El Museo de Chiclana se sumó a la celebración del Día Internacional de los Museos
Hay tantos días de casi todo, que ya muchas veces toca a más de un asunto por jornada. Necesitamos años más largos o días de tantas horas que podamos trocearlos y celebrar así el Medio Día Internacional de la Frambuesa y la Tarde Mundial del Libro o el Planeta.
El recién pasado día 18 del mes en curso celebrábamos el Día Internacional de los Museos. Nosotros -y tantos otros que, por tal de facilitar el acceso al público, cierran precisamente los lunes- lo celebramos a puerta cerrada, que no a museo cerrado, pues dentro andábamos liados con urgencias -con urgencias emergentes y no emergentes- y con esas esas tareas siempre pospuestas que como pueden esperar terminan abandonadas en el banco de la paciencia esperando algún tirón de orejas que, al cabo y contra las cuerdas, obligue a la premura.
El trabajo entre bambalinas permite que el museo pueda cumplir su labor
Una de las tareas que abordamos este 18 de mayo en el Museo, para celebrar su Día, entraba dentro de la categoría de urgencia no emergente, pues era cosa que sabíamos necesaria desde un tiempo atrás y que a la vez no podíamos abordar de manera inmediata pues habíamos de esperar a la clausura de la exposición temporal vigente en la sala.
Así que nuestro 18 de mayo fue lunes de desmontaje rápido y almacenamiento provisional de obras, lunes de martillazos insistentes y polvo invasivo buscando escondrijo en los rincones, de vistazos en coro al pantone buscando colores más oportunos y eficaces. Encuentros necesarios que de otro mundo dividido que de cuando en cuando tiene que reunirse para sacar adelante -cada cual en los suyo que es lo nuestro- un proyecto común que, como si duendecillos nocturnos, trabajamos entre bambalinas, fuera de foco, los lunes sobre todo. Cosas, en fin, que no se ven pero que cuando asoman la patita de martes a domingo cobran relieve y saltan a primer plano, tal las huellas del las aguas infrecuentes por aquí pero abundantes a lo largo de este último invierno que puso sus dedos en las llagas inadvertidas u olvidados en la confianza de, como en el sur de California nunca llueve.
El Museo reúne culturas y obras de arte de distintos estilos
Asuntos de albañilería, de enlucido y pintura de paredes entretejidos con labores de despacho y prácticamente sin tabiques. En los museos pequeños todos hacemos, en lo posible un poco de todo y arrimamos el hombro a tareas que nunca son exclusivamente del otro, puesto todo resulta en fin -uniendo un mundo dividido- tarea nuestra.
Luego, claro, el Museo reúne. Reúne, por ejemplo, tiempos que, para entender -y para no entender (todo o nada hegeliano)- dividimos y compartimentamos; reúne culturas que se sucedieron o cohabitaron -confrontaciones a veces que, contra todo pronóstico acabaron en sincretismos inesperados de aristas suaves-; acontecimientos que fueron fruto de una animadversión más o menos dirigida que hoy -vísceras al margen- contemplamos juntos sin sarpullidos como si cosa definitivamente ajena; obras de arte contemporánea que cohabitan sin estridencia y en concordia un mismo espacio con piezas, por ejemplo, de decimonónicas o renacentistas…
Una de nuestras piezas al respecto -casi instalación que las vuelve en conjunto sólo una- y a la que ya dedicamos hace tiempo una amplia reflexión -queremos creer que también honda en la medida en que tan escasas líneas lo permiten-, es un pecio, un pecio de ánforas africanas. Romanas y africanas, queremos decir. Pues a fuerza de cayucos y pateras hemos olvidado -etnocentrismo nuestro y desprecio de otros- que el mar no fue siempre el mar del Telediario, supuesta frontera natural entre los seres humanos. Que el mar fue una vez camino. Camino más cómodo, más barato y más seguro, tendido el puente sin puentes entre los pueblos.
Esta vitrina de la Exposición Permanente que ahora referimos nos habla de esa función que los museos -también un museo humilde como el nuestro- cumplen en su afán de unir un mundo dividido. Hoy otras. Otras vitrinas que abundan sobre ello. Otras divisiones que no son. Basta mirar de otro modo.

