“Cuando sopla el viento, las esculturas parecen bailar entre ellas creando una bella danza de cetáceos”

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T. ARIZA/ Chiclana

Se le puede definir como “el escultor del viento”. Sus inicios en este arte fueron ayudando a su hermano en la realización de las esculturas de Jaramago y a Dionisio Montero, ubicadas en la Alameda del Río y en la Casa de la Cultura respectivamente. “Fue ahí cuando me di cuenta de que había nacido escultor y moriré siendo escultor” afirma. Sin embargo su verdadera pasión estaba en el mar y en las joyas que esconde.

Sentía la imperiosa necesidad de poner en valor un producto tan valioso como el atún y rendir homenaje a la importante industria almadrabera del poblado de Sancti Petri. Comenzó a investigar sobre los lugares donde se usaba el arte de la almadraba y así surgió “la ruta de los atunes”, unas majestuosas veletas erigidas en siete poblaciones de la costa gaditana: La Línea, Tarifa, Zahara, Barbate, Conil, Chiclana y Cádiz. A Pedro Barberá le gusta que sus esculturas, al margen de su belleza artística, tengan una utilidad. “Me llenó de satisfacción cuando me contaron que los pescadores de Barbate miran mi veleta para saber en qué dirección sopla el viento ese día antes de salir a faenar” asegura el artista.

Pero la vocación didáctica de Pedro Barberá le llevó también a mostrar al mundo entero la importancia del Estrecho de Gibraltar como punto de interés internacional de avistamiento de cetáceos. “Esos monstruos marinos de los que ya tenían conocimiento los primeros navegantes del Mare Nostrum y que se encontraban una vez pasadas las columnas de Hércules”. Bajo esta idea nace la exposición Kêtos, en alusión al vocablo griego que da origen a la palabra cetáceos, que durante todo el verano se puede contemplar en el chiringuito Atenas Playa. Allí, a orillas del Atlántico y en perfecta armonía con sus instalaciones de madera, se observan cuatro colas de especies que se pueden encontrar en el Estrecho de Gibraltar: cachalote, rorcual común, orca y calderón. Serie que se verá ampliada en las próximas semanas con tres piezas más. También se exponen maquetas de esculturas de cetáceos. Una muestra que permanecerá instalada en este idílico lugar hasta finales del verano.

La mayoría de sus obras son cinéticas, en este caso, movidas por el viento. Por ello, en días de levante, las esculturas parecen bailar entre ellas recreando una danza romántica “en la que no se sabe si el viento las mueve a ellas, o son ellas las que modelan el viento al pasar”. El material predominante en su obra es el acero inoxidable marino que, además de resistir mejor la oxidación causada por la salinidad en el aire costero, crea una impresionante similitud plateada con las escamas y la piel de peces y cetáceos, aportando un brillo especial que, con la escultura en movimiento, desprende hipnóticos destellos con los rayos del sol, o de la luna.

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