La lucha por la justicia social

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El Museo de Chiclana dedica un espacio único, compartido y sin maniqueísmo a dos nombres relevantes del compromiso social en nuestra tierra como son el Padre Salado y Diego Rodríguez Barbosa

Nos alarmaba a algunos la simpleza -la simplicidad es una virtud, y no es el caso- con que un poeta de renombre despachaba la complejidad de nuestra interminable guerra diferenciando, más que con meridiana claridad, con dogmática contundencia dónde los buenos y dónde los malos, como si de un espagueti western se tratara y fuese la fealdad prueba incontestable y obvia de la maldad. No sé si, una vez más, el torpe maniqueísmo, o si hay en ello más que sólo torpeza. Incapaces aquí, siempre en carne viva las heridas, de una justicia fruto de un revisionismo completo, nos dedicamos a la oscilación del péndulo -empujado desde los extremos tal se suele- a modo de temporal compensación y de nueva ocasión para los agravios de siempre.

Huyendo de esos vaivenes y reuniendo a quienes, desde planteamientos distintos arrimaron el hombro a una misma causa o a causas próximas, decidimos, en la sala que nos introduce en el siglo XX, dedicar un espacio -único y compartido- a dos nombres relevantes del compromiso social con los más débiles de nuestra tierra, dos nombres de primera que no tenían, hasta hace poco, presencia alguna en el Museo. Pero buscar y hallar piezas, ya lo hemos dicho, requiere su tiempo y resultan las cosas posibles más o menos cuando lo son.

Pero finalmente, gracias a unas adquisiciones del Museo de Chiclana y a una donación de Carmela Parodi, se hacen hoy presentes en nuestra Exposición Permanente Barbosa el anarquista y el Padre Salado.

Como esta afición nuestra al banderío es como es y es capaz de llegar adonde es capaz, son pocas las personas que esgrimen contra la injusticia y la explotación el nombre de ambos. O se es de Salado o se es de Barbosa. Ellos fueron de quienes fueron y, cada uno a su modo, a ellos se entregaron, desde la lucha política en su sentido más estricto o desde el amplio sentido de la política.

Otra de las personas que, desde su íntimo conocimiento del campo -nada que ver con esos edenes perdidos que ahora algunos añoran y casi reivindican como si cualquier tiempo pasado fuese, en clave manriqueña, mejor- luchó también por aquellos que del campo probaron sobre todo los frutos más amargos. Nos referimos a Diego Rodríguez Barbosa.
Su vinculación al campo no le hizo desistir nunca de su formación. Acaso fue incluso acicate aquélla para ésta. Una conciencia que lleva a una formación que condice, a su vez, a una mayor concienciación. Voraz lector y apasionado escritor, hizo incursión -aparte sus numerosos artículos en revistas y periódicos varios- en la literatura, poniendo ésta al servicio siempre de la causa de los deseheredados de la tierra. El componente moral y social salta a la vista en los títulos de las tres novelas suyas que, publicadas en “La novela ideal” mostramos al público en edición original: Los desahuciados, Bohemia y Pastora.
De un personaje y otro existen publicaciones más o menos de enorme interés debidas a Joaquín García Contreras y José Luis Gutiérrez Molina

Salado y Barbosa. En nuestra vitrina… caben los dos.

SALADO. Un sacerdote que apostó por la justicia social en Chiclana

La alineación con los desfavorecidos le pasó al padre Salado -creador del Sindicato de Viticultores y de la escuela del “Pan para pan”, entre otras aportaciones a nuestra ciudad- factura.

De ésta da buena cuenta su “Yo acuso”, pieza original que, junto a otras que remiten este sacerdote que -al margen la limosna para la urgencia del día- apostó por la justicia social y la transformación de las estructuras que las fundan y apuntalan, hoy presentes en nuestra Exposición Permanente que se muestra en la Sala 6.

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