Vuelve el tiempo de los caracoles

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Con la llegada del calor vuelven a aparecer en nuestras calles figuras como las vendedoras ambulantes de caracoles, un guiso tradicional que está presente ahora en la carta de muchos bares de Chiclana

Llega el calor y con él uno de nuestros sabores más antiguos y mejor conservados. Los caracoles acuden a su cita anual en cuanto se asienta la primavera y empieza a asomar el verano.

Y es que para los aficionados a este guiso tradicional, es esta la época del año en la que el producto está en las condiciones óptimas para su consumo.

Este molusco se consume desde la época de los tartesos y fenicios

Un producto que es todo un clásico de nuestra gastronomía, ya que este molusco es además sano y nutritivo, con menos de un 1 por ciento de grasa y de fácil digestión.
Estos animales se comen desde los tiempos de los tartesos y fenicios. También eran muy apreciados por los romanos, que fueron los primeros en construir granjas para su cría. Su carne es baja en grasas y contienen muchas vitaminas (B1, B2, B3 y E) y sales minerales como calcio, hierro, magnesio y zinc.

Y con la llegada del tiempo de los caracoles, es momento también de recobrar imágenes como la de las vendedoras ambulantes de estos moluscos gasterópodos, que es como biológicamente se denomina a los caracoles.

una tapa de caracoles junto a una caña fría es un remedio para el calor

Una actividad que cosas de la modernidad, cada vez es menos frecuente porque cada vez está más extendida la fórmula de acercarnos a algún bar y comprar para llevar si se quiere degustar en casa, ahorrándonos así las molestias de tener que cocinarlos.
Esta modalidad de venta fue muy utilizada por algunos establecimientos chiclaneros en los días en que solamente era posible acudir a un bar a recoger un pedido.

Otra fórmula de consumo muy popular en Chiclana es paladearlos en alguno de los numeros bares que durante estos días lo anuncian como una de sus tapas estrella. No en vano, para muchos, una tapa de caracoles es uno de los mejores remedios que se han inventado para sobrellevar la subida de las temperaturas, degustándolos en una terraza con veladores, con una caña de cerveza muy fría, aprovechando que ya se puede volver a los bares.

Un plato tan tradicional que en cada casa, en cada bar, en cada preparación se encuentran unos toques particulares, que sirven para debatir en dónde se pueden encontrar los mejores caracoles.

En nuestra ciudad, en muchos establecimientos podemos encontrar los caracoles, pequeños y servidos con un caldo muy especiado, y también las cabrillas, más grandes y normalmente servidas con una salsa de tomate.

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