La muestra «Homo Homini», de Eduardo Martínez, permanecerá abierta al público hasta el 4 de enero
Texto: Jesús Romero
Con frecuencia, muchas exposiciones -aunque sobre todo aquellas de carácter mayormente artístico- se resuelven en yuxtaposición de piezas a las que, a lo sumo -y no siempre ocurre-, unifica un tema, un estilo, una común manera procedimental en la ejecución. Y está bien si cada pieza expuesta lo está. Es una opción. No se complica mucho quien la concibe, no nos complica tampoco mucho la cosa a los visitantes. Una suma, en fin, una adición. Más es controlablemente más hasta que, por repetición amparada en lo procedimental o en la autoclonación complaciente bajo el paraguas del estilo propio, empieza más a ser menos y la boca abierta por admiración se vuelve sutil bostezo que, en el fondo, se adivina. Pero no deja de ser una opción que, aunque poco arriesgada, puede funcionar y, de hecho, funciona. Si hay, ya digo, criterios unificadores, la exposición misma se percibe como obra y consigue transmitir cierta sensación de madurez ajena al batiburrillo en que a veces se incurre.
Esta exposición está compuesta por casi un centenar de obras del artista
Pero hay quienes, al visitar una exposición, echan de menos poder, de vez en cuando, encontrarse con otra manera de unidad, con otra manera más contundente de ser obra única la exposición en su conjunto, una exposición que -¡emergentismo!- no se reduce, aunque no haya ante los ojos más que aquello que a la mirada se ofrece. Un tipo de exposición que no procede ya por suma y que roza, quizá, la multiplicación. El producto es, claro, muy otro.

Así es “Homo homini”, la nueva exposición -tras más de diez años desde la última aquí entre nosotros- de Eduardo Martínez. Una exposición que trasciende, en su conjunto, la mera yuxtaposición. Que trasciende incluso, aun siendo una exposición de artes plásticas, las artes plásticas en sentido estricto. Y no es que se trate de algo más -que puede que también-, sino de algo diferente.
«Homo Homini» es una profunda reflexión sobre la condición humana
“Homo homini” supone una profunda reflexión artística sobre la condición humana en lo que cada uno -con sus cadaunadas unamunianas – en su rincón y en su hora encarna, y en lo que juntos -comunidad, sociedad- conformamos. Ni el hombre de carne y hueso, que también decía el pensador vasco, ni el animal social del que habló el estagirita escapan a esta reflexión que hemos llamado artística porque no es la obra mera ilustración a posteriori de un discurso -discurrir/discursear- puramente intelectual previo de modo que bien podría resultar la obra de arte, en cierto modo, traducción. No. Se trata de la reflexión que el artista, como tal y con los medios que le corresponde, lleva a cabo, de suerte que el mismo quehacer artístico deviene búsqueda, indagación y hallazgo, hasta el extremo de haberse visto llevado a cambiar, en el devenir de este trabajo, el título definitivo -¡y, aun así, abierto como la propia obra!- de éste. Hay más maneras de pensar. La realidad da para ello y para mucho más, tanto que ni atisbamos las posibilidades que al pensamiento brinda. Pero es cómodo el reduccionismo; conformarnos con poco y, así, dar la talla.
Talla que también en lo estrictamente plástico se alcanza, pues no ha sido aquí lo conceptual excusa para el descuido procedimental como si de asunto menor lo manual se tratara. Eduardo es un artista en el pleno sentido del término. También en el más humilde sentido originario del vocablo latino que quiso recoger la acepción técnica que los griegos de la antigüedad le otorgaron en una cultura donde el sabio era -no más, no menos- que aquel que desempeña con maestría y pericia su oficio.
Del oficio de pintor tiene mucho que decir esta muestra en la que, hasta la pintura con las que se han realizado estas obras -y no hay sólo pinturas- he sido elaborada por el propio artista.
Pintura, sí. Y honda reflexión también. Sobre el ser humano, sí. Y sobre la pintura misma. Y sobre el concepto mismo de exposición. Una exposición -multiplicación más que suma- de infrecuente madurez que es -la exposición- la obra que Eduardo Martínez nos muestra. En ella, una vez más agradecido y generoso, ha dado cabida a otros artistas, compañeros de camino.
Otra opción.

