Rincones

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JESÚS ROMERO

Director T. Moderno

A juzgar por el número de visitantes -y entendido éste como satisfacción corroborada- aquella exposición fue un éxito. Es lo que tienen, a falta de matices, las ciencias contantes y exactas. Se llamó “Tu foto favorita”. Y, visto lo visto en sus tres ediciones, bien se podría haber llamado tu foto antigua favorita. Pero no hizo falta más aclaraciones: los participantes lo tenían bien claro: puestos a preferir, se decantaban por una foto antigua.

Y aunque pasa el tiempo, en principio, con más rapidez y más voracidad sobre nosotros que sobre las cosas que nos rodean, ¡oh, sorpresa! Resultaban con frecuencia más reconocibles los rostros lozanos de ayer, hace años ajados, que las calles y rincones de Chiclana. Así, el acertijo planteado cambió de objeto, y del ¿sabes tú quién es esta niña? pasamos al ¿a que no sabes qué calle es esta? Y a veces, muchas veces, demasiadas, tardábamos en responder, perdidos entre tanteos y errores, como rata despistada en los laberintos de Skinner.

Y no lograr identificar el dónde, se nos perdía a ratos la memoria sin saber dónde agarrarse. Un comentario, por lo general repetido: irreconocible. Más difícil reconocer una calle de ayer que una cara de antes de ayer. Y se repetía esta observación con no poco pesar. Como si fuera cierta aquella aseveración -tantas veces peligrosa por lo que de invitación a la melancolía y a la nostalgia contra la esperanza tiene- de Manrique: cualquier tiempo pasado fue mejor. Los pueblos, las ciudades han de cuidar que, al mirarse en el espejo, les pase lo que a nosotros al hacer lo mismo: que nos veamos distintos, pero reconocibles; que no somos lo mismo que ayer, pero que seguimos seguimos siendo los mismos. Que resulten identificables, aun mejoradas. De empeorados, ni hablo. Eran fotos de otro tiempo que se dirían de otro lugar. Exilios. Destierros.

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