Agustín Benítez recibirá una de las tres Insignias de Oro de Sancti Petri

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C.REYES/Chiclana

El flamencólogo y joyero recibirá la Insignia de Oro de Sancti Petri 2016 el próximo sábado, con motivo de la celebración del Día de Andalucía

Cuando era pequeño su madre le decía que a su padre le gustaba el cante, tanto fue así que, finalmente, se aficionó al flamenco. Fue en la barbería de su tío, Miguel Pérez, donde comenzó a introducirse en este mundo en profundidad. Allí iban artistas como Rancapino o Camarón, quienes cantaban y hablaban sobre este arte. A partir de entonces comienza a relacionarse con personalidades del mundo del flamenco. Un día le invitaron a una cacería en Mairena, donde tiene su primer contacto con el cantaor Antonio Mairena. Agustín cuenta que, estando de copas, el cantaor se dispuso a cantar unas alegrías. Cuando acabó, Agustín se acercó a saludarle y le dijo que había tocado por “cantiñas, romeras y rosas entre otros palos, no sólo por alegrías”. El cantaor le miró serio y le dijo que él hacía los cantes por seguirillas y soleá pero que aún no se había adaptado a las alegrías de Cádiz.

Después de aquel encuentro, Antonio Mairena quiso ver a Agustín en más ocasiones, ya que apreciaba los conocimientos que tenía sobre el flamenco, por lo que le propuso ser su albacea. Gracias a él, el flamencólogo, aunque prefiere que lo llamen “aficionado al cante”, recorre muchoslugares para acudir a diferentes concursos como jurado. “Ser amigo de Antonio Mairena ocupó sólo las primeras páginas de mi vida en este ámbito. Me ayudó a hacer oído y escuchar a otros cantaores”.

Gracias a su amistad con el que fuera presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, y otras personalidades, fue nombrado vocal de la Institución Social para la Tercera Edad de los Artistas Flamencos, donde ayudó a aquellos que habían sido artistas pero que no habían tenido tanta suerte después. Ejemplo de ellos fueron ‘Tía Anica la Piriñaca’, ‘Juana la del Pipa’, ‘Tío Gregorio el Borrico’ o ‘Fernando Terremoto padre’. Siempre le tendió la mano a Escuredo para llevar a los cantaores a festivales y a concursos.

Agustín recuerda de manera especial la última grabación de Antonio Mairena, en la que estuvo presente. “Se llamaba ‘El calor de mi recuerdo’ y fue su último cante, una soleá apolá”.

A día de hoy, muchas peñas flamencas siguen contando con su presencia para que acuda a diferentes actos y para que intervenga en las votaciones de su Junta Directiva. Incluso le han llamado hace unos días de Vejer de la Frontera para hacerle socio honorífico de la peña flamenca.  Agustín cuenta con una colección de 15.000 discos de flamenco, además de muchos recortes de periódicos y fotos con grandes artistas del mundo del flamenco que conserva con especial cariño. Según dice “al flamenco hay que dedicarle mucho tiempo”, y él se lo ha dedicado

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