¿Cómo encajamos la muerte de un ser querido?

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Tras la inmensa conmoción que nos ha causado la muerte del pequeño Gabriel y la inmensa oleada de solidaridad y empatía que se ha generado a raíz de este fatídico hecho, hoy más que nunca me gustaría hablar del duelo.

La muerte de un ser querido siempre supone un momento doloroso y triste que nos sume en un estado emocional negativo el cuál necesita de la elaboración de un duelo sano. El duelo es una reacción humana adaptativa, necesaria, normal y esperable ante la pérdida de algún ser querido. Cada persona elabora su duelo, éste es un proceso único e irrepetible y no es un proceso que siga unas pautas universales.

A continuación, paso a redactar cuatro tareas descritas en el modelo de Worden, que son útiles para poder hacer frente al duelo.

1. Aceptación de la realidad de la pérdida. Es necesaria la aceptación emocional de la misma. Esto no consiste en aceptar la pérdida como algo positivo, sino aceptarla como algo real, aunque es un proceso duro. Si no aceptamos la pérdida de nuestro ser querido como algo real, es difícil que podamos avanzar hacia una adecuada resolución del duelo. El hecho de explorar qué se ha hecho con las pertenencias de la persona fallecida, nos permite avanzar resistencias y miedos, mencionar el hecho de la muerte y lo duro que resulta aceptarla o hablar sobre el tema, son cosas que nos ayudan a aceptar la realidad de la pérdida.

2. Identificar y expresar sentimientos. La expresión de los sentimientos es importantísima en la elaboración del duelo. Es necesario permitirse, apoyar y validar la expresión de nuestros sentimientos. También es muy importante ponerles nombre a nuestras emociones y darnos permiso para sentirlas, ejercer un control sobre esos sentimientos. Es necesario resaltar que el hecho de que podamos empezar a ir sintiendo alegría en algún momento puntual una vez pasado un tiempo, no debe conllevar una culpabilidad por sentirla, es un derecho que tenemos y que no significa olvido. Igualmente ocurre con la expresión de la tristeza, es necesario que la persona que está viviendo el duelo sea estimulada para expresar esa tristeza a la vez que el llanto, ayudarle a entender que la tristeza es adaptativa y es necesaria su expresión. Por último, compartir nuestros sentimientos con nuestros familiares también nos ayuda a elaborar un duelo sano, el consuelo de nuestros allegados y su soporte emocional es importante para poder dar nombre a nuestras emociones.

3. Adaptarse a vivir en un mundo en el que nuestro ser querido ya no está. Este resulta ser un paso también muy duro en el que tenemos que seguir nuestras vidas y adaptarlas a la nueva situación sin la otra persona. En este momento una de las cosas más importantes que podemos hacer es evitar acciones que supongan un cambio muy drástico al poco tiempo del fallecimiento, intentar seguir tal y como ha sido hasta el momento, ya que no es el momento apropiado para cambiar de residencia, por ejemplo, o vender alguna propiedad. Cada acción tiene su momento y el momento del duelo hay que respetarlo. Por otro lado, es útil preguntarse ¿qué ha cambiado desde que mi ser querido no está? y a partir de ahí empezar a ir tomando control sobre aspectos que quizás antes eran controlados por nuestro ser querido, dedicarle energía a algo nuevo, ya que esto supone restársela a todo lo anterior y al recuerdo. Aunque pueda parecer duro, poco a poco hay que ir adaptando nuestra vida a la nueva circunstancia vital y debemos ir avanzando paso a paso por mucho que nos cueste.

4. Facilitar la recolocación emocional de la persona fallecida para poder seguir vinculándose y amando. Esta tarea no consiste en olvidar a la persona fallecida, sino en darle un lugar simbólico y recolocarlo emocionalmente, es decir, otorgarle un lugar en nuestro pasado emocional que nos permita poder seguir nuestra vida y pensar que ésta puede seguir teniendo sentido y podemos, no obstante, volver a ser felices. Se trata de reestructurar el tipo de vínculo y la forma de relacionarnos con nuestro ser querido, aunque haya fallecido el vínculo siempre seguirá estando vivo.

Esta tarea nos permite darnos permiso para disfrutar y para amar, recordarnos el derecho a ser feliz. El objetivo no es reemplazar lo irreemplazable, sino recolocar nuestro vínculo y su lugar emocional. Consiste en empezar a tener nuevas perspectivas de futuro, nuevos fines, generar nuevos significados, no olvidando a nuestro ser querido, sino dándole un nuevo lugar en nosotros.

Descansa en paz niño Gabriel. Descansa en paz, pescadito. Que tu inmensa sonrisa. Que tu sonrisa risueña, no caerá en el olvido.

Oliva Castro – Psicóloga Sanitaria –

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