Calle

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La calle lo dice todo. El relato de los días que vivimos está escrito en las aceras, no hace falta consultar la prensa para entender por qué esta pandemia ha triplicado sus números desde las pasadas navidades, funestas navidades.

Precisamente me detenía un señor mientras hacía unas fotos en una céntrica vía. Este buen ciudadano me confundió con un concejal y aprovechó para denunciar el terrible comportamiento de las personas que acuden al mercado de abastos, donde no guardaban distancia suficiente, decía. Al cabo de un minuto de conversación me confesó que acababa de perder a su hermano menor como consecuencia del COVID-19.

Lo que era tan lejano, la sensación de riesgo real, ahora está a pie de calle. Ya es imposible no estar relacionado directamente con alguien que sufre las consecuencias del temido coronavirus, incluso que ha perdido a algún ser querido.

Dos vecinas comentan el terrible episodio vivido estos días en la residencia de mayores del Novo Sancti Petri, donde son ya 16 las personas fallecidas tras el contagio que se detectaba pasadas las fiestas. Claro, decían, solo había que ver cómo se comportaban las personas, jugando a la ruleta rusa cada día señalado.

Un comerciante se lamenta en voz alta, estamos a poquísimos números de que se cierren todas las actividades no esenciales. No esenciales para los demás, murmura, porque para él es vital que su comercio abra sus puertas. Busca culpables.

Dos jóvenes conversan junto al cajero, una fuma como si no hubiera un mañana. Apenas hay unos centímetros entre ellas, a pesar de lo cual dibuja formas con el humo, supongo que ha practicado con la cachimba este fin de semana- ¿está la cosa fatal, no quilla?.

Hace mal tiempo, pero las personas solo hablan de estadísticas, de porcentajes de vacunados, de diales por jeringuilla, de habitantes infectados. Mientras, los jubilados agradecen que haya una obra bajo su ventana, al menos así están entretenidos, me decía una encantadora pareja. Era impensable que nos pudiera pasar a nosotros, que contábamos con la suerte de nuestra parte e igual debimos hacer un pequeño esfuerzo, pero las constantes denuncias de la policía local por incumplimiento de las directrices para mitigar la pandemia nos recuerdan lo contrario.

Les aseguro que no sé qué más contarles, asómense a su calle e intenten empatizar con lo que nos está sucediendo.

Artículo de Félix Alonso del Real.

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