La reforma de la Fuente del Común en el año 1886

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La Fuente del Común o Fuente Vieja dio agua a los habitantes de Chiclana durante siglos

El agua, imprescindible para la vida, es hoy un bien alcance de la ciudadanía con un simple giro de grifo. Pero no siempre fue así a lo largo de la historia. Aunque los romanos conocían el grifo en el siglo I. d. C. no fue hasta la invención– en el siglo XIX– de los grifos de retención y desagüe cuando se generaliza su uso en Europa. El agua corriente y los grifos tardaron en llegar a Chiclana. Aquellos que nacimos en la mitad del siglo XX, lucimos canas o venerables calvas, llegamos a conocer el oficio de azacán o aguador que traía el agua de la Fuente del Común o Fuente Vieja. Una fuente que dio agua a la ciudad durante siglos a los habitantes de esta ciudad junto con la Fuente de la Plata y la Fuente Nueva.

Durante el periodo de la Restauración, un periodo histórico que abarca desde el advenimiento al trono de Alfonso XII (1874) hasta la mayoría de edad de su hijo póstumo Alfonso XIII (1092), España conocería en su primera parte más luces que sombras. Chiclana, del mismo modo, vivirá esa primera época con un impuso social y económico importante que se vio reflejado en su sociedad. Desde entonces y hasta la aparición de la filoxera la población mejorará con respecto a otras décadas de mediados del siglo XIX.

La Fuente del Común estaba situada en la Banda junto a la orilla norte del río Ir

Un buen ejemplo de ello es el número de obras públicas realizadas por el Ayuntamiento para el bienestar de la ciudadanía. Una de ellas fue, por considerarse primordial, la reparación de la Fuente del Común situada en la Banda junto a la orilla norte del río Iro, en la explanada de la Vera del Rio. Sus condiciones de salubridad no eran las adecuadas para una población de 10.339 habitantes. Era la única fuente de agua potable que podía suministrarla. El caudal del vaso de la fuente no superaba los 30.000 litros a primera hora de la mañana, y en verano, cuando la necesidad de agua era mayor, se consumía al mediodía con lo cual había que suspender la saca de agua y acudir a la de la Plata, pues esta fuente no producía el caudal necesario. De hecho, entonces era un pozo –el Pozo de la Plata– que se había cerrado al Común por su proximidad al cementerio de El Ejido, y por las filtraciones del río Iro.

En 1885 el Cabildo aprobó el proyecto de reforma de esta fuente

El asunto era de vital importancia para la población y se había llevado a Cabildo en varias ocasiones. Así, siendo alcalde de la ciudad Pedro González Tocino, se acordó en la sesión ordinaria del 7 de julio de 1885 –en su punto noveno– que el Cabildo aprobase el proyecto de reforma de la fuente pública o Fuente del Común, que ascendía a 17.237 pesetas con 47 céntimos. En la memoria explicativa del maestro titular de obras del Ayuntamiento, Juan Bautista Olivares, se exponían las condiciones en que se hallaba la citada fuente y las razones para reformarla, pues tenía una “necesidad importantísima y es de suma utilidad para el vecindario, puesto que se hace desaparecer el sucio y asqueroso medio de sacar las aguas por el método ordinario de las cubetas para vérterlas en una tina donde cada cual introduce los cántaros o recipientes para llenarlos”. Era imprescindible “evitar dicho método rutinario y repugnante, aparte de otros abusos, es el objeto de tal reforma; llenandose sobre todo un punto muy principal cual es el de la hijiene que en tales lugares debe existir y el público. El proyecto consistía en hacer un gran depósito para evitar la escasez de agua. Para ello se construiría “un pabellón aislado de fábrica de ladrillos limpios por ambos paramentos con bóveda de rosca” en la explanada existente frente a la calle Salsipuedes. Tendría una forma octogonal con una escalinata hecha de ladrillos y losas de piedras de Tarifa que llegaban a la misma fuente donde se distribuirían los grifos para tomar el agua del servicio público. Además, se añadiría una cañería para el desagüe que iba a parar directamente al río y siempre contando con la pleamar, pues en caso de una subida extraordinaria, avenida de agua o gran riada, se cerraba para evitar la inundación del suelo del pabellón.

El nuevo depósito aumentó la capacidad de agua a 51.000 litros

Con la construcción del pabellón y el nuevo depósito la capacidad de agua aumentaría a 51.000 litros, además de otros 15.000 del propio manantial. Ambos serían suficientes para atender a la población sin interrupción del servicio de la fuente que comenzaba a las cinco de la mañana y finalizaba a las cinco de la tarde: doce horas de saca y otras doce para que se repusiera al depósito y el manantial. Antes de finalizar el siglo, en 1893, se repararía su pavimento y se cambiarían los grifos. Aún tardaría más de medio siglo en cerrarse al público.

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