domingo, marzo 15, 2026
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DE LO VISIBLE Y LO INVISIBLE

La exposición “El triunfo de los sentidos, Del románico al Gótico” cerrará el próximo 25 de noviembre

Dos semanas, poco más, le queda a “El triunfo de los sentidos, Del románico al Gótico” para su clausura. Este motivo, sumado a la alta demanda de visitas guiadas para esta exposición así como al notable número de personas que a título personal se ha desplazado al Museo interesado por la misma, nos lleva a dedicar estas líneas, como última invitación general, a “El triunfo de los sentidos”.

Y es que, concebida, al igual que otras especialmente pensadas para el curso escolar, como exposición didáctica -aparte su obvia dimensión artística-, esta Exposición Temporal del Museo de Chiclana ha suscitado el interés de un público diverso, no sólo procedente del ámbito académico o escolar.

Hace seis años, planteamos, en la muestra “Entre dos luces”, una reflexión sobre el arte del medievo. En esta última ocasión, volvemos sobre el tema pero hemos cambiado hasta cierto punto el enfoque.

Suele repetir mi madre que “lo que está a la vista no precisa candil”. No sé si esto es del todo así, pero alguna razón sí que tiene y, de vez en cuando, aplicamos esta sentencia popular a nuestras exposiciones, y lo hacemos desde su concepción misma hasta el planteamiento de las visitas guiadas con que complementamos la oferta de las mismas. Por esto, nos ha parecido oportuno hablar de lo invisible, o de lo que sutilmente aparece sin que apenas se perciba, de las razones últimas que llevan a que, en determinada época -también el dónde importa, conviene no olvidarlo-, la expresión plástica sea de una manera u otra.

La muestra, dirigida al curso escolar, ha atraído a un público muy diverso

Claro que hay tras el Románico y el Gótico razones plásticas que deciden también. Pero no sólo. Hay otras razones, otras motivaciones que ayudan a comprender porqué el arte de una época -testimonio de la misma a la vez que refuerzo de ésta- es como es y evoluciona como evoluciona. Claro que hay razones técnicas, procedimentales, claro. Pero hay otras.
Es evidente que la espiritualidad a la que invita un templo románico -bajo, oscuro,…- no es la misma a la que una catedral gótica -invadida en su altura por la luz natural tamizada por las vidrieras de sus vanos- invita. Pero así como una determinada arquitectura potencia una determinada espiritualidad, también esta determinada espiritualidad potencia una arquitectura consecuente.

Esta vez, y con este asunto de la luz en mente, hemos planteado un cierto trasfondo filosófico . El paso de la hegemonía del platonismo a la del aristotelismo que, a través de los judíos y los musulmanes, acaba por imponerse en arte cristiano de aquella Europa -más o menos Europa- de las catedrales. Así mirado, este paso -cambio de paradigma- supone el tránsito de una cosmovisión donde el cuerpo -cárcel del alma- a través de los sentidos -materiales también- perciben un mundo sensible que resulta apenas apariencia. ¿Por qué habría, así entendida la cosa, de afanarse el artista/artesano en representar con sus manos, y fielmente, aquello que con sus ojos ve?

Con el aristotelismo, la cosa cambia. Nada hay en el intelecto -decía el estagirita- que no haya entrado a través de los sentidos. Y aunque conocer no sea sentir, no lo es tampoco sin ello. La realidad material es realidad, no existen formas -eidos- descarnadas como no existe una materia informe. Esta revalorización del mundo material y, en él, del cuerpo suponía una revalorización de los sentidos como fuente nada despreciable de información. Los artistas/artesanos trabajarán en la convicción de que el arte ha de reflejar con fidelidad la naturaleza, también esa íntima naturaleza de donde brotan las emociones que, a través de la materia que somos, expresamos. De esto va “El triunfo de los sentidos”. De esto irá hasta el próximo 25 de noviembre.

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