El libro en el Museo (III)

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La celebración del segundo centenario del nacimiento del escritor Antonio García Gutiérrez tuvo amplio eco en las actividades del Museo de Chiclana

Hemos comentado alguna vez que, a la hora de decidir el programa expositivo anual del museo en lo que a las temporales se refiere así como puestos a decidir las actividades complementarias, solemos tener en cuenta efemérides y fechas especialmente señaladas para evitar que, en lo posible, la programación no devenga mera yuxtaposición de iniciativas más o menos acertadas que, tan desvinculadas, ni a archipiélago lleguen. Una mínima vertebración de la cosa.

Por esto, no es de extrañar que, atentos aquí a las fechas que año tras año regresan -Día Internacional de los Museos, Día del Libro, Día de la Mujer, Navidad, Nacimiento de García Lorca, Día de los Difuntos, la Batalla de Chiclana,…- y a las que más de tarde en tarde aparecen -Centenario de Florence Nightingale, por ejemplo, este año; IV Centenario de la Publicación de la segunda parte del Quijote hace unos cuantos; Bicentenario del Museo del Prado; etc…- celebremos a perpetuidad, gracias a la permanente, cosas que en su día de manera especial celebramos, celebraciones que nos ayudaron a poner al día y ponernos al día pero que, al cabo, corren el riesgo de volverse vísperas del olvido, de un nuevo olvido hasta que un nuevo centenario -¡dónde nosotros, los olvidadizos, entonces también olvidados!- desempolve la frágil memoria y nos haga presente el pasado. Un año. O unos días. Un rato, en fin. Todo es un rato.

Los chiclaneros pudieron asistir a la representación de la ópera Il Trovatore

Así, pues, celebradores aquí a perpetuidad de celebraciones coyunturales -que queremos no pasajeras, y en este afán andamos-, cabría traer a colación, y siguiendo con estas cosas del libro que en torno al 23 de abril comenzamos, algunas curiosidades de una vitrina a la profesamos especial cariño sita en la Sala 5 de la Exposición Permanente, la mayormente dedicada a personajes ilustres del XIX. En este caso -en estas líneas de hoy- queremos volver sobre García Gutiérrez.

Hay un Centenario, el segundo de su nacimiento, celebrado no hace tanto del que guardamos memoria -y buena- todavía quienes por aquí andamos. De acontecimientos de relieve como la gran exposición acerca de nuestro poeta que tuvo lugar aquí en el Museo o la ópera Il Trovatore que el sábado 27 de julio de 2013 entusiasmó al público que abarrotaba la Plaza Mayor, y de otros modos más humildes de celebrar pero no menos necesarios. De todo ello -memoria de cada cual al margen- se hacen eco una vitrina de las dedicadas a nuestro autor romántico mostrando la programación de aquel año. También las paredes de la sala que la acoge donde, eco de aquella exposción mencionada, permanecen entre otras cosas, el grabado original con que “La Ilustración Española y Americana”, en su número XXXIII, traía aquel año a sus páginas los “funerales del insigne poeta García Gutiérrez o el curiosísimo aleluya de El Trovador, original también, que donó al Museo Juan Carlos Rodríguez tras la exposición del Bicentenario comisarió.

El Museo guarda recuerdos del primer centenario del nacimiento del poeta

Pero si esta conmemoración nos sorprendió, imagínense -o recuerden quienes por edad puedan- lo que debió ser -en una Chiclana culturalmente muy otra- aquel centenario primero del poeta en 1984, el centenario de su muerte. De aquél, más lejano en el tiempo, conservamos en vitrina algunas curosidades para que, “contemplando”, “recuerde el alma dormida”, que el alma tiende con frecuencia a la modorra.

Un cartel de aquella efemérides bajo el lema “Centenario del poeta”, hacía constar “Antonio García Gutiérrez (1884-1984) Chiclana de la Frontera”. El programa de actividades previsto, con tantísimo nombre destacado tanto desde el ámbito académico -como González Troyano, que al hilo del Romanticismo, ha visitado nuestra ciudad varias veces ya-, literario -García Nieto (académico de la lengua también como nuestro García), Rafael Alberti, Antonio Gala o Fernando Quiñones-, artístico -con flamencos de relieve- o políticos -tal el caso de Tierno Galván, alcalde de Madrid entonces el “viejo profesor”-. Memorable. Entonces. Y todavía.

Especialmente reseñable el texto original de la ponencia de Fernando Quiñones en este evento. Mecanoescrito y con amplias correcciones autógrafas. De éste, hablamos otro día. Que lo merece.

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