HISTORIA DE LA TORRE DE LA PRIMITIVA IGLESIA MAYOR
Jesús D. Romero Montalbán
Este capítulo lo dedicaremos a narrar la historia de la torre campanario de la primitiva Iglesia Mayor que, desde 1576 hasta el año 1779, formó parte del paisaje urbano de nuestro pueblo.
Dicho campanario dio origen a la popular calle de la Torre, la cual, desde el último tercio del siglo XIX, está dedicada al presbítero Martín Jiménez quien, entre sus méritos, tuvo el haber dado cristiana sepultura a los cadáveres de la Batalla de Trafalgar que el mar arrojó en la playa de la Barrosa.
Situándonos cronológicamente, recordemos que Chiclana, en los últimos años del siglo XIV, pasó de ser una aldea a villa a comienzos del XVI. De manera testimonial, la encontramos descrita en el interesante libro titulado Crónica de los muy excelentísimos señores duques de Medina Sidonia, condes de Niebla, marqueses de Cazaza en África, señores de la noble villa de Sanlúcar de Barrameda, escrito por el cronista de la casa de Medina Sidonia, Pedro de Medina (1493-1567), que dice lo siguiente:
“Esta villa de Chiclana, me acuerdo agora haberla visto hace cincuenta años ser de muy poca vecindad; tenía hasta doscientas casas, la mayor parte de ellas cubiertas de paja.
Esto fue mucho tiempo antes de que se edificase la iglesia de San Juan, que ahora tiene. La iglesia de San Martín en que había un vicario y un sacristán, y no otro clérigo alguno, porque no había con que sustentar”.
En esto tuvo que ver la importancia que adquirió el Puerto de Cádiz tras el descubrimiento de América, que benefició a la economía y cultura de la capital y también a los pueblos de su entorno, entre ellos Chiclana.
Las necesidades espirituales de la población, en continuo aumento, se vieron reflejadas en la construcción de la primitiva iglesia de San Juan Bautista, cuyas obras se iniciaron en los primeros años del siglo XVI. De hecho, el primer bautizo registrado en ella corresponde al año 1533, cuando todavía se encontraba parte del edificio inconcluso y sin la torre campanario.
La torre comenzó a construirse 43 años después; debió ser de planta cuadrada, adosada al final de la iglesia, en la parte del lado de la epístola, y con entrada por la sacristía nueva, que también hubo que edificar.
Sobre su construcción, hemos encontrado dos interesantes documentos en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz, en los protocolos de Chiclana, signatura 34 del año 1576, del escribano Rodrigo de Valencia Vándalo y en la signatura 160 de los años 1586 y 87, ante el notario Juan de Padilla.
En el primero de ellos, realizado el día 27 de enero de 1576, intervinieron: el albañil de la villa de Conil, Antón de Ariza, encargado de hacer la torre, y el alarife residente en Cádiz, Jácome Gentil; maestro de las obras de reparación en la Catedral de Santa Cruz (Catedral Vieja) y encargado en el mantenimiento de las murallas de la ciudad.
Este último había sido llamado por el clero de la villa para que viese las condiciones en las que se había rematado la manufactura de las obras de albañilería de la torre y sacristía nueva, las cuales se iban a construir en la iglesia con seiscientas sesenta y ocho tapias, al precio de cuatro reales cada una.
El alarife de Cádiz concluyó que las tapias para la torre eran delgadas e insuficientes, por lo que concertaron que se hiciesen más anchas para el beneficio de la obra, quedando así trescientas treinta y cuatro tapias al precio inicial y la otra mitad al precio de seis reales cada una.
También acordaron la construcción de una escalera de caracol de treinta y cuatro pasos en el interior de la torre para subir a ella desde el nivel del suelo hasta el cuerpo de campanas.
El costo del primer cuerpo hasta la base de las campanas ─construida, como se ha mencionado, con tapias─, importó tres mil setecientos noventa y dos reales, quedando pendiente de realizar la parte destinada a las campanas, que no se erigió hasta el año 1587.
El día 19 de junio de dicho año, salió al pregón el remate de la obra de la torre de la Iglesia Mayor en voz del pregonero de la villa, Luis de Mendoza, recayendo la misma en Mateo de Ariza, albañil de la villa de Conil, que la concluyó por el precio de ciento setenta ducados.
Este albañil fue probablemente familiar de Antón Ariza, quien otrora intervino en la construcción del primer cuerpo de la torre.
Para la terminación de la obra, se realizó un memorial de condiciones que el maestro conileño debía cumplir. De entre ellas, destacamos las siguientes:
Es condición y obligado alzar dos varas de pie derecho resguardando las esquinas de cantería y luego sobre las maderas se labrará otra vara que haga pretil sobre donde se han de formar las ventanas para las campanas.
Los pilares han de ser de cantería labrada y bien asentadas a plomo y regla y subirán de pie derecho dos varas haciendo un friso y arquitrabe de cantería asentándose a una cornisa de cantería que vuele un tercio fuera del vivo que hace los cuatro paños de la torre.
Sobre los pilares se ochavará la torre por la parte de dentro con cuatro pechinas que se cierren debajo de la cornisa y luego desde allí formará el chapitel ochavado prosiguiendo de pie derecho a plomo tres palmos en alto y desde allí se hará el armazón de madera bien engalabernado por sus ochavos en la altura del tercio de lo que es anchura.
Este chapitel ha de ser ochavado de ladrillos o citara, por la parte de afuera ha de ser formado de azulejos por sus ondas.
El azulejo ha de ser cortado y bien asentado con su mezcla de cal y arena como por su obra se requiere.
Sobre la cornisa por la parte de fuera se han de hacer cuatro pilares de cantería que suban una vara haciéndole sus bajos y capiteles. En el paño que hay de pilar a pilar ha de ser de una citara de ladrillos y por la parte de fuera ha de ser formado de azulejos cuadrados que hagan unas jaldetas a manera de ajedrez.
Es condición que el maestro sea obligado a subir el caracol hasta el último suelo, así como va prosiguiendo cubriendo los dos suelos. El último de estos será solado de ladrillos toscos solándose sus vertientes a sus caños y el otro será de hormigón bien acabado.
La torre se ha de encalar por fuera y por dentro los dos aposentos nuevos.
Es condición que al maestro que esta obra tomare se le han de dar cal, piedras, arena, ladrillos, agua, clavos, maderas para andamios y chapitel.
El maestro ha de poner oficiales, peones, herramientas, espuertas y tener sogas para hacer la obra.
De lo anteriormente expuesto, deducimos que los azulejos utilizados en el chapitel y pretil que lo rodeaba, debieron tener distintos colores para colocarlos en patrón ajedrezado.
Terminadas las obras de la torre, se procedió a colocar en ella el reloj y campana públicos de la villa que, hasta entonces, habían estado situados en la fachada principal de la iglesia.
La torre permaneció útil hasta el día 3 de octubre de 1778, no estando prevista su demolición por encontrarse en ella el reloj y campana que daban las horas a la población.
Sin embargo, durante los primeros meses del año 1779, fue demolida junto con la vieja iglesia, ya en ruinas, trasladándose tanto el reloj como una campana prestada por la parroquia a la edificación que había construido el Cabildo Municipal: nuestra actual Torre del Reloj.

