Durante el siglo XIX, Chiclana contó con numerosos establecimientos para albergar a los forasteros
De entre todos los medios o formas de hospedaje la más famosa, la que más ha permanecido a lo largo de la historia, es la fonda. El diccionario de la Real Academia de la Lengua nos dice que es un «establecimiento público, de categoría inferior a la del hotel, o de tipo más antiguo, donde se da hospedaje y se sirven comidas». Etimológicamente viene del francés «fonda», pero esta deriva del árabe antiguo «funduq»; lugares de paso y reunión. Clásico es ya el dicho: «Parada y fonda». Hoy las fondas se mantienen como un «survivals» antropológico, como símbolo de tradición, pero con modernidad en sus instalaciones, y siempre alrededor de un entorno histórico.
Ahora que cumplimos 150 años del honorífico título de ciudad, es tiempo de recordar aquellas fondas que existieron en Chiclana en el último tercio del siglo XIX, además de contar con un buen número de casas particulares o reputadas casas de huéspedes para albergar a los forasteros que venían a tomar los baños minero-medicinales de Brake y Fuente Amarga.
Una de las más famosas era la Fonda de París, ubicada en la calle Mendizábal
El corresponsal del periódico «El Comercio», en 1876, en su crónica relativa a la temporada de baños en Chiclana, reseñaba: «Se presenta y promete este año ser muy concurrida y animada, siendo bastante crecido el número de bañistas que en la actualidad se hallan haciendo uso de sus acreditadas aguas, á pesar de lo desapacible y variable que ha estado la temperatura todo el mes anterior y que hizo suspender o aplazar el viage á otras muchas familias que tienen encargadas habitaciones». Y añadía: «En la Fonda de París se presta este año un esmerado y económico servicio, quedando satisfechos muchos huéspedes que en la misma se han alojado, así como en otras casas acreditadas de pupilos en la población, y además se preparan durante las temporadas distracciones para el recreo».
La famosa fonda era la única de lujo –de hecho era un hotel, el primero construido en este periodo en la población– se encontraba en la calle Mendizábal. La publicidad que se hacía para captar potenciables clientes no desmerecía a la de una gran ciudad, además de los artículos breves. Uno de ellos un año después señalaba: «La circunstancia de haberse instalado por la conocida casa de Fallola un buen hotel llamado de París, de que antes se carecía en la ciudad y en el que se presta á los bañistas que lo frecuentan un esmerado y económico servicio, siendo al propio tiempo el centro de reunión de la sociedad más escogida, es un aliciente que atrae muchas personas que antes se privaban de visitar á Chiclana, por carecerse de un establecimiento de esta clase, que preferían á las casas de huéspedes, á pesar de que en ellas se presta un regular servicio (…) Próximamente se reanudarán las reuniones de confianza en la fonda, que tan favorecidas fueron en la primera temporada y se disponen algunas giras de campo, como en el año anterior».
A partir de 1886 destacó la Fonda de los Baños, en la calle García Gutiérrez
La llamada «Fonda de los baños», una vez desaparecida la de París, se convertía en la nueva referencia de los bañistas a partir de 1886. Situada en la calle García Gutiérrez número 9 –junto al palacete del conde de las Cinco Torres–, era un «establecimiento sumamente acreditado», según lo describía el corresponsal de «El Guadalete», «del cual hemos oído hacer grandes elogios á familias que lo han utilizado. Refiriéndonos á ella, podemos asegurar que la casa es espaciosa, fresca y muy llena de comodidades; habitaciones amplias, ventiladas y con buenas vistas y más que todo un servicio esmerado, abundante y exquisito, contribuyendo mucho á tan excelentes condiciones la amabilidad y especial carácter de su dueño D. Antonio Cabeza de Vaca y de su familia, quienes tienen especial cuidado en que los camareros y criados asistan á sus parroquianos con la mayor distinción y prontitud. Por todas estas razones nos creemos en el deber de aconsejar á nuestros lectores que utilicen tan buen hospedaje, siempre que tengan que visitar la pintoresca e histórica villa de Chiclana».
La Fonda de Carpio fue otro de los establecimientos más renombrados
La tercera fonda, en competencia con la anterior en confort y popularidad, pertenecía a Miguel Carpio –que fue concejal del Ayuntamiento–. «El Guadalete» le dedicaba, ese mismo año de 1886, una breve reseña: «A las muchas familias que van á tomar los baños de Chiclana, les recomendamos la magnífica fonda llamada del “Comercio” situada en la calle Risso número 8, esquina á la Plaza de Jesús Nazareno [en un edifico noble construido en 1767, hoy número 20]. El dueño, ha mejorado notablemente este año su casa, poniéndola en las mejores condiciones para que en ella encuentren todos los bañistas cuantas comodidades puedan desear».
También debemos reseñar, finalizando el siglo XIX, la fonda de «Custodio», un antiguo establecimiento hospedero que se reabría en la plaza de España –actual edificio de Chiclana Natural– restaurada por su nuevo propietario José Custodio González que, además, era administrador de consumos del Ayuntamiento.

