Donaciones, una fórmula para crecer

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Muchos donantes han hecho posible que el Museo de Chiclana haya podido ir incrementando paulatinamente sus fondos durante estos 10 años de existencia

Hemos hablado en alguna que otra ocasión acerca de lo poco estática que resulta, pese a la permanencia casi intacta del discurso, la Exposición Permanente del Museo de Chiclana, un museo tan joven que está, en consecuencia, en edad de crecimiento. Así que si no resulta del todo apropiado hablar de cambio sin más matices, sí que podemos afirmar que el Museo, que siempre es el mismo, no es siempre lo mismo, pues crece, y se le nota. Que de cosas así quién no tiene – o tuvo- experiencia propia. Mirarse al espejo y reconcerse ya otro pero sí mismo. Lo de siempre: cuánto ha crecido el niño, y el niño a punto de de jubilarse ya. De la infancia misma y de otras edades. Pero reconocible aún. Algo así como un aire de familia.

Cuando el Museo abrió sus puertas al público, lo hizo con una colección que apenas principiaba, pero con voluntad de más y mejor. Pero más y mejor requieren, aparte otras cosas, tiempo. Tiempo de rastrear, de buscar, sí… Y tiempo de pensar, que no todos los hallazgos son, ni mucho menos fortuitos.

Muchos donantes han preferido hacerlo desde el anonimato

Adquisiciones, cesiones -con fecha de caducidad más o menos prorrogables o sine die- y donaciones han alimentado a lo largo de estos diez años de existencia al infante. De las donaciones, nunca suficientemente ponderadas ni públicamente agradecidas, me toca hoy decir, pues no quisiera que acabara el año sin esta pequeña muestra de gratitud expresa.
Y, como el espacio que aquí tenemos es limitado -el del Museo también, así que habrá que ir pensando en comprarle ropa nueva tono con la talla que va adquiriendo-, citaré sólo algunos nombres. Hay muchos más, por supuesto. Y donantes que prefirieron y prefieren su anonimato.

Hablando hace poco de la pintura en el Museo, algo al respecto referimos. No importa abundar en lo mismo. Nunca es demasiado. Ni, acaso, suficiente.
Casi sesenta obras suyas donó en su momento Juan Antonio González “Moraldi”. Sesenta obras que, representativos de varios periodos de su trayectoria, cuelgan en nuestras paredes o engrosan los fondos del Museo a la espera de ocasiones coyunturales que les permitan ver la luz, o a la luz ser vistas. La primera ocasión, para admirar la donación en su conjunto, una exposición temporal de todas las piezas prevista para este próximo año. De pintura, aunque muy otra, van también las donaciones de Francisca y Margarita Vázquez Vázquez: interesantes obras de la familia Cruz Herrera. Entre otras piezas, un retrato del pare de las donantes, lo que hace de esta donación algo especialmente entrañable y reseñable. Entrañable también -y casi en el mismo estilo y de la misma época que lo anteriormente citado- la donación que, en nombre de su madre, Ana Marín -nuestra siempre querida Anita- realizó su hija Elena Rodríguez Marín, un interesante retrato, obra de Agustín Segura, que ha reforzado la colección que de este autor posee el Museo de Chiclana. O, entrañable también, la donación de dos obras de Rafael Baro que su sobrino, David Vázquez realizó para subrayar la memoria de éste.

Pinturas, grabados y otros objetos han llegado gracias a la generosidad

Sin abandonar el terreno de lo plástico, recordar -y hay otras- las generosas donación de los paisajes de nuestra costa realizados por Daniel Gil Martín y donados por éste a nuestro Museo o la plancha del grabado de la obra de Godoy sobre César ante la estatua de Alejandro Magno realizado y donado por Eduardo Martínez, que donó no hace mucho, un par de óleos de enormes dimensiones con lo que colaboró en nuestra exposición “Ecos del Prado III. El Prado recreado”.

Pero aparte lo artístico, las donaciones de los Aleluyas de “El Trovador” (Juan Carlos Rodríguez); la medalla del descubrimiento de la estatua del Magistral Cabrera (José Verdugo), la edición original del “Yo Acuso” del padre Salado (Carmela Parodi), las varias de José Luis Aragón Panés con las que arropó el nacimiento del Museo,… Y tantas otras -la última de Manuel Barberá hace escasos días- que ya diremos. Gracias: Muchas. Siempre

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