¿Un guardia civil de Chiclana precursor de los “Ángeles de la carretera”?

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En 1928, Manuel Ríos, exponía la utilidad de las motocicletas para mejorar el servicio a la ciudadanía

Está a punto de clausurarse en el Centro de Interpretación del Vino y la Sal la exposición “La Guardia Civil al servicio de la ciudadanía”. Una incursión en la historia del benemérito Cuerpo desde su fundación (1844) por el II duque de Ahumada, Francisco Javier Girón y Ezpeleta (1803-1869) hasta nuestra época presente. Es, al tiempo, un recorrido por la historia de España y un homenaje al Instituto armado que, desde 1845, vela en Chiclana por nuestra seguridad, el orden y la ley los 365 días del año. Unida a la muestra se han llevado a cabo un número de conferencias en las que hemos podido conocer, aún más, los importantes y múltiples servicios que realiza la Guardia Civil en nuestro país. Uno de ellos es la necesaria y vital labor de la Agrupación de Tráfico que desde 1959 sustituiría progresivamente a la Policía Armada y de Tráfico creada en 1941. Dos años más tarde se fundaba en nuestra provincia al Subsector de Tráfico de Cádiz. No eran estas misiones nuevas para la Guardia Civil, pues la vigilancia de los caminos y auxilio al viajero ya se recogía en la “Cartilla de la Guardia Civil” de 1845. En el capítulo 2º titulado “Servicio en los caminos”, y en su artículo 8º decía: “Siempre que en el curso de sus patrullas, encontrase un carro volcado, ó caballería caída (…) ayudará á los dueños á levantarlos; lo mismo que en cualquiera otra necesidad que observase en los viajeros, les prestará cuantos ausilios necesiten y estén a su alcance”.

La Guardia Civil presta sus servicios en la ciudad desde el año 1845

Curiosamente hace unos meses encontré en la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España, en la “Revista Técnica del Guardia Civil” del mes de febrero de 1928, un artículo relativo al tema escrito por uno de los miembros de la Guardia Civil del puesto de Chiclana, Manuel Ríos Brito. Llevaba por título: “Las motocicletas en el servicio del Cuerpo”. En él su autor exponía la necesidad de utilizar las motocicletas “como un nuevo elemento al servicio” de la Guardia Civil para la mejor atención o auxilio “al caminante, el turista o viajero”. Por su interés lo inserto tal como se publicó porque creo merece conocerse íntegro:
“La intensificación del tránsito rodado por las carreteras, ha determinado una más que asidua vigilancia de la Guardia civil sobres esas arterias de la circulación que de día en día adquieren mayor importancia.

Las parejas de la benemérita se hallan casi permanentemente apostadas en las márgenes de esas vías, y no en balde, pues múltiples son sus atenciones, valiosos sus auxilios, apetecible su protección y segura su vigilancia; pero los hombres no pueden multiplicarse; el área o radio de acción de esos guardadores del fuero de la Justicia y de las Leyes, no alcanza más allá de cierto espacio y el caminante, el turista o viajero, arrostran el riesgo de largas intermitencias en la custodia de sus personas e intereses.

¿Habrá un medio eficaz para conseguir que la vigilancia fuese continua, el auxilio inmediato, y rápida la acción protectora de los guardias?

Opino que sí. Las motocicletas, con sidecar para dos asientos, resolverían el problema.
He aquí como pueden multiplicarse las parejas de un modo prodigioso.

La “Cartilla de la Guardia Civil” recoge la vigilancia de los caminos y el auxilio

Reflexionemos lo que significa un equipo de servicio compuesto de Jefe del mismo, Auxiliar y Conductor, con una máquina de locomoción capaz de recorrer 15 o 20 veces por día el tramo de la carretera confiado a su custodia.

O bien: la sustitución de ocho, diez, doce o más parejas de carretera, por el expresado equipo de servicio que recorriera el total trayecto a dichas parejas señalado, no una sola vez como aquellas puedan hacerlo, sino cuatro, seis, diez veces al día o más, si fuese necesario. Las motocicletas resolverían el problema que plantea la escasez de fuerza, pues con muy pocos hombres se cubre el servicio de largas carreteras, dejando a los puestos la necesaria para otra multitud de atenciones, que son peculiares del Instituto, cual los montes públicos, la guardería rural y piscícola, la vigilancia de los cazadores furtivos, las entrevistas, el orden público en fiestas y romerías, la vigilancia de sitios sospechosos, de caseríos, caminos, vías pecuarias; de las funciones de la policía judicial para la persecución de los delincuentes, etc., etc. No está sólo en la carretera el cometido de la Guardia civil, sino en todos los lugares de su demarcación.

¿Y los gastos? Es indudable que la adquisición y entrenamiento de esos modernos elementos de acción, representan un sacrifico económico; pero si cada máquina con tres hombres produce el mismo trabajo útil que diez o doce parejas en la carretera, creo que su empleo saldría bien barato (…)”.

Visto y leído, es evidente que la idea de Manuel Ríos Brito fue precursora del servicio motorizado de la benemérita para el control, vigilancia y auxilio en carretera.

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