Proliferación, en la sombra, de alquileres para celebraciones

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LUIS ROSSI/Chiclana

Grupos de Facebook, mensajes de whatsapp, webs de anuncios, cartelería en la calle… desde hace unos años cada vez son más las personas o entidades que deciden poner su patrimonio en alquiler para todo tipo de celebraciones. Desde chalés, con piscina o sin ella, hasta naves en polígonos o en el extrarradio, hay una extensa oferta donde se mueve una economía sumergida promovida, en la mayoría de los casos, por la situación de crisis que atraviesan las familias.

Estos anuncios no sólo ofertan el espacio en sí para la celebración en cuestión (comidas, cumpleaños, despedidas, comuniones, bautizos, bodas,etc), sino que también ofrecen un amplio surtido de complementos como castillos hinchables, carritos de chucherías o sillas de plástico, si así lo solicita el cliente. Incluso los más sofisticados ponen en la carta de precios contratar catering propio para los comensales.

El abaratamiento de los precios y esta “competencia desleal” han llevado a los empresarios de los salones de celebraciones a ponerse en contacto con la Asociación de Hostelería de Chiclana para denunciar tales negocios en la sombra. Según Vittorio Canu, presidente de la entidad, la clave está en que “no pagan impuestos, lo contrario que nuestros socios que, además, están sometidos a una inspección continua para revalidarlos permisos”. Esto se traduce en la obligación de actualizarse, según las normativas que van saliendo, e ir realizando los cambios pertinentes. Todo ello, según los empresarios, se resume en una frase: “pagar, pagar y pagar”. Canu afirma que no es la primera vez que desde su entidad denuncian estas prácticas, que están proliferando en los últimos años, suponiendo “una competencia desleal e injusta para el sector”.

Muchas de estas naves no cuentan con los permisos pertinentes o las licencias exigidas por ley. Amparándose en la figura de asociaciones no lucrativas, van realizando un “negocio pirata”, que no cumple las normas y que está haciendo un “daños terrible” al sector.  Además suponen una “desventaja” porque, según Canu, “la gente prefiere irse al campo para estar más apartado y tener así cierta intimidad”.

Este es el caso de una vecina que, puesta en contacto con El Periódico de Chiclana, reconocía que esta situación era muy común entre propietarios de naves y chalés. Su caso coincide con el de los propietarios de una parcela que decidieron invertir para acondicionar la nave y alquilarla para este tipo de celebraciones.

FALTA DE LICENCIAS

Dicen tener todos los “papeles en regla desde Sanidad”, pero no la licencia del Ayuntamiento. La Delegación de Urbanismo es la encargada de tramitar las licencias de apertura, pero desde esta área afirman que “al estar la zona recogida en el PGOU como no urbanizable, no pueden validarla”. Condiciones de seguridad, seguros de responsabilidad civil o incluso un proyecto para la instalación del castillo hinchable son algunas de las exigencias según aseguran desde la asociacion. Sin embargo, esto no es suficiente.

En este sentido, el presidente de los hosteleros, entiende que “debe ser la administración la que controle este asunto” para que “se pongan al día y puedan operar en igualdad de condiciones que el resto”. En la mayoría de los casos, como ocurre con las naves “piratas”, se usa el boca a boca como modo de llamada. Aunque, también se utilizan, cada vez más, las redes sociales para promocionar estos negocios. Por ejemplo, en grupos de Facebook dedicados a la compra-venta y al cambalache son habituales las entradas con teléfonos, fotografías, y, en algunos casos, teléfonos de contacto.

A MITAD DE PRECIO

Sin ir más lejos, algunos de los anuncios ofertan un alquiler de nave “dese 80 euros de lunes a jueves; 100 euros fin de semana”. Otros incluso ofrecen servicio de atracciones hinchables con precios como “140 euros sin monitor y 170 con monitor durante 8 horas”. Según los hosteleros, hay particulares que ofrecen servicios de comida “por la mitad de lo que puede ofrecer cualquier salón de celebraciones”, eso sí, “sin las condiciones de seguridad e higiene y sin las garantías exigidas”. Además, les preocupa que los consumidores piensen que los precios de una empresa hostelera son “abusivos”, cuando “tienen que poner un mínimo porque hay muchos impuestos que pagar”. Ante tales precios, en esta jungla de mercado también existe una competencia voraz entre ellos, llegando incluso a situaciones extremas, con denuncias y avisos a la Policía incluidos, según cuenta una arrendadora puesta en contacto con este medio.

En el caso de los chalés, cabe recordar que ya la Junta de Andalucía puso en marcha la Ley de Alquileres de Viviendas de uso Turístico, creando a su vez un registro de propietarios. En este caso, suelen ser segundas viviendas alquiladas para las celebraciones y, la gran mayoría, tampoco está reglada, ni cumple normativa alguna.  Una economía sumergida que, a veces, se camufla bajo asociaciones sin ánimo de lucro y funcionando a través del boca a boca, donde muchas familias encuentran un respiro para su economía.

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