sábado, marzo 14, 2026
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Pedro Barrantes Maldonado, cronista de la Casa Ducal de Medina

Durante la Edad Media se escribieron varias obras bajo el título de «Crónicas»

En un tiempo de cabalgadas de guerras entre castellanos y andalusíes durante la Edad Media, un periodo convulso de nuestra historia común, se escribieron numerosas obras bajo el título de «Crónicas». Su intención no era otra que la de perpetuar o dejar constancia de los hechos acaecidos en los reinos cristianos, especialmente de Castilla, León, Aragón y Navarra y de sus reyes y señores feudales. Así surgió, en el siglo XV, el oficio de cronista; algo parecido un secretario real asimilado al binomio armas y letras, es decir, a soldado-escritor –aunque también sobresalieron eclesiásticos–. El cronista fue alguien capaz, no solo de construir la historia oficial en loor de su monarca o señor y contar sus gestas y conquistas, sino de dar contenido político-religioso al discurso de la formación de los pequeños estados feudadles y reinos, para su posterior unificación.

A veces era el propio rey quien asumía el papel de cronista-historiador; quien dictaba a un escribano su actuación. Posteriormente se pasó de las crónicas reales a las del reino, construyendo una «crónica general». Sin embargo, el cronista también se entregaba a la verdad histórica convencido que –desde la imparcialidad– lo escrito sentaba las bases de «la historia general del reino».

En las crónicas de los estados de la casa ducal de Medina Sidonia, aparecen dos importantes cronistas, Pedro de Medina (1493-1867) y Pedro Barrantes Maldonado (1510-1579). Ambos, escribirán sobre Chiclana, porque ambos son los artífices de la historia de los Guzmanes. Hablemos del segundo, de su biografía.

Barrantes nació en Alcántara del Tajo, de la unión matrimonial entre Alonso Barrantes Campofrío y María –o Mariana– de Sanabria, quien con anterioridad había estado casada con Alonso Garabito, de cuya unión nació Pedro Garabito, más conocido por San Pedro de Alcántara. Se crio como paje en la corte castellana al servicio de Francisco de Sotomayor, Zúñiga y Guzmán, duque de Béjar, empuñando las armas siendo muy joven. En 1532 partió a la guerra de Hungría, cruzando Francia, Flandes y Alemania, «sin perderse ninguno de los hechos de armas que asolaban por aquellos años a Europa, sobre todo la amenaza constante que suponía el imperio entonces gobernado por el gran turco Solimán». La participación en estos hechos de guerra y las experiencias adquiridas en sus viajes, le proporcionaron un bagaje cultural extraordinario, conociendo y aprendido diversas lenguas y leyendo, gracias a ellas, libros y manuscritos. A su vuelta a España (1537), se traslada a Valladolid, donde residía entonces la corte real y el emperador Carlos V. Allí casa ese mismo año, por poderes, con María Escolástica de Pareja –natural de Alburquerque– origen noble.

No mantuvo mucho tiempo su residencia en la capital, pues tres años más tarde, Juan Alonso Pérez de Guzmán y Zúñiga, sexto duque de Medina Sidonia y conde de Niebla, le contrata como cronista de su casa ducal y linaje. Se traslada a Sanlúcar de Barrameda, donde inicia su labor de historiar la casa de Niebla. Labor que compaginará ese mismo año, con el ejercicio de las armas en ayuda de su señor ante el cerco de Gibraltar. Finalizada la campaña en el sur de la provincia, en 1543, como fiel e importante servidor, acompañó al duque hasta la frontera lusa, donde recibieron a la princesa María de Portugal, que se convertiría en la primera mujer de Felipe II. Un año más tarde, decide dejar la compañía del duque para retirarse a la ciudad de su esposa y comenzar a escribir una gran parte de su obra.

Su vida familiar transcurre tranquila mientras crece su prole. El matrimonio tendrá cuatro hijos: una hija, la mayor, y otros tres hijos más que tomaron, igual que su padre, el oficio de las armas. El más joven tomará parte en el asalto de la Goleta, en Túnez. Al morir su esposa en 1570, vivió entre Alcántara y Alburquerque aumentando sus propiedades rústicas y urbanas. Falleció cinco años después, dejando una importante herencia entre sus hijos y nietos.

En Alburquerque, además de escribir, se comprometió con la villa y sus habitantes. En 1563 solicita al rey la exención del impuesto de alcabalas de la villa, y lo consigue dada su reputación en la corte. Viaja por España, fundamentalmente, por las ciudades más importantes. También en 1570 pide la concesión para él de un regimiento en Alcántara del Tajo, su ciudad natal.

Sobre su obra, extensa para aquella época, nos cuenta Pascual de Gayangos: «Como de buena parte de los escritores del siglo XVI, e incluso de muchos del XVII, lo que nos sorprende de Barrantes es la enorme actividad que desplegó durante su vida, pues a su actividad militar, hay que añadirle su labor como escritor, que no fue poca».
Entre todas destacan: «Ilustraciones de la Casa de Niebla», «Discurso de los Condes de Flandes»y «Diálogo entre Pedro Maldonado y un caballero estrangero» magnífica edición de la Editorial Renacimiento que aparece en la foto.

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