Esa mujer. Artículo de Juan Luis Iglesias

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Llevo varios años colaborando con colectivos e instituciones de todo tipo en vocear que la igualdad es algo que deberíamos llevar de serie aunque haya quien esto ni como extra, se le podría instalar en algún rincón de su cerebro. Lo he hecho, lo hago y lo haré, porque se lo debo a una mujer. Una persona que de manera natural me enseñó que ella y yo valíamos lo mismo, comíamos las mismas cosas, nos unían idénticos problemas y nos hacían reír las mismas historias.

Esa mujer me dejó claro desde el primer momento, que arremangarse y fregar los platos era algo que no entendía de sexo, y que el jabón aunque sea masculino, no interesa solo a una fémina.

Esa mujer me enseñó a hacer las camas con una sola explicación, porque el resto iba de mi cuenta. No vean qué lástima de paisaje presentaba aquel lugar donde cada noche me dejaba llevar en los brazos de Morfeo, pero que al final, conseguí doblegar.

Esa mujer que me puso una escoba en las manos sin instrucciones ni nada, y fui capaz de cogerla y ver que era una herramienta que aunque es femenina singular, se podía manejar por un masculino en particular.

Esa mujer me puso en su sitio cuando alguna vez dejaba entrever que las chicas eran más débiles y además, no entendían nada de mis cosas. Bastó con decirme que ella pensaba lo mismo de los chicos y sin embargo, los respetaba.

Esa mujer enseñó a su pareja a que en aquella casa ya no tenía cabida. Y sí, tendría que fregar, limpiar, barrer, llevar a los niños al colegio, bañarlos, ayudarles a la tarea y todo lo que hiciera falta.

Esa mujer es mi madre. No era feminista, estaba educada en el nacional catolicismo de este país mediocre y gris que le tocó vivir, pero llevaba en su Adn un sentido de la justicia inquebrantable. Hoy 8 de marzo su pequeña lucha por la igualdad sigue viva, y me doy cuenta que sin saberlo, dejándome llevar, su mensaje ha llegado a mis hijos. La historia continúa…

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