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DEVOCIONES EXTINGUIDAS EN CHICLANA

Los vecinos de la zona de La Banda profesaron gran devoción a una imagen realizada en madera de Nuestra Señora de los Dolores en la Iglesia de San Sebastián, retirada del culto en la actualidad

Jesús D. Romero Montalbán
Continuando con las investigaciones históricas sobre la vida religiosa y las devociones extinguidas en nuestra ciudad, en esta ocasión, la documentación que aportamos se refiere al fervor profesado por nuestros antepasados, especialmente por los residentes en el barrio de La Banda, a la pequeña imagen de vestir realizada en madera de Nuestra Señora de los Dolores. Dicha efigie, que aún se conserva, se encuentra retirada del culto en las dependencias de la Hermandad de Nuestra Señora del Carmen de la Iglesia de San Sebastián.

Pero antes de desarrollar este trabajo, queremos hacer una breve reseña sobre la historia algo desconocida de la iglesia de San Sebastián en Chiclana.
Las primeras noticias que tenemos sobre ella se remontan al siglo XVI y nos hablan de una pequeña ermita erigida en el año 1551 en honor de este mártir del siglo III. San Sebastián fue un alto militar del ejército romano y murió por su fe a manos de los propios soldados imperiales, siendo uno de los santos más invocados contra la peste y las epidemias.
La ermita mandada construir posiblemente por los duques de Medina Sidonia –al igual que en otras poblaciones pertenecientes a su señorío-, se construyó en la otra banda del río, en la parte alta de unas cuevas cercanas. La zona estaba apenas habitada y alejada de la población. En sus inmediaciones, durante varios siglos, se constituía en tiempos de epidemias, el lazareto u hospital para apestados, dando origen al popular barrio de “La Banda”.

Las primeras noticias sobre la Iglesia de San Sebastián datan del siglo XVI

Es a partir del siglo XVII, cuando el arrabal cercano a la ermita comenzó a poblarse, teniendo que ampliarse el edificio en varias ocasiones. Como consecuencia, a principios del siglo XVIII, el clero tomó la determinación de convertirla en parroquia auxiliar dependiente de la matriz de San Juan Bautista.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, el constante aumento de la población de aquella parte, con más de quinientos vecinos registrados en el año 1778, determinó que las autoridades eclesiásticas decidieran hacerla parroquia propia y separada de la principal.
Así pues, el día 29 de junio del año 1778, en un decreto firmado por el obispo de Cádiz, D. José Escalzo, quedó constituida como Parroquia de San Sebastián, siendo párroco D. Nicolás Olmedo Morales.

desde 1762 la virgen de los dolores aparecía en el retablo mayor de san sebastián

Del citado documento, hemos extraído lo siguiente:
“Que la Iglesia de San Sebastián, que era antes Auxiliar de la de San Juan Bautista sea, y se tenga en adelante por enteramente separada de su Matriz quedando verdadera Parroquia, independiente, y teniendo por propio territorio, y feligresía todo lo que se llama de la otra banda esto es todo lo que hay desde el Río que pasa por dicha Villa hacia la parte de S. Sebastián”

Después de este breve inciso sobre la historia de iglesia de San Sebastián, pasamos a referir los datos que poseemos sobre la extinta devoción que en dicho templo tuvo Nuestra Señora de los Dolores.

En el año 1717, coincidiendo con el traslado a Cádiz de la Casa de Contratación y Consulado de Indias, tomaba posesión de la diócesis el obispo Lorenzo Armengual de la Mota, persona de grandes inquietudes culturales y religiosas, quien, además, de emprender obras importantes como la nueva catedral, promovió la devoción a Nuestra Señora de los Dolores.

El obispo, por iniciativa del Papa Benedicto XIII, inició la creación de la Tercera Orden, Cofradía de los Dolores y Esclavitud, que rápidamente tuvo repercusión en las poblaciones cercanas donde se fundaron nuevas asociaciones a imitación de la de Cádiz.
En Chiclana, en el año 1759, se fundó la V.O.T. de Servitas, perteneciente a la parroquia de San Juan Bautista y con sede en la capilla del Santo Cristo de la Vera-Cruz.
En el año 1762, la iglesia de San Sebastián funcionaba como parroquia auxiliar dependiente de la Iglesia Mayor, siendo cura teniente de ella D. Francisco García de Espinar. Este tenía suya una pequeña y bonita imagen de la Virgen de los Dolores de las llamadas de candelero, que colocó en el altar mayor de la iglesia, tal como podemos comprobar en un inventario realizado en el año 1776 por orden del magistral de la catedral de Cádiz y visitador general de ella D. José Martín de Guzmán.

la iglesia de san sebastián quedó oficialmente constituida como parroquia en 1778

El documento, perfectamente enumerado y con explicaciones sobre donantes y benefactores nos dice que, en el año 1762, el retablo mayor era bien antiguo y de tablas recortadas, con una estatua de San Sebastián, una lámina de Dolores y dos santos pintados; también indica que ese año se había realizado un retablo nuevo para la Virgen del Carmen en el lado del Evangelio.

Continúa diciendo que, en el año 1776, se hizo un nuevo retablo para el altar mayor, con un camarín para la imagen de la Virgen de los Dolores antes descrita y añade que, en el manifestador de dicho altar, se había colocado una imagen pequeña de Jesús Nazareno de vestir, donada por D. José Malpica, quedando a los lados las dos pinturas del viejo altar.
Sigue el inventario explicando que, en el cuerpo superior de dicho retablo, se había colocado una estatua nueva de San Sebastián que donó D. Sebastián Lasqueti, destinándose la antigua a la sacristía de la iglesia; también declara que la imagen de San José era nueva y estofada, donada por Doña Ana Echanove.

El ajuar de la Virgen de los Dolores se componía de: Una diadema y corazón de plata; un vestido, manto de terciopelo de algodón, punta de plata, túnica y cíngulo de la misma punta; otro vestido de la misma imagen, túnica de terciopelo bordada en oro, cíngulo con punta de oro; un manto de raso liso con punta de plata y otro de felpa con guarnición de plata. El ajuar de Jesús Nazareno se componía de una corona y potencias de plata y dos túnicas de terciopelo y galones de oro.

Durante los años ochenta del siglo XVIII, estaba a cargo de la iglesia, el presbítero D. Nicolás Olmedo y Morales, quien continuó y divulgó la devoción a la pequeña imagen de los Dolores, principalmente entre las mujeres del barrio, realizando durante la cuaresma el septenario doloroso.

Además, los distintos actos cuaresmales eran predicados por un fraile agustino, a semejanza de los que estos realizaban en la Iglesia Mayor desde su llegada en 1577, siendo los gastos sufragados por el Cabildo Municipal con trescientos reales de vellón.
En el año 1787, envió un escrito al obispado de Cádiz solicitando establecer en dicha iglesia una venerable orden tercera de los Dolores, siéndole denegada la petición por hallarse establecida en Chiclana dicha orden desde el año 1759. No obstante, se le otorgó licencia para hacer por las calles del barrio, un “Rosario” formado por mujeres, bajo el título de Nuestra Señora de los Dolores, concediéndosele cuarenta días de indulgencias a todas las personas que con devoción y fervor asistieran a dicho rosario.

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