Aprendiendo a plantar cara a la enfermedad del olvido

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T.ARIZA/Chiclana

La enfermedad de Alzheimer ya no es una gran desconocida como ocurría hace años y, aunque aún no se ha descubierto una cura, se ha avanzado en la investigación sobre sus distintas fases y el trabajo que se puede realizar con los pacientes para frenar su avance.

Esa es la misión de los profesionales que trabajan en centro de día de la Asociación de Familiares y de Alzheimer La Aurora. Una asociación que nace en 1999 por iniciativa de su presidenta, Juana Aragón, a raíz de que a su padre le diagnosticaron Alzheimer. La ciudad contaba entonces con escasos recursos para atender a estas personas por lo que algunos familiares de enfermos de Alzheimer de Chiclana se pusieron en contacto entre ellos para compartir información y experiencias personales. Hoy disponen de un centro de 900 metros cuadrados, en la zona de Los Gallos, donde atienden a una treintena de usuarios, con edades comprendidas entre los 68 y los 91 años, la mayoría mujeres, y realizan talleres tanto con los enfermos como con sus familiares.

María Sambruno, trabajadora social de La Aurora, señala que “lo más importante es que los familiares los traigan desde el primer momento en que se diagnostique la enfermedad, porque es cuando, gracias a los talleres, se pueden mantener por más tiempo las capacidades que aún tenga el paciente. Nuestro objetivo es que la enfermedad avance a paso de hormiga en lugar de pasos de elefante”.

Cuando acude una persona diagnosticada de Alzheimer, o cualquier tipo de demencia, lo primero que hacen los profesionales de la asociación es una valoración cognitiva, física y sociofamiliar. Se inicia un periodo de adaptación progresiva en la que los talleres y actividades se adaptan al deterioro que presenta. Pero igual de importante es el trabajo que se realiza con los familiares o cuidadores, a quienes se les realiza un seguimiento para valorar la sobrecarga que puedan llegar a tener durante todo el proceso y se les ofrece asesoramiento y apoyo

El centro dispone de tres salas, según los tres estadios de la enfermedad, la primera de ellas dedicada a los usuarios del proceso inicial, en la que trabajan con fichas cognitivas, talleres de ocio, donde juegan al dominó o a las cartas, talleres de manualidades y talleres grupales para recordar costumbres o las actividades básicas del día a día como doblar la ropa o el aseo personal. En la segunda fase se trabaja con el método didáctico Montessori, basado en fichas y juegos que estimulan su nivel cognitivo, y por último, en la sala tres, se trabaja con personas en una fase avanzada por lo que  los talleres son de estimulación sensorial.

Sambruno asegura que su trabajo es muy gratificante puesto que “es la forma que tenemos de intentar encauzarlos durante todo el proceso de la enfermedad, que ellos sepan que no están solos y que pueden apoyarse en recursos que les permiten hacer el camino más tranquilos”.

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