Antonio Pizano Carrión fue uno de los personajes más importantes de Chiclana durante el siglo XIX
Uno de los personajes más importantes de Chiclana durante el primer tercio del siglo XIX fue Antonio Pizano Carrión. De padre genovés y madre gaditana, nació en nuestra localidad el 15 de enero de 1756. De su niñez y juventud sabemos poco, aunque por sus méritos, se deduce que debió recibir una educación y conocimientos propios de la Ilustración.
Gracias a sus virtudes, en el año 1799, fue elegido por el Consejo de Justicia y Regimiento de Chiclana, miembro de la junta presidida por el marqués del Socorro para la construcción de un canal en el río de la villa. Posteriormente, en el año 1812, tras la salida de las tropas de Napoleón de Chiclana, presidió la Junta de Obras para terminar la nueva Iglesia Mayor, contando con la inestimable ayuda de su amigo el conde Maule, asiduo benefactor de nuestra localidad. Ambos fueron los principales mecenas que pusieron en valor tan importante templo, pudiéndose inaugurar el día 24 de junio del año 1814.
Antonio Pizano Carrión nació en Chiclana el 15 de enero de 1756
Pizano ocupó varios cargos distinguidos en nuestra población y en la capital, entre ellos, el de tesorero de la Barca del Zurraque, mayordomo de las hermandades de Humildad y Paciencia en San Telmo y Ánimas en la Iglesia Mayor y también, durante un breve tiempo, consiliario de la Escuela de Nobles Artes de Cádiz, siendo presidente el conde Maule.
Junto con su hermano Diego Felipe constituyó una sociedad mercantil con sede en Cádiz dedicada a la importación y exportación de productos entre América y Europa. Esta empresa obtuvo buenos beneficios, gracias a los cuales, Antonio pudo adquirir varias fincas urbanas y rústicas en Chiclana. De entre todas ellas, destaca la que empleó como casa principal, situada en la calle de la Vega, muy cercana al río, donde vivió más de treinta años hasta su muerte acaecida el día 21 de abril de 1833.
El edificio alberga actualmente la biblioteca municipal y, aunque ha tenido diversas remodelaciones, conserva su magnífico patio de columnas y la fachada, sin que existan alteraciones considerables.
En 1812 presidió la Junta de Obras para terminar la nueva Iglesia Mayor
La documentación que aportamos se halla en los protocolos notariales de Chiclana número 440, conservados en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz y en los legajos del archivo parroquial de la Iglesia Mayor correspondientes a las denominadas “Isletas”, concretamente la número 43, donde se detallan las casas que han existido en su solar desde el año 1601 -que era una choza-, hasta el actual edificio concluido en el año 1746. En dichos documentos aparecen los dos tributos con los que estaban grabadas las casas, correspondientes a Simón de Sopranis y a la capellanía fundada por el presbítero Pedro Gómez de la Cida.
Las escrituras de compra se firmaron ante el notario Antonio Gil Ceballos, el día 29 de abril del año 1797. En ella, Antonio Pizano adquiría la propiedad de dos casas contiguas cercanas al río que habían pertenecido a María Amelina Ayraldo, vecina de Cádiz, por el precio de 90.000 reales de vellón, que en nombre del Sr. Pizano, al momento de la firma, entregó José Serrano Sánchez, vecino del comercio de Cádiz y residente en Chiclana.
María Amelina, previamente, había otorgado un poder especial a favor de José Feduche y Sánchez, conde de las Cinco Torres, para que en su nombre, la representase en dicho acto.
Dicho poder dice, entre otras cosas, lo siguiente:
“Dos casas contiguas de mi propiedad, situadas en la referida Villa de Chiclana, en la calle que nombran De la Vega, que sale a la ribera del río, y lindan por la parte del Vendaval, con casas que fueron de D. Antonio Avecilla Campanero, que actualmente pertenecen a D. Bernardo Lasaleta, por el Poniente con otras que corresponden al mismo, y fueron de D. Agustín Gallardo, y con otras de los herederos de este; por el Norte con casas del Marqués de Carballo; y por el Levante es la mencionada calle de la Vega, donde tienen sus respectivas puertas dichas casas contiguas, que siendo una sola principal cuando la adquirí por compra hice después dos […].”
Las escrituras de compra se firmaron el día 29 de abril del año 1797
La casa contigua que aparece en los escritos es donde hasta hace poco tiempo estuvo situada la “Papelería El Trovador”.
Continúa el texto advirtiendo de los dos tributos redimibles a las que están afectadas dichas casas, que son:
“uno de mil trescientos cincuenta y ocho reales y veintiocho maravedís de vellón y por ellos cuarenta y veintiséis maravedís de renta anual correspondiente a los herederos de D. Simón de Sopranis, y el otro de ciento treinta y tres reales y once maravedís de la propia especie y por ellos cuatro reales de rédito al año perteneciente a la capellanía que fundó el presbítero D. Pedro Gómez de la Cida.”
