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José Alba Montiel, el olímpico olvidado (2ª parte)

El ciclista fue seleccionado para participar en los Juegos Olímpicos de México en 1968

Los Juegos Olímpicos de México´68 han sido uno de los grandes hitos recientes de la cultura mexicana. No solo se trataba de una mera competición deportiva, también paralelamente se desarrolló la «Olimpiada cultural». Y aunque las relaciones diplomáticas entre España y México estaban interrumpidas por la dictadura franquista, la delegación española acudió al evento deportivo.

El seleccionador –director técnico– español, Gabriel Saura, convocó a nueve corredores, entre ellos a José Alba. Sus últimos triunfos fueron decisivos, sobre todo las cinco etapas ganadas durante el mes de agosto en la Vuelta a Guatemala, y donde fue nombrado por aquella federación como deportista de mérito.

En un vuelo transatlántico de Iberia, España-México, embarcaron a principios de septiembre desde el aeropuerto de Barajas. Juan Antonio Samaranch, presidente del comité olímpico español despidió –a pie de pista– a los ciclistas que disputarían dos pruebas: la contrarreloj por equipos y la carrera individual en línea. Al llegar a México comenzaron los entrenamientos y la adaptación a la altitud. José Alba, como había venido de Guatemala no tuvo grandes problemas, pero unas semanas antes de competir, nuestro olímpico comió una tarta de manzanas que le produjo una gastroenteritis. Tuvo que descansar, se recuperó, y siguió entrenando. Nos cuenta: «La noche del primer día de competición dormimos con la ilusión de conseguir un triunfo».

Una gastroenteritis impidió al ciclista chiclanero correr en los Juegos Olímpicos

Media hora antes de dar los nombres de los corredores que iban a participar ¬–equipo A—, el entrenador le dijo que no saldría a competir porque no se fiaba de que estuviese en buenas condiciones. Él le contestó que sí lo estaba, pero lo dejó fuera: «Aquella decisión me dejó KO. Ha sido la mayor desilusión de mi vida. Me vine abajo. Fue una experiencia muy negativa».

Luego el director técnico quiso arreglarlo diciéndole que correría en Uruguay, donde iban a ir los seleccionados españoles tras de los Juegos Olímpicos. Con diecinueve años, José Alba dijo que él no podía: «No es porque no quiera, es que no puedo; no puedo». Su mente estaba en otro sitio, «en otro mundo». Y sin haber leído a Sócrates tomó de este la idea: «Es mejor sufrir una injusticia, que cometerla». Se vino de vuelta a España.
Así terminó el sueño del olimpismo para él. La participación española, que había despertado grandes expectativas, fue un fracaso. Pero paradojas del destino, el ciclismo español tuvo que esperar hasta 1992 cuando el discípulo más sobresaliente de José Alba, José Manuel Moreno Periñán, ganase la primera medalla de oro en la historia ciclista patria. Y así, por olimpiadas, como contaban los clásicos greco-romanos el tiempo, habían pasado seis en su vida desde la gran desilusión.

En la temporada 1971-72 decidió dejar el ciclismo profesional

Regresó a su equipo, La Casera-Peña Bahamonte; luego fichó por el Werner en 1970 consiguiendo nuevos éxitos. Y al desaparecer este, volvió a La Casera, destacando de nuevo. Estuvo en el campeonato del mundo en Bélgica, donde antes de las olimpiadas corrió la París-Bruselas´66, quedando el tercero.

En este segundo periodo hubo ciertas discrepancias entre Bahamontes y Alba. En la Semana catalana de ciclismo, se bajó de la bicicleta al terminar la etapa en Igualada, para dejar el ciclismo profesional. Era la temporada 1971-72. Abandonaba su pasión, aquella que nació en su infancia y que tan devotamente quiso con honradez deportiva, y personal.
Después vendrían años dedicados a su profesión de bombero y acciones solidarias, sin alejarse del ciclismo senior. Corrió algunas carreras y tuvo ciertos percances. De todos ellos salió victorioso. En 1990, obtuvo el título de entrenador nacional en la Escuela Nacional de Entrenadores que otorga la Real Federación de Ciclismo en la universidad de Santander. Entonces le llamó Salvador Cabeza de Vaca, conocedor de su valía y experiencia, para iniciar un nuevo camino. Retornaba al ciclismo para dirigir la Escuela de Ciclismo de la Peña Chiclanera.

Más tarde, 1983, con la familia González Saucedo, y el patrocinio de su Fundación Vipren durante treinta y cinco años, llevarían al ciclismo chiclanero a la cumbre deportiva, un caso inédito, singular e irrepetible. Fue una escuela de campeones de la mano de Pepe Alba. Ciclistas como Moreno Periñán, Sánchez Almellones, Sánchez Jurado, Martínez Jurado, Alba Guerrero, Sánchez Jaén, Aragón Gaucín… se convirtieron en los más importantes de Andalucía y algunos, de España.

En 1992, su discípulo Moreno Periñán consiguió la medalla de oro en Barcelona

El presidente de la Federación andaluza de Ciclismo, Mariano Sánchez Martínez, le quiere a su lado, y termina como director técnico de la selección andaluza, en la nacional e integrado en el ciclismo olímpico. Uno de los grandes momentos de orgullo deportivo fue cuando concentró a los olímpicos españoles en Chiclana. En el 2012, el equipo de Vipren y su director técnico cerraron su historia. Añorando aquel tiempo feliz, termina diciéndonos: «Tuvimos una universidad de ciclismo y ahora no tenemos ni una guardería». Escribió Benedetti: «El olvido está lleno de memoria». Y a nuestro olímpico olvidado le quedan los recuerdos de sus triunfos… y los de sus heridas.

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