Emilio Oliva cumple 35 años de torería

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El diestro chiclanero tomó la alternativa en 1985, en una tarde en El Puerto de Santa María con Rafael de Páula como padrino y Galloso como testigo

Emilio Oliva Baro, torero de Chiclana, cumple su trigésimo quinto aniversario como matador de toros, tras tomar la alternativa en la plaza de El Puerto de Santa María en el año 1985, con 21 años cumplidos el mes de diciembre anterior, con un cartel en el que figuraba como padrino el diestro jerezano Rafael de Páula, como testigo, José Luis Feria, Galloso y en el ruedo con el toro “Bocinazo” de la ganadería de Gabriel Rojas, “Paula y Galloso me cedían el toro que quisiera como solía hacerse para el torero de alternativa, pero yo me quedé con el que me había tocado en el sorteo”.

“Creo que conseguí ser un torero diferente que supo llegar al público”

Un día que, según recuerda, “suponía cumplir los sueños de cualquier joven que aspiraba a ser torero. Una fecha imposible de olvidar porque fue un momento muy importante y muy bonito”, y en la que contó con una gran representación de sus paisanos que se desplazaron hasta El Puerto de Santa María en varios autobuses desde Chiclana que vieron como realizaba dos espléndidas faenas premiadas con un total de tres orejas.
La confirmación de la alternativa tuvo lugar en Madrid el 26 de mayo del mismo año, apadrinado por Francisco Ruiz Miguel, en presencia de Luis Reina, con el toro “Grapero’”de Pablo-Romero.

Arrancaba así una carrera llena de éxitos en plazas como Madrid, Barcelona y Sevilla, donde un año antes de su alternativa, siendo todavía novillero, fue sacado a hombros por la Puerta del Príncipe tras cortar 3 orejas a sus reses de Murube, delante de Manuel Tirado y Francisco Mahíllo “Paco Machado”.

Emilio ha sido un torero que destacaba por su manera de citar al toro

A finales de 1985 Emilio Oliva cruzó el Atlántico y debutó en tierras hispanoamericanas, donde dejó un buen sabor de boca en diversos cosos colombianos.

Un recorrido profesional en el que “tuve la suerte de compartir carteles con todas las grandes figuras de aquellos años como Antoñete, Capea, Ojeda, El Soro, Morenito de Maracay o Tomás Campuzano entre otros muchos. Una época a mi entender de las mejores para la fiesta porque había más variedad de toreros, de encastes, y de carteles”.
Junto a los triunfos, Emilio Oliva cosechó también sonados fracasos, como una corrida en Madrid en 1986, en la que dió más de una treintena de pinchazos antes de matar al toro de la ganadería de Martínez Benavides, echando a perder las dos orejas que habría ganado brillantemente por culpa de un deficiente manejo del acero. “Recuerdo que mi representante, Camará, me dió la enhorabuena por haber matado el toro pero me advirtió que soñaría con ese animal, y es verdad que soñé con él y todavía lo recuerdo”.

Considerado como un torero valiente, capaz de imponerse a ganaderías complicadas, Emilio Oliva destacaba también por su forma de encarar a distancia, de poner el toro a unos veinte metros y citarlo, “me gustaba que se arrancara el toro y la plaza se volvía loca aplaudiendo. Era algo que al público le gustaba mucho y yo se lo daba a la gente siempre que podía porque hay que saber entender al animal y darle la distancia precisa para poder realizar una buena faena”.

Querido por sus compañeros y por el público, afirma que “he disfrutado de mi manera de entender el toreo y creo que he conseguido ser un torero diferente, con una manera propia de torear y de transmitir lo que sentía en cada momento delante del toro. Ser distinto, tener un toreo propio es algo que el aficionado valora”.

Hijo y hermano de una saga de toreros chiclaneros

Emilio Oliva Baro nació en diciembre de 1963 en Madrid, donde su madre se había desplazado para estar junto con su marido Emilio Oliva Fornell tras una grave cogida en el ruedo madrileño. Junto a sus hermanos David, Abel e Isaac forma parte de una de las dinastías toreras más importantes, “Los Oliva”.
Criado en un ambiente eminentemente taurino, decidió seguir los pasos de su padre y debutó a los 17 años en una novillada con picadores celebrada en la localidad sevillana de Alcalá de Guadaira, compartiendo cartel con los novilleros “Pedro Santiponce” y Jaime Malaver, para enfrentarse con reses de distintas ganaderías y donde dejó constancia de sus cualidades para convertirse en figura grande del toreo.
En 1983, debuta en Madrid y se convierte en uno de los novilleros punteros del escalafón de la exigente afición de Madris.
En esa época, Emilio logra importantes triunfos, como obtener el “Zapato de Oro de Arnedo” en 1983 como reconocimiento a la faena más artística de la Feria de Novilleros, una de las más importantes a nivel nacional, demostrando que estaba listo para convertirse en matador de toros y poder tomar la alternativa en El Puerto de Santa María.

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