El memorial contenido en las escrituras explica que la señora María Amelina adquirió la casa el día 9 de octubre de 1779 en pública subasta de los bienes de Alonso de Herrera, tesorero que fue de los Reales Derechos de Caudales de Indias.
Más adelante añade que, en el año 1746, la casa pertenecía a Antonio Buteler, quien la había comprado a Margarita López Peña, viuda de Francisco Ylianiz de Vargas, comisario provincial que fue de marina.
Ese mismo año, el día 28 de julio, ante el notario público de la ciudad de Cádiz, José A. Camacho, el Sr. Buteler traspasó la casa a Gabriel Alonso de Herrera.
Aunque ha tenido remodelaciones, todavía conserva el patio y la fachada
Continúa diciendo que, Margarita López Peña había adquirido la finca el 24 de marzo del año 1737 en estado ruinoso, por lo que procedió a su derribo para, posteriormente, comenzar a construir en el solar una casa principal que, por la falta de medios, dejó a medio hacer y sin acabar los techos. Tuvieron que ser Antonio Buteler o Gabriel Alonso de Herrera quienes terminaron la construcción a partir del año 1746.
En el año 1799, Pizano, con el pensamiento de ampliar su jardín, adquirió la casa de los herederos de Bernardo Lassalletta que lindaba con las suyas por la parte de poniente, las cuales, originalmente, según consta en las escrituras, fueron de Nicolás Agustín Gallardo y tenían su puerta principal por la ribera del río, hoy la Alameda. El contrato incluía, además, una suerte de viñas en el pago de “Mira la Mar” y media suerte en el sitio de “Los Llanos”, fijándose todo en 27.000 reales de vellón.
El 21 de enero de 1822, nuestro prócer solicitó al Ayuntamiento licencia para hacer un albañal (cañería) en la calle de la Vega, desde la fachada de su casa hacia el río. Una vez examinado el sitio por los alarifes, se le concedió con la condición de hacerla cubierta para no perjudicar a los vecinos.
Después de la muerte de Antonio Pizano, las casas fueron adquiridas por Domingo Pérez Ausotegui, quien, en el año 1841, tuvo que reparar las roturas del citado albañal, según aparece en las actas capitulares de Chiclana.
Años después, la casa ha tenido diversos usos, todos ellos significativos, como podemos leer en el libro “Calles y plazas de Chiclana de la Frontera (Nomenclatura histórica desde 1700)”, de los autores Manuel Meléndez Butrón y Fco. Javier Yeste Sigüenza.
Sobre la lápida situada en la parte superior del vestíbulo de la casa, en el dintel de la puerta de entrada, habría que plantearse la posibilidad de que pudiera proceder de una obra tan relevante como efímera, terminada en el año 1738, e inaugurada un año después. Intentaremos, a continuación, explicar el posible motivo de la ubicación de esta lápida.
A lo largo de la historia la casa ha tenido diversos usos significativos
En el año 1736, estaba casi concluida una de las obras públicas más importantes realizadas en Chiclana: el primer puente de piedras sobre el río. La obra debía llevar el escudo de armas del duque de Medina Sidonia, el escudo de la villa y una lápida con los nombres del corregidor y diputados en cuyo tiempo se había hecho. El corregidor de entonces era Tomás de Sierra Chirinos, pero este fue sustituido ese año por Alonso Valdés y Saavedra, que es quien finalmente aparece en la placa junto con los diputados.
El día 10 de enero de 1740, una gran riada derribó el gran puente de tres arcos, cayendo sus piedras al cauce del río, quedando en parte cegado. Pasados seis años, el Ayuntamiento designó a Juan Ignacio Piñeiro para que sacase los sillares del lecho del río y limpiase el cauce. A cambio, Piñeiro se quedaba con todos los materiales y ornatos extraídos del puente arruinado, pudiéndolos vender para la construcción de casas y muelles en el río.
Curiosamente, esta fecha coincide con la construcción del edificio que nos atañe, iniciado por Margarita López Peña en 1737, pero finalizado en 1746, después de haber quedado inconcluso unos años por falta de liquidez. Asimismo, también es significativo el sitio donde está colocada la inscripción, solo visible desde dentro del inmueble, algo totalmente inusual.
Es un destino muy noble que la casa que un día fue de nuestro ilustre paisano Antonio Pizano albergue hoy la Biblioteca Municipal. Cabe recordar que, durante algún tiempo, la confluencia de la calle de la Vega con la calle de la Fuente, justo delante de este inmueble, se denominó plazuela de Pizano. Sería bello, de igual modo, que los sillares que levantaron el primer puente de piedra de la villa fueran los empleados para levantar uno de los edificios con más historia de la ciudad de Chiclana, haciéndonoslo recordar con esa lápida conmemorativa cada vez que salimos de la biblioteca.

