Una carta al general Espartero, de sus amigos de Chiclana

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El general Espartero, símbolo del liberalismo, es un personaje vital para entender la historia de España

Había una calle en Chiclana, entre los años 1887 y 1984, que perpetuaba sobre la blanca pared de cal de una casa, su nombre y su figura como general y hombre de Estado. Un personaje vital para entender la historia de España de la primera mitad del siglo XIX: Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro (1793-1879) conocido como: el general Espartero, símbolo del liberalismo español durante el reinado de Isabel I (1833-1868).

Espartero se enfrentó, siendo un joven cadete de la academia militar de Sevilla, en los pinares de La Barrosa a los franceses del primer cuerpo del ejército imperial del mariscal Soult en la batalla de Chiclana, el 5 de marzo de 1811. Más tarde, su ascenso a oficial le propició participar en la guerra de la independencia del virreinato del Perú y, en la península, luchó contra los carlistas convirtiéndose en un importante jefe militar y protagonista indiscutible del “Pacto de Vergara”. Entre 1840 y 1843 fue nombrado presidente del Gobierno y regente sustituyendo a la reina madre, María Cristina de Borbón Dos Sicilias (1833-1840) que tras la revolución de aquel mismo año tuvo que dimitir y abandonar España camino de París. Con su salida de palacio, la Gaceta dejada de emitir el consabido parte oficial: “La reina y su augusta Real familia continúan en esta Corte sin novedad en su importante salud”.

Siendo un joven cadete participó en la batalla de Chiclana en marzo de 1811

A partir de entonces, Espartero dirige el país hasta la mayoría de edad de la princesa de Asturias, Isabel de Borbón, que se convertirá –con trece años de edad– en Reina de España, el 10 de noviembre de 1843. Entonces, Espartero, se retiró a su casa de Logroño, pero se mantuvo como expectativa política y referente de los progresistas. Aunque no volvió a la política activa cuando se inició un nuevo proceso conocido como la “crisis del moderantismo”, que pondrá punto y final al reinado de Isabel II con la revolución del 68, “La Gloriosa”.

La carta fue enviada por los políticos progresistas de la localidad

Es justamente en el moderantismo cuando “La Iberia”, diario liberal editado en Madrid, publicaba el 22 de febrero de 1865 una carta de felicitación “de sus amigos políticos de Chiclana” dirigida al general –como príncipe de Vergara y duque de la Victoria–, por una misiva escrita desde Logroño, lugar de retiro del general, llamando a la unión de todos los progresistas. Decía así:

“Excmo. Sr. duque de la Victoria: Muy señor nuestro y de toda consideración: Los progresistas de esta villa que tienen la honra de dirijirse á V. E., creerían faltar á un deber sagrado, si no se aprestarán á felicitarle, como lo están verificando todos nuestros verdaderos correligionarios, por su carta del 30 de octubre; ella ha venido á destruir las esperanzas equivocadas é intencionadamente que propalaban los alucinados enemigos de V. E., y su adhesión á las decisiones del comité central, tan mal fundadas esperanzas, demostrando á la vez la verdadera unificación del partido.

En ella se revelan los constantes y fervientes votos que el pacificador de España hace por el imprescindible triunfo de la libertad y del progreso, únicos principios que á nuestro escaso entender, pueden salvar la nave del Estado del borrascoso tiempo por que atraviesa.
El cielo proteja á V.E. para llevar á cabo tan liberal y patriótica empresa, y disponga á su placer de la inutilidad de sus mas adeptos y fieles servidores, que con afectuoso respeto B.L.M. de V.E. Y firmaban en Chiclana, el 24 de enero de 1865: Carlos de la Portilla, José M. Suardíaz, Pedro Soba, José Vilar, Juan Antonio Godoy, Rafael Cabrera, Emeterio Fernández, Juan Forero, Francisco Trujillo, Juan Suardíaz, Fernando Guerra, José de Alba, Manuel Colón, Gaspar Carpio, Francisco Llames, Ramón Tejera y Pedro Sánchez Cabiedes. En esta relación encontramos algunos nombres que formaban parte del ayuntamiento chiclanero como concejales desde el primero de enero de aquel año, además de otros apellidos conocidos de familias progresistas: Suardiaz [excalcalde], Soba o Colón [futuros concejales].

Tras aquella carta de adhesión llegó la contestación del propio general: “Muy señores míos y de todo mi aprecio: Hé recibido con gusto la felicitación que Vds. me dirijen por mis comunicaciones á los comités progresistas, cuyas palabras, sincera espresion de mis constantes sentimientos, han sido favorablemente acojidas por todo el partido, lo cual prueba nuestra unidad de ideas, primera condición de un gran partido. Agradezco á Vds. los nobles deseos que me manifiestan, y tengo un verdadero placer en saludar á Vs. con la mayor cordialidad y afecto. Baldomero Espartero. Logroño, 5 de febrero de 1865”.
Unidad era lo que necesitaba los miembros del Cabildo chiclanero en aquellos precisos momentos, pues no andaban bien, entre ellos, los progresistas de la villa según se refleja en las actas capitulares de aquellos primeros meses de 1865. Sin embargo, en las siguientes décadas cuatro alcanzarían el sillón de la alcaldía y uno de ellos volvería a ocuparlo por segunda vez.

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