Vinos de Chiclana en el mercado internacional

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A lo largo de la Historia, los vinos locales han recibido numerosos reconocimientos a su calidad

E l pasado sábado 22 de octubre se ha celebrado el Día del Movimiento del Vino y Denominaciones de Origen de España en el que se reunieron 36 de ellas para, en un gesto simbólico, brindar por contribuir a la riqueza vitivinícola de nuestro país y hacerlo desde la sostenibilidad medioambiental, económica y social e impulsar a su vez las zonas rurales donde se producen los vinos de cada una de ellas. Y es que el vino español está ocupando un importante lugar en la gastronomía nacional e internacional según el Observatorio Español del Mercado del Vino. No solo en Europa, también en América los vinos españoles están triunfando. México, como históricamente ha venido siéndolo, es el mayor importador de vinos españoles aumentado este año su importación en un 53%. También en Estados Unidos su venta ha superado el 12%. En Europa: Reino Unido, Suiza y Alemania destacan en el consumo del vino español y, en Asia, China.

Los vinos chiclaneros compiten en todos los mercados

Al hablar de vinos españoles incluyo, como no, a los nuestros de Chiclana que compiten con los mejores en el mercado nacional e internacional obteniendo reconocimientos en diversas guías como la afamada Peñín de los vinos de España o en la internacional del prestigioso catador, Robert Parker. En ambas ha sido reconocida la Bodega Manuel Aragón S. L. (1815), y en la de Parker, las Bodegas Primitivo Collantes S. A. (1898). Además de ellas, este año otras dos han participado en el Salón Internacional de los Vinos Noble: la Bodega Unión de Viticultores Chiclaneros (1992) y las Bodegas Vélez (1857).

Los siglos XVI y VVII vieron la plantación de numerosas viñas en la localidad

En la historia vitivinícola chiclanera otros vinos, otras bodegas, obtuvieron el beneplácito y aprobación no solo de nuestra comarca, sino allende nuestras fronteras. Desde la Baja Edad Media sabemos de la existencia de viñedos, aunque fue durante el siglo XV, según las investigaciones del profesor Franco Silva recogidas por nuestro malogrado historiador Domingo Bohórquez (1951-2001), cuando comienzan las primeras plantaciones tras una demanda del Concejo al duque de Medina Sidonia ante la petición de los vecinos. Sin embargo, las grandes superficies de tierra roturadas para plantar viñas en nuestro término municipal llegaron en los siglos XVI y XVII al influjo de la Carrera a Indias y del propio comercio americano, y al europeo –Flandes–. Aunque aún desconocemos –por falta de documentación– su desarrollo y evolución en número de arrobas para estos años. En el año 1769, el vino de Chiclana “se exportaba hacia el norte de España, la India Oriental y Nueva España una importante parte de la cosecha (…) que fue regular, 374.391 arrobas de vino de yema, sin incluir los aguapiés y los aguardientes”.

En el siglo XIX, los vinos de Chiclana iniciaron una nueva época de auge

Nuevas roturaciones en el siglo XVIII consolidaron el sector y en el XIX, después de la recuperación social y económica tras la invasión del ejército imperial francés, los vinos de la villa iniciaron un nuevo auge. En el periódico “La Voz de México” –de la capital–, en un anuncio aparecido en junio de 1873 decía: “Vinos españoles recibidos en México por primera vez. No los hay en ninguna otra parte. Se recibieron esta semana. Vino de la Loma, botella, un peso. Vino blanco de Chiclana, botella, un peso. Vino tinto de Chiclana, botella, 0,75 pesos. Hay además vinos generosos de todas clases enteramente puros y garantizados…”. Días más tarde, otro periódico mexicano, “La Iberia” añadía: “Vino Bueno. Nuestros lectores habrán visto estos días en el lugar correspondiente un aviso en que se habla de unos vinos españoles que acaban de llegar a la tienda de La Papelería situada en la esquina del Puente de Jesús María y el de la Leña. Los hemos probado, y podemos afirmar que son excelentes. Los dos blancos, el de Chiclana y el de la Loma, son de color de oro como los de las orillas del Rhin y del Mosela, y el tinto de Chiclana seduce al más indiferente con su rojo color centellante. Ninguna mesa bien puesta debe estar sin estos vinos; y nuestro amigo el Sr. D. Alonso Noriega puede decir con razón que no los hay en ninguna otra parte”. Otros anuncios aparecieron en México en 1903 y 1913, antes y después de la plaga de la filoxera.

Diferentes vinos de la ciudad triunfaron en distintas ferias internacionales

No faltaron en el XIX los grandes premios como el de 1876 durante la Exposición Universal de Filadelfia en los que fueron premiados con una medalla de plata los aguardientes del bodeguero –y más tarde alcalde de Chiclana– Fermín Urmeneta García de Carrasquedo (1877-1883). En 1895, en la XIII Exposición Universal Vitivinícola de Burdeos, el vino tinto “Rouge Royal” de la Colonia Vitícola de Campano, de Manuel José de Bertemati Pareja, marqués de Bertemati, obtuvo una medalla de oro. Y cinco años más tarde consiguió otra del mismo metal en la exposición de París. Finalizaba bien la centuria para los vinos de Chiclana, pero en el horizonte se vislumbraba la terrible filoxera.

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