En el capítulo anterior, dedicado a la antigua calle del Beneficiado vimos que, durante la segunda mitad del siglo XVI, Chiclana había pasado de ser una pequeña aldea a villa, desarrollando considerablemente el entramado urbano que ocuparon zonas que, hasta entonces, habían sido arboledas y excelentes huertas.
Una de ellas fue la “Huerta del Álamo”, origen del nombre de la popular calle motivo de este artículo y dedicada al “Héroe de Baler”; el Capitán Enrique de las Morenas (Chiclana 1855-Baler, Filipinas, 1898).
Para averiguar el origen de la misma, hemos recurrido al archivo parroquial de la Iglesia Mayor donde se custodian los cuadernos llamados “Isletas” que contienen la descripción histórica de calles y casas de Chiclana (aunque faltan más de la mitad), desde el siglo XVI hasta los primeros años del XVIII.
El cuaderno número 18, dice así:
“ISLETA 18: Hace punta frente, y en medio de la calle del Hospital, por un lado, calle de Pescadería por otro, calle del Álamo: por aquí entra sigue siempre a la derecha hasta la calle de la Vega, vuelve a la derecha hasta la esquina frente de la Pescadería nueva, porque antiguamente era esta esquina la Pescadería, y después se labró en la de enfrente, sube a la esquina y punta por donde empezó y hace triángulo, y no cuadro esta isleta”.
Los primeros datos que nos aporta esta isleta sobre la formación de la calle nos trasladan al año 1556 donde, dentro de la población, existía una huerta conocida como “Huerta de Bustos”, posteriormente denominada “Huerta del Álamo”.
A lo largo del siglo XVII, el terreno que ocupaba fue fragmentándose en solares en los que se iban construyendo casas.
La anotación más antigua nos habla de la huerta de Elvira de Bustos (Huerta de Bustos), que dice así:
“Esteban Alonso Cano, y Teresa Martín venden la huerta de Elvira de Bustos, linde de Francisco de Puerta y tres calles, a Pedro Sánchez Castillo: ante Rodrigo de Valencia año 1577 fol. 34v.
Francisco Puerta puso pleito diciendo que la huerta le pertenecía por herencia de su padre, que la adquirió el 29 de julio 1556 por cien maravedís en escrituras firmadas ante Juan Gutiérrez.
En el año 1609, los herederos de Francisco Puerta vendieron la huerta con la casa y noria, como vemos en el párrafo siguiente:
“Francisco Puerta, e Isabel Ruíz su mujer murieron, y sus hijos yernos y nietos venden la huerta que llaman de Bustos con la casa y la noria dentro de esta villa a Andrés Gómez Sanduvete. con 100 maravedís al Santísimo: ante Francisco de Monsalve, año 1609, fol. 336v.”
Posteriormente, el año 1617, la huerta pasó a denominarse “Huerta del Álamo”, siendo adquirida por Juan Rodríguez Maldonado, que la dividió en 18 solares para transferirlos.
Uno de ellos (solar número 12), es donde está situado actualmente el Ayuntamiento de la ciudad.
Entre los distintos propietarios que tuvo el terreno que ocupa hoy la Casa Consistorial, en el año 1642, el mencionado Juan Gómez Maldonado, lo vendió al Arcediano (Dignidad) de Medina Sidonia, Mateo de Ibáñez y Guevara.
Doce años después, Diego Aragón de Sierra tomó la finca y construyó en ella su casa que, en el año 1683, vendió a Francisco Bernabé de Parma.
Así, fue cambiando de propietarios hasta que, en el año 1771, aparece registrada la vivienda y el terreno a nombre de Juan Nicolás Lamberto.
Este era teniente de las milicias urbanas de la ciudad de Cádiz, alcaide del castillo y fortaleza de Santiago de Barbate (entonces perteneciente al término de Vejer) y vecino de Chiclana.
En el año 1768, obtuvo licencias del Duque de Medina Sidonia y el beneplácito del Real y Supremo Consejo de Castilla, para rellenar terrenos de las albinas y salinas (endulzar las tierras), con el fin de convertirlas en tierras de labor y obtener frutos de ellas.
Los sitios elegidos fueron los siguientes:
“Entrando por la parte del caño del cargadero del Leñador, a el de la Lanza y por la entrada frente de la cañada de la Espada Nueva, hasta el río o caño que va del cargadero de Zurraque […]”, dejando de tierras de albinas y baldíos de las últimas huertas de la rivera del camino de la Isla y Pto. Real y caño del cargadero del Leñador poco más o menos 40 fanegas de tierra”.
El proyecto afortunadamente fracasó y Juan Nicolás Lamberto con su familia marcharon a Sevilla poniendo a la venta sus casas.
