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El padre Añeto, la condesa de Rio Molinos y la estancia del padre Mortara en Chiclana

La figura del padre Añeto aparece ligada a la condesa de Ríos Molino y el padre Mortara

En abril de 1883, la prensa provincial y nacional recogía dos noticias curiosas relativos a nuestra ciudad. Ambas estaban relacionadas con el ámbito religioso y las dos tenían, como nexo común, al padre Añeto. El periódico «El Guadalete» publicaba la primera, el 18 de abril: «El próximo pasado domingo falleció en la villa de Chiclana la señora condesa de Río Molinos, persona muy conocida en los altos círculos de la sociedad gaditana, después de hacer abjurado de la secta anglicana é ingresado en el catolicismo».

El padre Manuel Añeto Guijarro, arcipreste de la ciudad, a pesar de que la condesa no era católica y que desde pequeña sostuvo dudas sobre nuestra religión católica, no había dejado de visitarla como dama benefactora de la ciudad, surgiendo una amistad hasta el extremo que, en sus últimas horas de vida, la moribunda solicitó la presencia del padre Añeto en su lecho de muerte. Acudió el reverendo a consolarla espiritualmente y escuchar de sus labios «el deseo de morir en el seno de la Iglesia Católica Romana». El arcipreste mandó «venir dos testigos, para que en su día certificasen de la espontaneidad absoluta con que obraba la enferma, preguntándola ante ellos, y manifestándola que “de ninguna manera lo hiciera por compromiso humano ni por dar gusto á cierta persona de su familia que se lo suplicaban sino solo por convencimiento y por salvar su alma”. La señora condesa ratificó su primer deseo y le pidió le administrarse los Santos Sacramentos.» Así lo hizo, administrándole los del bautismo, penitencia, eucaristía y extremaunción. «Poco después de recibidos los Sacramentos, y ausente el Sr. Arcipreste, al preguntarle el notario ante quien hizo sus últimas disposiciones, á qué religión pertenencia», respondió: «Desde ahora a la Católica, Apostólica, Romana».

El padre Añeto fue Arcipreste de Chiclana entre los años 1879 y 1886

El 24 de abril, tal día como hoy, aparecía la segunda noticia en el periódico «El Liberal»: una nota inserta sobre la estancia del padre Pío María Mortara Leví (1851-1940) en el convento de san Telmo. Su historia es un caso singular que ocurrió en Bolonia (Italia) durante el pontificado de Pio IX, «Pío Nono». El niño, nacido en una familia judía, fue bautizado por una criada católica cuando un día lo halló gravemente enfermo estando a punto de fallecer. Durante años se mantuvo el hecho en secreto, pero enterado del suceso «Pío Nono», mandó investigar el caso al prelado de la Inquisición, ordenando su custodia bajo el argumento de que un niño católico no podía criarse en el seno de una familia hebrea. Y por mucho que luchó su familia para conseguir la custodia del hijo, los tribunales no les dieron la razón a los padres. Es necesario recordar que en aquellos años la ciudad de Bolonia pertenecía a los entonces Estados Pontificios cuyo jefe de Estado era el propio papa.

Decía «El Liberal»: «Pues bien; el niño judío, cuyo nombre [Edgardo Mortara] fue tan sonado en Europa y cuya captación, dio tanto que hablar, llegó, andando el tiempo, á profesar en una orden monástica, y se llama ahora el padre Mortara, y está en Andalucía… Y en Chiclana, por añadidura, que es como decir “miel sobre hojuelas”». (expresión coloquial que expresa que a un hecho o cosa positiva acontece otro hecho o suceso que mejora lo anteriormente dicho).

La curiosidad nos llevó a seguir investigando en la Hemeroteca Digital de la BNE y en la Biblioteca de Prensa Histórica, y hallamos otros datos del padre Mortara en septiembre de 1884. El periódico «Lau-Buru», publicaba una carta enviada al noticiero por el prior de la Real basílica del Puy en Estella, Navarra. La noticia era reproducida, el 3 y 12 de octubre, por «La Marina», de La Habana, diario oficial del apostadero –base naval aún perteneciente al imperio español–. En esta ocasión con datos más precisos: «El niño de entonces tiene ya 34 años y con otros hermanos suyos en religión tiene su residencia en nuestra patria en Chiclana, en el convento de San Telmo, porque el Gobierno invasor de Roma no les ha dejado vivir en paz en la capital del Catolicismo y porque habiéndose establecido después en Francia, el Gobierno sin Dios de esa República los ha echado de allí y se han acogido á nuestra hospitalaria España». Nuestro país apoyó al papa en la guerra de liberación italiana. Entre las fuerzas españolas, estuvo el batallón de cazadores de Chiclana.

Más tarde, buscando en internet, encontramos un artículo de 2017, que el doctor Juan José Rodríguez Ballesteros publicó en «Puente chico»: «El niño Mortara y los agustinos Roquetini en Chiclana», con datos que el investigador histórico local, Jesús D. Romero Montalbán halló en el Archivo Eclesiástico de la iglesia de san Juan Bautista, en un libro de Bautismo. Así, pudimos conocer que el padre Mortara y varios hermanos agustinos llegaron a Chiclana por mediación del padre Añeto.

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