sábado, marzo 14, 2026
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«Cacao maravillao»

Antonio BarbaAntonio Barba

Catedrático de EU del Dto. de Medicina de la UCA.

Sin duda ha sido, y es, una bebida de dioses. Desde su descubrimiento el cacao nos ha enganchado por su sabor y sus múltiples y variables aplicaciones. Hoy no entenderíamos la repostería moderna sin el cacao o mejordicho, lo que obtenemos tras su procesamiento, el chocolate. A pesar de que los europeos lo conocemos desde el descubrimiento de América, inmediatamente asumimos el enorme valor que tanto la cultura maya como la azteca le daban a estas semillas.

Después de la colonización, y durante muchos años, se vino utilizando como moneda, de hecho, algunos colonizadores, entre ellos Hernán Cortés, pagaban a sus tropas con semillas de cacao. A pesar de su reconocido valor, el cacao no empieza a conocerse en Europa hasta siglos más tarde. En un principio, su uso y disfrute aparecía restringido sólo a la élite aristocrática, poco a poco adquiere prestigio como estimulante y se extiende por toda Europa, gracias a sus reconocidas propiedades energizantes y, según dicen, afrodisiacas. Si nos referimos a sus virtudes nutricionales, el cacao nos aporta variados y muy importantes nutrientes que les confieren a estas semillas numerosas propiedades y lo convierten en un alimento muy completo. Entre todas, destacamos como más significativas, las estimulantes que mejoran el humor, el estado de ánimo, combaten la tristeza, la irritabilidad y la ansiedad, gracias a que contienen, entre otros elementos, la cafeína, teobromina, teofilina y anandamina que tiene efectos manifiestos sobre el cerebro, provocando placer y lucidez mental. A estas propiedades energizantes, se añaden otras no menos importantes, como antioxidantes y reductoras que nos permiten y ayudan a combatir los radicales libres, el envejecimiento y el deterioro corporal. Entre los antioxidantes más reconocidos del cacao, se encuentran los flavonoides que tienen un efecto protector de la salud cardiovascular por su eficacia para prevenir la arterosclerosis.

Las propiedades del cacao, no se limitan a su consumo como chocolate. Su uso en la industria cosmética, se basa en sus acciones anticelulíticas, suavizantes, hidratantes y a la abundante presencia de polifenoles (antioxidantes) que contribuyen a la eliminación de grasas. Estas propiedades son el fundamento de su uso y aplicación en balnearios, bajo un procedimiento supuestamente terapéutico denominado chocolaterapia, que aunque su eficacia sea cuestionable, sus efectos placenteros, según dicen, resultan más evidentes. Bajo otras formas y apariencia, el cacao también tiene efectos diríamos que terapéuticos que tendríamos que tener muy en cuenta. Así, las semillas de cacao son beneficiosas para las arritmias y mejoran la concentración y la memoria. Sus efectos diuréticos nos ayudan a eliminar los excesos de líquidos de nuestro organismo. El aceite de cacao es muy adecuado para tratar los problemas de piel, quemaduras, erupciones y heridas. Las hojas tiernas de la planta se pueden usar para desinfectar heridas.

En polvo, parece ser útil para prevenir la arterioesclerosis, la artrosis y la diabetes. La manteca de cacao, que es uno de los ingredientes principales de los protectores labiales, lo usaremos para las fisuras y grietas en la cara, labios y senos, resultando también adecuado para las hemorroides y piel seca. Por todo lo comentado, del cacao podemos hablar mucho y siempre bien, y nos reafirmamos en sus virtudes nutricionales y saludables. Pero, sin duda, su éxito se debe mucho más al placer que nos aporta beberlo y, por ello, estamos muy de acuerdo con el dicho popular que dice, el chocolate excelente, para que cause placer, cuatro cosas debe ser: espeso, dulce y caliente y de manos de mujer.

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