domingo, marzo 15, 2026
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Humildad y Paciencia… y San Telmo

El Museo dedica una exposición al Cristo de Humildad y Paciencia

Humilitas. De humus. Que significa tierra. La misma raíz -y certero vocablo aquí- de homo. El hombre es que procede de la tierra. Una hechura de barro más o menos. La misma intuición presente también en la cultura hebrea que, llamando a la tierra adamah, pone por nombre al hombre Adán. O sea. El que procede de la tierra, su vientre primero y su fosa última. Por un lado y otro -el legado clásico grecolatino y la tradición judeocristiana que sustentan nuestra cultura- nos llega hasta nosotros esa concepción del ser humano. De humus. Tierra.

Y hay momentos, que de manera especial nos plantan, sin velos que amortigüen el golpe, delante del espejo. Y recobramos, si perdida, la conciencia de nuestra consistencia, de nuestra frágil consistencia, pues da para muchos miércoles de ceniza la vida. Toques de atención que desembocan en la humillación o en el ejercicio de la humildad.

Así que, teniendo al cristo de la Humildad y Paciencia -nuestro popular Señor de la Piedra- por protagonista, hemos querido vincular esta conmemoración del trescientos veinticinco años de su excelente talla a la tierra, a nuestra tierra chiclanera, de manera muy especial. Así, la exposición que con el título “Y habitó entre nosotros” le dedica ahora el Museo ha querido subrayar, a modo de guiño por aquello de la humilitas, la vinculación la historia de esta talla con la historia nuestra tierra. Vinculación que ha querido expresar el primer tramo de esta nueva Exposición Temporal, exposición que entra dentro del programa expositivo “contextos del Museo de Chiclana”.

La muestra está abierta al público hasta el 20 de noviembre

Hubo un tiempo en que, para nosotros, más allá de la costa, había solamente mar, la mar océana. Tras el descubrimiento -por nuestra parte- de América, la cosa cambió por completo al comenzar, aparte otras aventuras de muy diversa índole, el comercio ultramarino. Si en un principio tuvo la exclusiva de dicho comercio el puerto fluvial de Sevilla, con el paso de los años -y por razones diversas- esta exclusividad pasó al puerto marítimo de Cádiz, puerto desde el que, aun permaneciendo la Casa de Contratación en Sevilla hasta 1717, operaba ya la cabecera de flota desde 1680. Desde entonces y hasta ya entrado el siglo XIX -o sea, mientras mantiene Cádiz la exclusividad del comercio ultramarino, de lo que Chiclana se va a beneficiar-, se creará gran parte de nuestro más antiguo patrimonio artístico, incluyendo también en éste nuestros edificios más notables, tanto civiles como religiosos.

La muestra recoge la historia de la hermandad de Humildad y Paciencia

En 1697, hasta la rivera del Iro -en lo que hoy conocemos como “Alameda del Río”, en la que había un astillero-, llegaban las embarcaciones maltrechas para su reparación, lo que hizo de este lugar, enclave propicio para el encuentro entre personas que trabajaban en el mar. Así, durante la Edad Moderna, un gran número de mareantes, mercaderes y comerciantes, se asentaron en Chiclana, dada la ubicación estratégica de ésta entre el mar y la campiña. La comunicación entre Cádiz y Chiclana discurría entonces principalmente por vías marítimas. “Los barcos y otras pequeñas embarcaciones llegaban a Chiclana recorriendo los caños y el río Iro, que en la antigüedad era navegable hasta la actual zona de la Alameda del Río”, donde su ubicaba el embarcadero de la villa.

Los mareantes de la época que paraban aquí decidieron, probablemente a comienzos del siglo XVI, unirse en cofradía -que, más allá de lo estrictamente laboral, tantas lagunas salvaba con su labor asistencial-. No es de extrañar que marinos mercantes y comerciantes de Chiclana o vinculados a ésta decidieran alzar una pequeña ermita en las inmediaciones del embarcadero de la localidad para venerar a San Telmo, patrón de los mareantes, e invocar su protección. Esta asociación gremial, “que se inició dando culto al mencionado santo -al que tanta devoción se tenía en las poblaciones costeras atlánticas de Andalucía, Galicia y las Islas Canarias-”, ya en el siglo XVII comenzó a desarrollar cultos penitenciales en torno a dos nuevos titulares: Nuestra Señora de las Angustias y Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia.

Esta vinculación entre el Cristo de la Humildad y Paciencia y San Telmo perdura todavía hoy en el templo que lleva el nombre de este santo que remite a aquel comercio ultramarino.

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