Despiértame cuando pase septiembre

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Éste es el título de una conocida canción de Green Day, banda norteamericana que ha cosechado infinidad de éxitos desde su inicio a mediados de los años 80. En el tema Billie Joe Amstrong y los suyos rememoraban los sentimientos de un septiembre triste, una balada en toda regla que acabó convirtiéndose en otro gran éxito de su disco America Idiot (el título del álbum afeaba todos esos realities televisivos en los que distintos cantantes entran en pugna, haciendo clara referencia al famoso “American Idol”).

Septiembre, ya sabemos, suele ser mes de nuevos propósitos. Bajar el sobrepeso que ha supuesto la ingesta a discreción de cerveza, comienzo de un nuevo curso escolar, compra de unos maravillosos fascículos… qué se yo la de cosas que podemos emprender en este caluroso mes.

Se me ha ocurrido, que como propósito de nuevo curso, los chiclaneros y chiclaneras podríamos querer un poco más a nuestra ciudad, a ver qué les parece. Entonces, si lo ven apropiado, empezaríamos a evitar que cada vez que cayera una mascarilla al suelo, quedara abandonada en el mismo, y no depositada en una papelera. (Imaginen que no hubiera una próxima, bastaría con llevarla en el bolsillo y tirarla en la basura de casa, la que suele andar por la cocina). A todo el personal que ha comenzado el mes con actos vandálicos en parques infantiles o arremetiendo contra macetas y plantas públicas también podríamos inculcar nuevos propósitos, entre los que se incluirían reparar lo fastidiado o incluso el de abandonar nuestra preciosa localidad para nunca regresar. No sé ustedes, pero desde luego yo no quiero ciudadanos “así” en mi preciada Chiclana. (Cabe recordar que estos ciudadanos anónimos son hijos, hermanos, y sobrinos de otros tantos que bien podrían haber corregido estas actitudes cuando se comenzaron a vislumbrar a tempranas edades).

También en septiembre, parece que el viento de levante, todos esperamos que haya sido el causante, ha tumbado uno de nuestros preciados dioses Melkart, junto a la orilla de Sancti Petri. Este evento, que a ojos de un fenicio sería un terrible presagio, nos advierte también de que el patrimonio que existe en nuestras calles es también de nuestra propiedad y que deberíamos cuidarlo como propio, más aún en nuestra nueva tarea de querer más a nuestra ciudad.

Y llega el día de la patrona, aunque no huela a mosto por las calles, al zumo de uva que antaño se desprendiera de los tractores que transitaban entre las viñas y las bodegas, el que se perdía de los “zerones” de las bestias que llegaban del campo. Un año en el que la cosecha no está siendo tan gloriosa como se esperaba, por causa de las sucesivas olas de calor, pero que nos recuerda que también tenemos que mostrar nuestro apoyo a una de las pocas industrias que quedan vigentes en el término municipal, la del vino.

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