El Museo acoge la exposición «La creación del mundo», basada en el libro y en el lenguaje
Texto: Jesús Romero
“La creación del mundo”. Dicho así, con este título, podría parecer otra cosa. Y más de uno nos ha preguntado al respecto. Pero pasen y vean no es mala respuesta.
¿Y qué es lo primero que al entrar salta a la vista? Un par de textos, distantes en el tiempo y también en el espacio, reunidos, montado uno sobre otro, cabalgando -casi- el segundo a lomos del primero. Éste, un manuscrito latino en el que en letra minúscula aparecen algunas anotaciones en algo que ya no es latín; el otro, un texto mecanografiado de un célebre poeta. El primero, una página de las glosas emilianenses -texto de finales del siglo IX, principios del X- donde, junto con las silenses, se atisban los primeros balbuceos de nuestra lengua en intento de aclarar un textos en un latín que hace mucho había dejado de ser nuestra lengua común. El segundo, un poema que Neruda dedicó, entre tantos otros, a Albertina Rosa, amor de adolescencia o primera juventud de nuestro poeta chileno. Estos dos textos, reunidos como si una misma cosa a la entrada de la sala, nos da la clave de esta nueva Exposición Temporal del Museo de Chiclana: origen y devenir de la lengua española. Una exposición con la que celebramos este año ese Día del libro que se aproxima.

Pero… ¿por qué “La creación del mundo”?
Decía Ortega, a sabiendas de que el animal humano que naturalmente somos habita el universo y lo hace sometido a las leyes de propias del mismo, que el hombre no tiene naturaleza, sino cultura. O historia, que en otras ocasiones dijo.
De historia -la de la lengua española- va esta muestra y de cultura.
El universo es ilimitado, sí, pero se le queda, en su inmensidad, pequeño al hombre, acaso inhóspito también. Así, este acondiciona un minúsculo rincón del mismo y ahí -o sea, aquí- obra de sus manos, lo hace crecer creando el mundo, su mundo. Y esta creación del mundo es en muy gran medida resultado del lenguaje. Aunque el lenguaje es mucho más que las lenguas, herramienta del discurso -del pensar y el decir-, de alguna manera hubimos de acotar y decidimos hablar de la creación del mundo a través de la lengua que habitamos y somos, la lengua que hacemos y nos conforma. En nuestro caso, la lengua española, patria cultural de cuantas personas la compartimos, también creativamente en su dinamismo.
Arranca, la exposición con esas glosas que antes mencionamos, y hace su primera parada en las grandes obras que precedieron a la gramática: El poema de mío Cid, el Libro del buen amor -aquí representado en el códice Gayoso y en el de la Universidad de Salamanca-, o El conde Lucanor, entre otros.
Tras ellos, una fecha clave para nuestra lengua y para nuestra Historia: 1492. Dos acontecimientos marcarán el devenir de la lengua española: por un lado, la publicación de la Gramática española de Nebrija -que aquí mostramos acompañada de su sintaxis o de su diccionario latino comentado en español; por otro, el encuentro con América, que no sólo propiciará la expansión de nuestra lengua, sino que, además, la enriquecerá. Una vitrina dedicada íntegramente a esta época recoge bellísimos códices que subrayan el interés por preservar la cultura y la lengua aborígenes -y a éstos aborígenes mismos- por parte de ilustres españoles, así como obras en español producidas por nativos americanos.
Lo demás, hasta rematar con Neruda y Cernuda, pues lo más sabido: los Siglos de Oro -porque desde hace algún tiempo se suma al XVII, también el XVI -siglo en que un balbuceo poético alcanza en el Cántico de san Juan de la Cruz altísima cima poética de nuestra lengua- y, entre otras obras de primera, algunas cosas de la llamada Generación del 27. Nuestro mundo, que, dinámico, suma y sigue. Una serie de retratos de autores completan esta muestra.

