Evocando la inundación de 1965

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Creemos que tan solo en una ocasión, dentro del contenido de los más de setenta artículos que llevamos publicados en esta serie del Grupo IRO XXI, nos hemos referido a la grave inundación que sufrimos en Chiclana en Octubre de 1965. Evidentemente la causa era nuestro Iro que no pudo contener tantísima agua como le obligaba a desaguar las intensas lluvias que habían caído, de manera tormentosa y continua, sobre su cuenca, durante los días anteriores a la tragedia.

En este “Periódico de Chiclana” escribíamos el 10 de marzo del 2016 un artículo que titulábamos “El río y el miedo”, donde explicábamos nuestro parecer sobre la influencia que aquella inundación o riada del 19 de Octubre había tenido no solo sobre la economía y bienestar de sus ciudadanos además de la destrucción del urbanismo y la belleza de la ciudad sino, y más nos preocupa, sobre la mentalidad de los chiclaneros en la visión de un rio sobre el que se tiene, a partir de entonces, más miedo que esperanza. Nos lamentábamos de que no recordáramos, al menos con la misma energía, la importancia de la utilidad y hasta sumisión al servicio del ciudadano que nos ha ido prestando a lo largo de toda la existencia de nuestra población, desde los fenicios a la actualidad, que los problemas que nos ha ocasionado en contadas, aunque sean bastantes ocasiones.

Ciertamente en estos días se nos viene con preponderancia a la memoria la tragedia de aquellos días, no solo porque se cumplió, el viernes pasado, cincuenta y tres años de aquellos penosos sucesos, sino porque la prensa y sobre todo la televisión, nos ha ido mostrado reiteradamente situaciones muy similares o tal vez incluso más dolorosas que las sufridas entonces, y que han ido sucediéndose durante los últimos días en poblaciones de otras regiones de España como Cataluña, Valencia y Mallorca e incluso de ciudades y pueblos limítrofes con nosotros como los de la provincia de Málaga.

En casi todas las imágenes que nos han mostrado, hemos podido observar e interpretar como una clara demostración de la capacidad destructiva de las aguas: carreteras cortadas, puentes derribados, terraplenes destrozados y aliviaderos y canalizaciones destruidas. Evidentemente lo mismo que podemos observar en las numerosas fotografías que se conservan de aquella riada en Chiclana en 1965.

Tenemos que reconocer, si somos sinceros, que hemos sido, al menos, chapuceros en el momento de construir algunas infraestructuras, taludes, muros e incluso algunas viviendas. Hemos antepuesto otras necesidades, tal vez legítimas, de transporte, agrícolas o de habitabilidad a la lógica y natural obligación de dejarle expedito el cauce a nuestros ríos.
En nuestro caso, la inundación de 1965 en Chiclana, los números de la pluviometría, alcanzados entonces, se asemejan mucho a los vistos estos días en las televisiones, más de 200 litro por metro cuadrado en los alrededores de Chiclana y parece que Campano llegó a alcanzar más de 300. El comportamiento de las infraestructuras también entonces jugaron un papel determinante en cuanto a deficitario a la hora de evacuar las aguas. Traemos en esta página dos imágenes de entonces, que se alejan de la aparatosidad de otras como el rio lleno y rebosante o el teatro con su muro aledaño al rio destrozado, pero que explican claramente el problema aludido.

Las viviendas del Pilar soportaron la mayor altura de las aguas dentro de sus casas llegando las mismas casi a las ventanas de la primera planta con la baja totalmente inundada. Debemos de tener en cuenta que el suelo de dichas casas se encuentra más alto (sobre el nivel del mar) que el del Campo de Futbol. El Puente Grande, de entonces, no tenía suficiente capacidad de desagüe y esta se fue concentrando y aumentando de nivel rio arriba de dicho puente, hasta que la presión ejercida por estas aguas rompió las fachadas traseras de las casas más debajo de la calle “Huerta Chica” y arrasando todas la plantas bajas de estas viviendas irrumpió en tromba a gran velocidad en dicha calle llegando a romper alguna fachada de enfrente de la vía. En la foto podemos observar como las personas tiene que ir agarrándose a una cuerda para no ser arrastrados.
Evidentemente el antiguo Puente Grande se construyó pensando más en lo que tenía que soportar por arriba y se menospreció lo que tenía que dejar pasar por abajo.

Chiclana, su administración, tiene en estos momentos documentación suficiente que denuncian los puntos más conflictivos del cauce del rio y las posibles soluciones, bueno sería que nos tomáramos en serio este tema si queremos minimizar los efectos de estas inundaciones. Son muchos los científicos que opinan que estos fenómenos meteorológicos extremos se van a multiplicar en los próximos años, sería de necios el no estar preparados para ello.

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