Estas fueron compradas por el ilustrado y benefactor de la villa D. Alejandro Risso, genovés residente en Cádiz y hacendado en Chiclana, que labró en ellas su casa grande de estilo neoclásico, cuya fachada sirvió de inspiración para el actual Ayuntamiento.
D. Alejandro, en su testamento realizado con fecha 30 de mayo de 1807, protocolo 429, ante Juan Manuel Martínez, en el apartado 11 sobre esta finca y otra adjunta, dice lo siguiente:
“Otra casa principal en la villa de Chiclana, calle que nombran de la Aguardientería, que labré a fundamentis en terreno que ocupaba la que estaba fabricada en él, y compré a Don Juan Nicolás Lamberto, a quien correspondía la mayor parte y la otra menor incorporada en dicho terreno la hube a censo y tributo redimible de la madre Sopor Ana María Rita Lamberto, religiosa, profesa, hija del referido Don Juan […].
Otra casa baja en dicha villa, linde y contigua a la principal que dejo declarada, sita en la calle Álamo, la cual labré y saqué de cimientos en parte del terreno comprado a dicho Don Juan Nicolás Lamberto”.
En el apartado 14, continúa de esta manera:
“Mi casa grande en Chiclana, que aunque labré para mi uso tuve la principal intención que había de servir para pobres, destinándola a obra pía en clase de Hospital o de Casa de Misericordia y habiendo conservado siempre la misma dispuesta voluntad, quiero que en ella se establezca un Hospicio o Casa de Caridad para ancianos, ancianas, niños y niñas que fueren pobres de solemnidad […]”.
Don Alejandro murió en el año 1809 y poco tiempo después, el día 7 de febrero de 1810, las tropas imperiales de Napoleón llegaron a Chiclana. Así, el 19 de febrero llegaba a la villa el rey José I Bonaparte, hermano del emperador, siendo alojado en dicha casa.
Aunque la falta de espacio nos impide enumerar los dueños de los demás solares, queremos mencionar a una importante familia que adquirió terrenos en la huerta durante el siglo XVII.
Estos fueron D. Rodrigo Gálvez Carrillo y su esposa Dª Catalina de Cabrera, quienes se hicieron con la propiedad de varias partes de la citada huerta que lindaban con la calle Vega y hacían frente a la aguardientería, la casa del duque y sus almacenes. Además, invirtieron sus capitales en la adquisición de casas, olivares y tierras de labor en varias zonas del término, llegando a ser una de las familias más significativas de la villa.
En el año 1662, compraron olivares en el sitio de Hernán Pérez, Fuente Amarga y Cerro de San Cristóbal, viñas en Valcargado y casas en distintas calles de la población. Seis años después, en 1668, adquirieron el molino de aceite de dos vigas de Diego de Vándalo (calle del Molino), bajo la condición de seguir proveyendo -sobre el olivar en San Cristóbal que llamaban “La Longuera”-, seis arrobas de aceite anuales a la cofradía de Jesús Nazareno de Medina Sidonia en la Iglesia de Santiago, que había que entregar en el mes de diciembre.
También, en el año 1669, obtuvieron la propiedad de una capilla en la Iglesia Mayor que estaba sin terminar.
Durante el matrimonio, tuvieron nueve hijos, entre los que destacaron: Francisco Alonso, que fue religioso trinitario; Mariana, monja en el Convento de Jesús Nazareno de Chiclana y Rodrigo Gálvez Carrillo (hijo), que llegó a ser teniente de Gobernador y alcalde Mayor de Cádiz, Abogado del Colegio de la Real Chancillería de Granada y llevó la causa del
“Asesinato Ritual del Niño de Cádiz Juan Páez en el año 1707”.
En el siglo XVIII, el sitio de la aguardientería fue ocupado por dos edificios: el primero, que aún se conserva -aunque ha sido modificada su portada original-, es de estilo neoclásico en el que sobresale su esquina, labrada en piedra y terminada en su parte alta con un ostentoso remate tallado y encalado, que lo diferencia con el resto de las construcciones cercanas. Del otro, lindero con el anterior y situado al comienzo de la calle Vega, solo queda su portada de piedra.
En la misma acera, linde con la casa anterior, aún persiste parte de la casa del Duque de Medina Sidonia (ocupada hasta hace pocos años por una panadería). De esta se conserva su portada, algunas columnas y muros que el visitante puede advertir en la estructura interior de algunos de los locales.
Asimismo, colindante a la casa del duque, estaban los almacenes que este tenía en Chiclana, hoy desaparecidos, correspondientes a la esquina de la calle de la Vega y Artesano Pepe Marín, hasta la esquina con la calle de la Plaza.
Finalmente, en el croquis adjunto, hemos representado de forma aproximada, el entorno de la huerta en el siglo XVII, enumerando los lugares que creemos más interesantes.
Por Jesús D. Romero Montalbán

