Cerrados

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Más allá de toda consideración, la noticia de que Chiclana se verá sometida a partir de este sábado y por, al menos dos semanas, a un cierre perimetral es una mala noticia.
Lo es porque no solamente supone un nuevo golpe para la economía local, con la hostelería y el comercio a la cabeza de nuevo, sino porque refleja con exactitud los efectos que la tercera ola de la Covid-19 está teniendo en materia de nuevos contagios, 226 en menos de una semana y que se comprueba al ver que el pasado viernes 15 de enero, la tasa de incidencia por 100.000 habitantes era de 287,6, frente a los 507,8 registrados ayer. 220,2 puntos más que el pasado viernes.

La virulencia de la tercera ola hace que sea imprescindible que todos cumplamos con las normas sanitarias

Unos contagios que, aparte de la llegada de nuevas cepas más virulentas, reflejan que algo no se está haciendo bien y que de nada sirven las medidas que puedan tomar las autoridades sanitarias, nacionales o autonómicas, si la ciudadanía no sigue las normas básicas de seguridad para evitar nuevos contagios, la distancia social, el uso de mascarillas, evitar aglomeraciones, respetar los aforos o la utilización de geles hidoalcohólicos. Es cierto que una gran mayoría de chiclaneros y chiclaneras cumplen con estas medidas y demuestrann responsabilidad, civismo y compromiso con su ciudad y sus vecinos. Sin embargo, basta con que una minoría no las cumplan para que todos estemos expuestos a sufrir esta enfermedad. De nada serviría el esfuerzo de la ciencia por dotarnos de una vacuna si no somos capaces todos de cumplir con nuestra parte en esta batalla contra el virus.

Chiclana ha sabido en muchos momentos de esta crisis sanitaria dar la cara. Es hora de que, una vez más, chiclaneros y chiclaneras sepan estar a la altura de lo que la situación requiere. Responsabilidad.

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