La Chiclana salinera y bodeguera rinde culto a la sal y al vino

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LUIS ROSSI/Chiclana
Chiclana, tierra de vinos; Chiclana, tierra de sal. Un lugar como este debe tener, a disposición de vecinos y visitantes, un espacio donde conocer, recordar y enseñar aquello que a la ciudad le ha dado esplendor, riqueza y una cultura propia a lo largo de los años. Así las cosas, con la llegada del siglo XXI la ciudad ya empezó a pensar en unas instalaciones que pudieran acoger este Museo.
Debido a la gran cantidad de bodegas, y por desgracia a las que fueron cerrando, una oportunidad se alzaba con las conocida popularmente como “nave de Guerrero” (por las botas que allí albergaba), aunque fuera propiedad de la bodegas Primitivo Collantes.

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Se ubicaba en el centro, en la calle Concepción, esquina con la que posteriormente se le conocería como plaza de Las Bodegas donde, con los años, emergería el edificio del Mercado de Abastos y su centro comercial. Proyectos, tras proyectos, intenciones, presupuestos, cambios de Gobierno… todos los temporales posibles fueron sucediendo pero, como la vid requiere paciencia, la vendimia llegó y ahora es hora de recoger los frutos.
Una comisión se encargaría de empezar a trabajar en el proyecto en 2009, bajo la coordinación del periodista y gestor cultura Juan Carlos Rodríguez. El chiclanero presentó un proyecto que pretendía hacer realidad un espacio “vivo y dinámico”, en el que el visitante pueda tener “una idea lo más fiel y exacta posible de dos culturas, como son la del vino y la de la sal”. Con los años, preguntado por las intenciones del museo al coordinador, no ha cambiado mucho su discurso. Asume que el presupuesto ha ido variando y los problemas de financiación son los que han ido “dilatando en el tiempo” el Museo, pero hoy es ya una realidad.

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A MANOS DE EMSISA
Ya desde noviembre de 2015, y pasado por el Salón de Plenos en febrero del presente año, se presentó la memoria justificativa para que el nuevo Museo pasara a manos de la Empresa Municipal de Suelo Industrial.
Según explicaban, el motivo fundamental por el que convenía tal adjudicación a la empresa municipal, tanto de la gestión como del mantenimiento del Centro de Interpretación del Vino y la Sal, “es el económico y el de la eficiencia en la gestión”. Así, tal y como argumentaban la entonces delegada municipal de Fomento, Carmen Jiménez, y el propio interventor municipal, resulta “más eficiente y financieramente sostenible prestar el servicio de mantenimiento y gestión del equipamiento cultural a través de la empresa municipal Emsisa”.
El proyecto, que tomó el impulso definitivo el año pasado, se dividió hasta en tres fases para poder abordarlo económicamente. Una primera (con importe de licitación por valor de 132.287 euros) de remodelación y adecuación estructural de la nave, movimientos de tierra, etcétera; una segunda (licitación de 200.000 euros) que incluía los trabajos eléctricos y de albañilería, pintura y fontanería; y una tercera (189.631,20 euros) dedicada al contenido museístico en sí. Cabe reseñar que la adjudicación de esta obra está incluida dentro del Proyecto ‘Cádiz Origen de las Culturas’, en el marco del Programa Operativo de Andalucía 2007-2013, cofinanciado en un 80% por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y en un 20% por el Instituto de Empleo y Desarrollo Socioeconómico y Tecnológico de la Diputación.

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DIVERSOS ESPACIOS
Realizando un paseo por el interior del propio centro de interpretación, la bienvenida se da con una tienda donde poder adquirir el propio merchandising del museo, así como información del mismo y turística en general. En todo el espacio se alternan contenidos de valor por su antigüedad, información para contextualizar las estancias y describir la historia, así como pinturas, obras escultóricas y fotografías de artistas locales, así como un importante material audiovisual.
Tras la tienda, la visita comienza haciendo referencia a las 3.000 horas de sol al año que posee Chiclana, bajo una pantalla táctil que describe al astro rey. Lo siguiente es el mar, en el centro de la parte más amplia de la nave, donde una gran pantalla recrea diversos parajes de la ciudad vinculados al agua. “Este espacio es el más dinámico, puesto que los usos son diversos y está abierto a cualquier tipo de celebración que se pueda realizar”, como describe el propio Juan Carlos Rodríguez.
Antes de empezar el recorrido oficial, una maqueta se instala en el inicio de la sala central y diáfana del edificio. Se trata de una recreación de la antigua nave de Guerrero de las bodegas Primitivo Collantes y que muestra, de una manera representativa, lo que podría ser una bodega de estas características. Una obra creada por la Asociación de Belenistas de la ciudad y que supone un aperitivo para empezar la visita.

