viernes, marzo 27, 2026
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Poesía religiosa en Semana Santa

La poesía religiosa en torno a la Semana Santa forma parte de nuestra cultura

Con la fe como soporte de la tradición, y la devoción unida a la cultura popular, la poesía religiosa en torno a la Semana Santa es uno de los grandes patrimonios inmateriales que los españoles poseemos dentro de la gran Cultura global de la humanidad. España tiene una larga nómina de consagrados poetas y poetisas en su literatura, que escribieron versos sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Detengámonos hoy en cinco grandes vates del siglo XX y en un breve recorrido por algunas de sus estrofas, cuyos versos se centran en el Cristo crucificado y en el dolor de su madre, María.

Dentro de la poesía sacra de los grandes poetas de la Generación del 98 destaca, Miguel de Unamuno (1875-1936), filósofo, novelista y poeta, con su poema «El Cristo de Velázquez» compuesto en parte en la abadía de Santo Domingo de Silos y en el que reflexiona sobre la muerte –uno de sus temas centrales– y la divinidad de Cristo:
«¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío? / ¿Por qué ese velo de cerrada noche / de tu abundosa cabellera negra / de nazareno cae sobre tu frente? / Miras dentro de Ti, donde alborea / el sol eterno de las almas vivas. / Blanco tu cuerpo está como el espejo / del padre de la luz, del sol vivífico…».

Uno de nuestros poetas andaluces más universales, Antonio Machado y Ruiz (1875-1939), amigo de Unamuno y de la misma generación, escribió «La saeta» en 1914; un poema de su libro «Cantos de Castilla» que refleja una de sus inquietudes espirituales; unos versos que comienzan con unas estrofas extraídas del folclore andaluz y recopiladas por su padre: «¿Quién me “empresta” una escalera / para subir al madero, / para quitarle los clavos / a Jesús el Nazareno?» Para a continuación dejar una queja; mostrar su desacuerdo con la religiosidad popular. Aún así, quiso con ello respetar la tradición, aunque no la compartiese:
«¡Oh, la saeta el cantar / al Cristo de los gitanos, / siempre con sangre en las manos, / siempre por desenclavar! / ¡Cantar del pueblo andaluz, / que todas las primaveras / anda pidiendo escaleras / para subir a la cruz! / ¡Cantar de la tierra mía, / que echa flores / al Jesús de la agonía, / y es la fue de mis mayores! / ¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!».

De otra generación literaria, la del 27, el primero de todos es el poeta santanderino Gerardo Diego (1896-1987), conocido como uno de los mayores exponentes de la lírica religiosa en español. En su poemario «Versos divinos» se halla el breve libro de 1931, «Viacrucis». De él tomamos unos versos de la primera décima –está compuesta por cinco– titulada «Ofrenda»: «Dame tu mano, María, / de las tocas moradas. / Clávame tus siete espadas / en esta carne baldía. / Quiero ir contigo en la impía / tarde negra y amarilla. / Aquí en mi torpe mejilla / quiero ver si se retrata / esa lividez de plata, / esa lágrima que brilla…». El libro cierra –en su segunda edición de 1956– con «A la Resurrección del Señor», compuesta por trece cuartetas; tomamos la undécima y la duodécima:
«Por Ti, Señor, Jesús, tan nuevo / hay con tus cinco estrellas / que en cifra dibujada / tu caridad constela, / por Ti, Señor, devuelto / a la luz que te estrecha / al amor que te ciñe, / al aura que te besa, / por Ti, todos nos canta / ¡oh divina certeza!, / para después del tiempo / quieta ya primavera…».

El tema de la saeta tiene en poeta otro andaluz, Federico García Lorca –Generación del 1927– un tono, un sentido, bien distinto en su «Libro de poemas». Uno de ellos titulado, «Saeta», nos describe al Cristo de Medinacelli:
«Cristo moreno / pasa / de lirio de Judea / a clavel de España. / ¡Miradlo por dónde viene! / De España, / cielo limpio y oscuro, / tierra tostada / y cauces donde corre / muy lenta el agua. / Cristo moreno, / con las guedejas [cabelleras] quemadas, / los pómulos salientes / y las pupilas blancas. / ¡Miradlo por dónde va!…».

También de la Generación del 27 es, José Bergamín (1895-1983), en su poesía mística, encontramos el poema, «A cristo Crucificado»:
«Tú me ofreces la vida con tu muerte / y esa vida sin Ti yo no la quiero; / porque lo que yo espero, y desespero / es otra vida en la que pueda verte. / Tú crees en mí. Yo a Ti, para creerte, / tendría que morirme lo primero; / morir en Ti, porque si en Ti no muero / no podría encontrarme sin perderte…».

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