Cuestión de Suerte

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Ya me dirán, estimados lectores, si no somos afortunados de vivir donde vivimos. Y no me refiero solo a Chiclana, un lugar extraordinario, sino a este país, a estas latitudes. Pues ha sido una cuestión de suerte, bien podríamos haber nacido en cualquier otro lugar.

Así, nuestra preocupación en estos días, han consistido en si hemos podido alcanzar alguna de las ofertas que nos ha brindado la nueva maquinita comercial que hemos importado desde ultramar, el “Black Friday”. Porque seguro que ninguno recuerda, en su niñez, como sus padres atesoraban parte de los regalos de reyes en la última semana de noviembre, como tampoco recordarán esos disfraces de Halloween, y muy pronto la celebración del día de Acción de Gracias.

Eran otros tiempos. Estaría bien preguntar a los comerciantes qué favor les está haciendo esta vorágine consumista en la que nos vemos inmersos, en la que medio año son Rebajas y el otro medio tienen que ofertar sus precios para competir con el calendario o con el comercio on-line.

Y ahora llegan las navidades, las ansiadas fiestas. Está claro que las anteriores fueron como mínimo atípicas, con la pandemia sobrevolando el tejado de nuestras casas y con las familias desmembradas, simulando que no pasaba nada. Pero pasaba y, lo que es peor, sigue pasando. Y vuelvo a reflexionar en lo importante que es, en estos momentos, ser ciudadano de Chiclana. Es probable que ustedes estén vacunados, como el 90% de los españolitos de a pié, lo que ayuda a que la incidencia de esta nueva ola de COVI-19 no esté afectando a las plantas de los hospitales. Pero también están quienes han decidido que con ellos no va.

Imaginen por un momento que un eminente científico, o una deslumbrante celebrity, hace públicos una serie de argumentos, coherentes, que apuntan a que nos rentaría conducir por el lado izquierdo de la calzada. Muchas personas, convencidas de esta premisa, se convierten en firmes defensores de la tesis y, de manera autónoma, comienzan a ejercer su derecho a pensar libremente, hasta la última consecuencia. La catástrofe sería cruel. Esa es la razón por las que las autoridades, sean las que sean, tienen que legislar. Pues exactamente pasa lo mismo con respecto a quienes deciden poner en riesgo las pautas que nos hemos marcado la inmensa mayoría para acabar con esta insufrible pesadilla, toca imponer e inducir a la razón colectiva, para que este mal sueño, que regresa por momentos, quede en un mal recuerdo, sobre todo para quienes han dejado a seres queridos en el camino.

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