Creer. Artículo de Félix Alonso del Real

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Estoy seguro, queridos lectores, de que si preguntan a cualquier transeúnte de nuestra ciudad por su opinión sobre el carnaval de Chiclana, hará un gesto de desaprobación y se referirá al mismo como a una fiesta caduca, con poca incidencia en la localidad.

Esta misma afirmación, de hecho, la hacía un componente de una conocida agrupación carnavalesca a un medio de la capital y se quedaba tan pancho. “En Chiclana no hay carnaval”.

Supongo que a lo que se refería este señor es a que el Carnaval de Chiclana nada tiene que ver con el de Cádiz, Cádiz, pero claro, lo sencillo es decir que lo nuestro, nuestra fiesta, no merece la pena.

Es muy chiclanero eso de menospreciar por las buenas lo que tenemos. Es habitual incluso, ejercitar el recelo sobre cualquier cosa que se proponga en nuestra localidad. Imaginemos que se programan unos conciertos de grandes artistas, pues dudamos sobre la idoneidad del lugar, o sobre la posibilidad de aparcar en las proximidades, incluso he oído decir que será imposible disfrutar de la música con el viento de levante. Porque, muy señores míos, además de críticos somos expertos en predicciones meteorológicas.

Es muy chiclanero eso de menospreciar por las buenas lo que tenemos.

Hay que creérselo, como dice mi amigo Angelito, de “la Marítima”. Hay que creer que Chiclana tiene mucho y muy bueno, como hacíamos en la época del boom del “ladrillo”, en la que presumíamos de tener los mejores constructores del universo conocido, y lo hacíamos cargados de fe hacia lo nuestro.

Porque el carnaval, diga lo que diga un ilustre chirigotero, en Chiclana ha sido extraordinario. Porque hay muchas agrupaciones locales que destacan en todas las modalidades y porque la cantera ha alcanzado un nivel de excelencia muy por encima de la media. Ha sido brillante porque ha contado con la implicación de todos los chiclaneros y chiclaneras: que se lo cuenten a las sufridas madres que convocaban a miles de niños en el pasacalles infantil, que desbordaba color y alegría, o que se lo pregunten a las miles de personas que disfrutaban de la cabalgata del humor, o de las actuaciones en las carpas en las que, por cierto, se degustaban magníficos productos de nuestra tierra.

Hay que creer. Hay que creer en el carnaval, en la feria, en la playa, en los conciertos, en la belleza sin par de esta localidad, pero, sobre todo, hay que creer en que si no somos pregoneros de nuestra tierra será complicado trasladar sus bondades a quienes nos podrían visitar.

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