“Nunca terminamos de aprender, los retos son permanentes”

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juan

C.REYES/Chiclana

El futuro es incierto y nunca se sabe las vueltas que puede dar la vida. Se pueden surcar los mares, recorrer océanos, conocer mundo pero llega un momento en el que uno prefiere pisar tierra firme para encontrar su sitio lo más cerca posible de los suyos. Esto fue lo que le ocurrió al chiclanero Juan Moreno, conocido desde hace ya años por las tortas Inés Rosales pero, para llegar  a esta situación, tendrían que pasar varios años y adquirir experiencia como empresario. Juan nació en la casa de los Rivera Moreno en la calle Jesús Nazareno. Él recuerda su infancia en las céntricas calles de Chiclana, de las que guarda buenos y bonitos recuerdos. Y, aunque desde hace ya años reside en Sevilla, sigue manteniendo una gran vinculación con esta ciudad, ya que tiene familia chiclanera y sigue escapándose cada vez que puede aunque confiesa que Chiclana “ha cambiado mucho”.

En lo que se refiere a su etapa profesional, en primer lugar se dedicó a la marina mercante, por lo que se embarcó durante nueve años en varias navieras españolas y extranjeras. Al tener su primera hija con su esposa decidió que su etapa de marino tenía que concluir por lo que comenzó una nueva aventura en Valencia donde fue director de una fábrica de calderería, aunque trató de buscar trabajo por el sur  ya que le  “tira mucho”. Después de dos años ocupó la plaza de director de producción en una fábrica de algodón de Sevilla. “Cambios muy grandes, de lo duro del hierro a lo blando del algodón, aunque todos estos cambios en mi vida me han ayudado a sortear las dificultades que se encuentra un empresario”. Paralelamente tiene un gabinete de consulta energética y de gestión de plantas y fue por ello por lo que contactó con una pastelería industrial en Écija, donde también trabajó como director. A partir de entonces comenzó a conocer y a admirar a Inés Rosales, y qué caprichosa es la vida que, tras trabajar durante cinco años en la empresa astigitana, en 1985, por una serie de dificultades que atravesaba Inés Rosales, la ponen en venta, momento en el que fue adquirida por Juan junto a otros socios que, con el tiempo, se fueron desvinculando de la empresa hasta que, finalmente, Juan asume la totalidad del capital en 1995, convirtiéndose en el único propietario y presidente de la misma.

Su formación se va complementando con másteres de diversa índole pero siempre orientado a la dirección de las empresas. “Nunca terminamos de aprender, los retos son permanentes. Las cosas no duran más de un cuarto de hora y menos ahora”. Intenta transmitir su pasión creativa a su equipo ya que, como él mismo dice, “sin ellos no hago nada”. Cuando llegó a la empresa no pudo evitar sentir decepción por las instalaciones de esta marca icónica aunque mucho tiene que agradecerle a Inés Rosales, la mujer que en 1910 sacó de la cocina hogareña y del viejo recetario familiar su producto estrella, la torta de aceite. Gracias a un proceso de renovación de todo el sistema productivo, consiguieron seguir hacia adelante, manteniendo los valores tradicionales de su elaboración artesanal. Así, con más de 100 años de vida, Inés Rosales ya es más que conocida por todo el mundo.

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