Desde fines del siglo XIII hasta la primera mitad el XIX, los duques de Medina Sidonia convirtieron la pesca del atún en una de sus industrias más productivas de la región
José Luis Aragón Panés
Los duques de Medina Sidonia, en el marco geográfico de sus estados de las costas suroccidental de Andalucía –entre ellos Chiclana y sus almadrabas– convirtieron la pesca del atún en una de sus industrias más productivas de la región desde fines del siglo XIII hasta la primera mitad el XIX, aunque no siempre tuvieron la exclusividad de todas las de Andalucía. Desde Sancti Petri hasta el Estrecho, se calaba la «de vista o tiro», un sistema productivo desechado a finales del siglo XVIII. Sin embargo, no todo supondría beneficios económicos para la casa ducal, según se desprende de un interesante y amplio estudio de la doctora en Historia y presidenta de la Fundación Archivo Casa Medina Sidonia, Liliane Mª Dahlman, en el que analiza «el modelo de organización y la evolución de las almadrabas de tiro y de buche de la Casa de Medina Sidonia», antes incluso de poseer este título nobiliario.
La Casa de Medina Sidonia protagonizó la pesca del atún en la provincia
A finales del XVI se inicia un lento declive en la industria almadrabera para la casa ducal. Numerosas circunstancias hicieron perder parte de sus ganancias; algunas de ellas fueron: la epidemia de malaria en la provincia –a nuestro hospital de san Martín llegaron enfermos que no podían ser tratados en los de Vejer y Conil–; las incursiones de los piratas berberiscos en nuestro litoral o la peste, en 1600, que también hizo presencia en la zona y hubo dificultades para encontrar trabajadores, que vinieron de Sevilla, pues se necesitaba alrededor de trescientos trabajadores para la almadraba de «tiro». Sin embargo, al sustituirse por la de «buche», por su composición, era menos la mano de obra. La de «buche» es un laberinto de redes ancladas en el fondo marino que cortan el paso de los atunes. Estructurada en dos partes: las raberas o redes hacen de pared –largas redes de varios kilómetros– colocadas en «L» escalonadas. Y, el cuadro, de forma trapezoidal en los que se hallan diversos compartimentos. Es el corazón de la almadraba, y el secreto de las capturas.

Bien entrado el Diecinueve, y con la promulgación de la Constitución de 1812, todos los privilegios almadraberos señoriales serían derogados. Para no perder el negocio, el duque, obtuvo matrícula de Marina, según preceptuaba la ley. Eso le permitió continuar capturando atunes, pero con una importante merma hasta llegar a la mitad del siglo XIX.
Para el emblemático año de 1823, el padre Miravent (1850), señala el profesor Florido del Corral en su libro, «Evolución histórica y cultural de las almadrabas en el litoral atlántico meridional (siglos XVI-XX)», hacía referencia del aumento de «explotaciones más pequeñas en diversos puntos a Poniente de Conil, la mayoría de buche» y nombran entre otras la de Sancti Petri, La Barrosa y Torre del Puerco, «de tiro».
A finales del s. XVI se inicia el declive en la industria almadrabera
Una noticia del periódico «El Imparcial» en 1872 lo justifica su arrendamiento: «El 8 de agosto se subastará el arrendamiento del usufructo de la almadraba titulada “La Barrosa”, término de Chiclana, para la pesca de los atunes durante los años 1873 al 76 inclusive. Serán desechadas las proposiciones que fijen precios menores que 1.442 pesetas por año. Y, ocho años más tarde, «El Porvenir de León» decía que no creía la gran «levantá» de aquel año: (…) en la almadraba de La Barrosa (Cádiz) han recogido los pescadores en una sola “levantada” tal cantidad de atunes, que su venta ha producido mas de 40.000 duros. Nos parece exagerado».
Acercándonos al siglo XX, la industria conservera en torno al atún y otras pescaderías, se asentó junto a las almadrabas, que sufrirán una disminución en su número. Sin embargo, las de nuestra costa –Sancti Petri-Punta de la Isla, La Barrosa y Torre de la Cabeza del puerco– se subastaron sus arrendamientos, aunque las dos últimas, en el transcurrir de ese primer tercio de siglo, ya no se calarían. También de este periodo es la fundación de compañías almadraberas: la «Sociedad Anónima Compañía Almadrabera Española» (1912) y el «Consorcio Nacional Almadrabero» (1928). Esta compañía creó, «los centros de producción y poblamiento de Nueva Umbría y Sancti Petri y se reforzó el de Barbate». El monopolio industrial-comercial desarrollará un sistema clientelar que afectará a familias enteras, en muchas ocasiones, supeditadas a unas condiciones laborales y sociales deficientes.
La Constitución de 1812 derogó los privilegios almadraberos
El periódico «La Acción», en 1916, publicaba: «Recibimos de Chiclana una carta suscrita por veinte obreros que dicen hablan en nombre de algunos miles de hombres sin trabajo en aquella región. Se refieren al funcionamiento de las famosas almadrabas que son en nuestro país uno de los negocios en que más y con mayor frecuencia interviene el Estado, siempre con perjuicio manifiesto de las clases trabajadoras (…)».
Estas denuncias no serían solo durante el periodo de la «Sociedad Anónima Compañía Almadrabera». También y del mismo modo, aparecerán denuncias en la prensa cuando el «Consorcio Nacional Almadrabero» se convierta en arrendatario de la almadraba y propietaria de la factoría de Sancti Petri.

