“Todo lo ve”, una donación

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“Todo lo ve” es el título de la obra donada al Museo de Chiclana por Pedro Jesús Rodríguez Sánchez “Kapry” que puede contemplarse en el vestíbulo de este espacio expositivo

Hace no mucho, presentaba la Fundación Vipren, en su programa de Exposiciones Virtuales, una interesantísima muestra de la singular obra de Pedro Jesús Rodríguez Sánchez “Kapry”, auténtico poeta de la materia -más aún: de la materia reciclada-, bajo el título general “El objeto y el orden”.

Y es que, aunque nos repitieron desde pequeños que “el orden de los factores no altera el producto”, hay ámbitos donde esto no ocurre del todo así. Luego, empezamos a saber, a través del urinario de Duchamp, que, descontextualizadas, las cosas parecen tan otras que terminan siendo otras. Si aparte de descontextualiazar los objetos, se recontextualizan, como en el taurino sillín con manillar de Picasso, se abre un abanico de posibilidades ilimitadas, auténtico despliegue enriquecedor de la realidad.

“Kapry” está considerado como un poeta de la materia reciclada

De esto va la obra de Kapry. De ver las posibilidades latentes en las cosas y sacarlas de su silenciosa ocultación. Y no sólo descontextualizando las piezas que las componen -auténticos collages volumétricos, puzzles de impensada referencia-, sino recontextualizando, aproximando lo semánticamente alejado en busca de sentidos nuevos, tal trabajan los poetas el adjetivo en cercanías inusuales y la inaugural metáfora más inesperada. Desordenar lo que nos viene dado con estrecho sentido de unívoco uso y reordenar en sutil reciclaje de significados, que es también reciclaje material, aparente artesanía de quien se enorgullece de ser obrero, difícil orgullo en esta tierra de hidalgos donde, al parecer, el trabajo manual deshonra. Trabajo manual y trabajo intelectual libres de vano alarde que trasciende, en su hondura y acabado, la ocurrencia primera.

Una pieza exquisita y de una densidad poética nada frecuente

En esta línea, las cuarenta piezas que conformaban dicha exposición, fruto de la cual es la donación de esta obra que el artista chiclanero, donación que ya anticipó en el acto de presentación de “El objeto y el orden”.

“Todo lo ve” es el título dado por el autor a esta creación suya. Sugerente como todas, abierta como suele, remite sin embargo a un icono totalmente enraizado en nuestra cultura, icono que, por obvio, a nadie se le escapa. Un triángulo de vetusta madera -rodeado de flamígeros clavos no menos antiguos- en cuyo centro una vieja cerradura aparenta ser ojo, el ojo del invisible que todo lo ve. O sea: Dios. Invisible, sí, pero clavadito.
Estéticamente, la pieza no deja de ser, por rústica, exquisita y de una densidad poética nada frecuente.

La obra remite a un icono de nuestra cultura, el ojo que todo lo ve

Resolver con -¡precisamente! -clavos el resplandor del triángulo trinitario -figura sagrada más allá de este misterio, como la tetraktis pitagórica, por ejemplo-, no es cosa sin importancia pues reune en sí la luz de lo divino y el dolor del martirio propio de su encarnación. Pero esa cerradura…, ese ojos abierto sin el párpado de su llave… Es… ¡genial!

El Museo de Chiclana cuenta con varias obras donadas para su exposición

Un cerradura sin llave, sí, que invita a mirar, o así parece. Pero claro, por naturaleza se sustrae lo invisible a nuestros ojos. Así que nada que ver, nada que mirar. Es sólo la cerradura por la que, sin ser visto, alguien mira. O no. No lo sabemos. Ante la duda, la posibilidad de un ojo que, sin descanso, mira sin pestañear. De ello escribió con acierto Sarte cuando dividió el mundo de los seres entre aquellos que tienen ojos y aquellos que no. Y nos hizo comprender que quien mira sin ser visto nos petrifica -mito de Medusa, la gorgona-, nos cosifica, decide -en fin- nuestro lugar en el mundo. Si el infierno son -porque nos miran- los otros en tanto que no mirados, imagínense ese infierno de vigía invisible que no parpadea.
Una lectura sartriana de la obra. Caben otras lecturas.

Esta obra, rica de sugerencias, aunque figurativa a su manera, ocupa desde hoy mismo un lugar en el vestíbulo del Museo junto a otras obras igualmente donadas y, por abstractas, ricas también en sugerencias.

Un nuevo rincón. Un nuevo motivo de gratitud.

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