobrevolemos la ciudad y veámosla en su conjunto. Igual el Museo, dentro de ella, es pieza a exhibir y pieza también a cuidar, porque un museo no sólo muestra. No nos ha legado el pasado -por razones varias- demasiados edificios singulares. De cuando en cuando toca cuidarlos. Una manera de cuidar las piezas en un museo es la iluminación misma. Cómo incide, y no es sólo cuestión estética -que también-, la luz sobre las piezas, por ejemplo. Si la llamada Casa Briones es una pieza de primer orden en la ciudad, igual requiere una iluminación que como tal la subraye. Hasta hace no mucho, la noche la engullía, la volvía prácticamente invisible para el viandante. Y desde hace más bien poco, un reflector iluminaba su fachada con un golpe de luz -casi un puñetazo en la cara- que indicaba su presencia a la vez que aplanaba sus volúmenes y disolvía sus líneas. Mejor que nada, claro. Pero si se puede mejorar… Ahora se trata de realzar, con la luz adecuada -potencias varias, gama de fríos y cálidos, ángulos idóneos-, la pieza excepcional que dentro del casco histórico es el la fachada del Museo. Es lo que dentro de las salas intentamos, en la medida de nuestras posibilidades, hacer con las piezas.
Mejoras lumínicas en la Sala 1 de Exposiciones Temporales
De cómo la incidencia de la luz decide la comprensión de aquello que se muestra hemos tenido buena muestra, a través de su penumbra a voluntad, en la reciente exposición “Homo homini”. Pues he aquí el segundo ejemplo de las actuaciones de mejora que se están llevando a cabo en el Museo, en concreto en la Sala 1 de Exposiciones Temporales. Se trata de una intervención en el edificio, en la luz artificial del mismo, sí, pero una intervención que afectará directamente al contenido, que se hará una con él, pieza así la luz también. Perro que podríamos decir. Collar y perro como aquel sobrero que a Lorca dolía.
Se están llevando, además, otras actuaciones. Ya iremos diciendo.

