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El pasquín de Chiclana en el verano de 1839

Atacaba despectivamente las figuras de la reina-niña Isabel II y Espartero

Texto: José Luis Aragón Panés

En toda la historia de Chiclana no hay un pasquín ni panfleto que se le parezca, al menos conocido. Por su importancia trascendió a toda España. Ni el propio autor o autores imaginaron el alcance de sus versos, aunque de eso se trataba: que muchas personas conociesen su mensaje. La historia de los pasquines se remonta a la ciudad de Roma durante el siglo XVI. Los romanos acostumbraban a poner poemas, sátiras, quejas, escritos críticos contra las autoridades o algún político o institución, sobre una antigua estatua rota a la que llamaban «Pasquino». El paso de los siglos lo fue transformando hasta convertirlo en algo peyorativo y zafio.

En un año convulso, al final de la primera guerra carlista (1833-1839) con el gobierno moderado de Evaristo Pérez de Castro acorralado, Espartero pidió la disolución de las Cortes y la reina Gobernadora María Cristina de Borbón Dos Sicilias, accedió a ello. El general salió reforzado y se convocaron elecciones generales. Nuestro pasquín se trataba de eso: de criticar su política y la de su partido progresista, de tendencia liberal democrática, frente al liberalismo doctrinario de Pérez de Castro. El 23 de julio los progresistas ganaron las elecciones, pero Espartero renunció a la presidencia del Gobierno y Pérez Castro volvió a ostentar la presidencia.

El pasquín apareció en Chiclana el 4 de agosto y trascendió a toda España

Solo unos días después, el 4 de agosto, según informaba el periódico «El Sevillano» y al día siguiente «El Tiempo» de Cádiz, apareció el pasquín: «A las dos de la mañana de la madrugada de ayer se advirtió en Chiclana, en las casas del señor alcalde primero; de don Jacinto Gutiérrez; de D. Ramón Martínez, síndico; de D. Tomás Sánchez, síndico, y en la puerta de las casas consistoriales, el siguiente pasquín: “Abajo la Reina / abajo Espartero, / Córdova y Narváez / al mando supremo. República y horca / al vil moderado, / al rico empinado. / Así han de cumplirlo / nuestros diputados; / cuidado señores / con lo que se hace, / porque las chaquetas / van tras de los fraques. / El que nos engañe / viva con cuidado / porque no le sirve / ser hoy diputado”. (El Amigo del de las Calaveras)».

En primer lugar, atacaba despectivamente a la figura de la reina-niña Isabel II y, en segundo término, el general Espartero. En tono contrario, elevaba a instancias superiores del Estado a dos generales en el exilio –adversarios de Espartero– por conspirar contra el Gobierno: Ramón Mª Narváez y Luis Fernández de Córdova, este último por intento de golpe de Estado. Y con otro matiz, amenazaba a los tibios y chaqueteros diputados moderados.

En toda la historia de Chiclana no hay un pasquín ni panfleto que se le parezca

El asunto rodó en los siguientes días y semanas. Varios vecinos lo denunciaron a las autoridades y por orden del jefe superior político (actual subdelegado del Gobierno), se abrió en el juzgado de Primera Instancia de Chiclana una causa contra el editor responsable del periódico «El Tiempo», que fue quien insertó el pasquín. A finales de agosto, el periódico madrileño «El Corresponsal» hablaba de la división de opiniones entre la magistratura: «Cada uno hace sobre esta declaración observaciones. Unos la defienden y otros la impugnan. Algunos jueces de hecho han obtenido su voto en los periódicos según verán ustedes».

Mientras que en el juzgado se seguía la causa, el alcalde constitucional mandó a la Milicia Nacional y a la Policía local a investigar entre los vecinos para descubrir quién podía hacer sido el autor o autores del infame pasquín. De momento nada se sabía.

El escrito contenía injurias contra Isabel II y el general Espartero

Sin embargo, fueron pasando las semanas y casi un mes después, el 6 de septiembre, «El Eco del Comercio» insertaba las opiniones de «El Constitucional» de Cádiz: «Se trata de sobreseer en la sumaria sobre el “pasquín chiclanero”. Parécenos que eso sería andar el señor juez muy precipitado». Ya corrían voces por la villa de quien era el autor: «Nosotros creemos que el señor juez debe interrogar a estas personas, pues que se trata de descubrir un crimen gravísimo contra la Reina y contra el Estado. También en la redacción de «Tiempo» hay un dependiente de ella que en parage público ha dicho quién es el autor del pasquín, y es de su obligación revelarlo á la justicia. Que esta no se desentienda, pues, de nuestros avisos, porque estamos resueltos á repetirlos hasta que se consiga averiguar el verdadero autor del pasquín imputado por los calumniadores de oficio al partido “progresista”, ó se logre descubrir que hay corazones infames dispuestos á destrozar la reputación de los patriotas y de los hombres de bien».

Entretanto, en el norte la guerra tocaba a su fin. El día 9 se celebraba el juicio contra el autor. Con la alegría de la paz y buena voluntad, la denuncia fue retirada, pero el tribunal creyó que no debía sobreseerse la causa y tras oír al acusado, lo absolvió. Así acabó el asunto del famoso pasquín de Chiclana.

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