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MUNDO SALINERO
A mano izquierda se encuentra el espacio dedicado a la sal. Un lugar dividido en tres partes. Arranca con una estancia más histórica, presidida por una pared llena de ánforas, donde se explican los orígenes fenicios de la ciudad y el esplendor romano de la sal y de sus usos.
La segunda y tercera parte están divididas por una pequeña vitrina y ambas están más enfocadas al trabajo de las salinas en sí. Elementos etnográficos y herramientas de trabajo para extraer la sal (compuertas, parihuelas, varas, aperos tales como un serón o una albarda…)
Este lugar dispone de una pantalla táctil, para mostrar el oficio al visitante de una manera interactiva, con curiosidades como los términos específicos y el habla salinera. Está pensado para el público más infantil. Recreaciones de aves también sobrevuelan la estancia. La siguiente parte tiene un contenido audiovisual más actual y va dirigido a explicar las diferencias entre las salinas artesanales e industriales.
Una gran montaña de sal, obra realizada por Eduardo Martínez, con sal y un aglutiante, realza la importancia de un recurso primario tan importante y natural.

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DE LA TIERRA A LA MESA
Cambiando de dirección, entramos en la zona de la bodega y el vino. Diferenciada en luz y contenido, arranca la visita enseñando el origen del vino, la tierra. Las vides, la vendimia, los diferentes tipos de tierra (albariza, arena y barro) o herramientas de labranza, donde destacan unas botas de gran valor utilizadas para la pisa de la uva.
Una gran prensa procedente de Bodegas Barberá está instalada haciendo de puente entre la materia prima y el proceso de manipulación para llegar hasta el producto final.
Adentrándonos en este proceso, nos encontramos con materiales de laboratorio, así como los toneles de vino que dan paso a una colección de botellas y etiquetas que eran los productos que salían al mercado. Botellas de bodegas como la Vinícola, Viuda de Guerrero (Ponche Guerra – Moscatel El Abuelito), Virués y Moreno, Las Albinas, Bodegas Saucedo y así un largo etcétera. Al final de esta estancia, unas fotografías homenajean de alguna forma a los antiguos bodegueros, nombres como Miguel Guerra, Antonio Ruiz, Pepe Virués, Antonio Moreno…
Finalmente, para acabar, el reconocimiento al vino, un pequeño bar, dedicado a la degustación para los visitantes. Elementos que se han podido colocar y otros que, por cuestiones de espacio, permanecen guardados esperando su oportunidad. Destacar, como comenta el coordinador, que la gran mayoría del material es de vecinos de Chiclana que lo ha cedido al centro, valorándose este factor como determinante para que el interior del museo sea “casi al cien por cien de todos los chiclaneros”.

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MATERIAL AUDIOVISUAL
Así, el contenido utilizado en el centro de interpretación va desde herramientas, botas, prensas, elementos artesanales y la maqueta antes mencionada. No obstante, durante todo el recorrido se complementa con obras de artistas locales como José Luis Díaz de la Torre, Antonio Vela, José Manuel Sierra, Pedro Barberá o el antes nombrado Eduardo Martínez. De igual modo, las instantáneas acompañan la visita en cuadros colgados o en los paneles informativos, obras de Pedro Leal o Félix Alonso del Real, entre otros.
Para complementar todo esto, varias pantallas van ofreciendo un espectáculo audiovisual alusivo a la temática donde se encuentre. Protagonistas de las salinas o viñistas de toda la vida que van relatando la historia de su materia en cuestión, así como planos aéreos en una navegación por el río Iro, desde el caño de Sancti Petri hasta el puente de Nuestra Señora de Los Remedios, bajo la realización de Juan Antonio Guerrero. La música ambiental hace también de hilo conductor, con aires flamencos y coplas alusivas a la ciudad. Hoy jueves el museo quedará inaugurado con la visita de la presidenta de la Diputación provincial, Irene García, así como los representantes políticos locales, encabezados por el alcalde, José María Román.

Hoy se inicia una etapa y acaba otra. Una etapa de proyectos, de estudios, de trabajos previos, de probaturas y miles de ideas que salen a la luz, y otras tantas que no. Aunque se inicia otro tiempo donde, la que fuera la nave de Guerrero, volverá a ver la luz de unas puertas que se abren para conocer las tradiciones de una tierra rica en la cultura del vino y la cultura de la sal.

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