La llegada de los Hermanos de las Escuelas Cristianas

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Este mes de septiembre se cumplen 113 años de la presencia lasalina en Chiclana

El pasado 1 de septiembre se cumplieron 113 años de la llegada de los Hermanos de las Escuelas Cristianas a Chiclana, los continuadores de la obra de San Juan Bautista de La Salle (1651-1759). Una ciudad, entonces, con un déficit educativo importante, sobre todo entre las clases más desfavorecidas. Hay que pensar en aquella Chiclana de principios del siglo XX en la que estaba, aún latente, la gran crisis económica y social producida por la plaga en los viñedos de la filoxera, aunque con signos de recuperación en la industria vitivinícola –había veinticinco cosecheros de vinos–. Y tras ésta una plaga de langosta que ese mismo año afectó a los campos de nuestro término municipal.

La falta de escuelas públicas provocaba un alto porcentaje de niños sin escolarizar

La ciudad contaba entonces con 11.210 habitantes y su alcalde era Manuel Moreno Ortega. Le tocó lidiar con uno de los periodos más difíciles de principios de siglo. Había hambre como consecuencia de las constantes lluvias de aquel invierno. Los braceros y jornaleros carecían de trabajo y pan que llevar a sus hogares. La grave coyuntura no solo afectaba a los vecinos de la población, sino también al propio Ayuntamiento que tenía el veinticinco por ciento de sus ingresos embargados. La carencia de escuelas públicas provocaba un alto porcentaje de niños sin escolarizar con altas tasas de analfabetismo.

Además, los niños comenzaban a trabajar a edades muy tempranas según las necesidades económicas de sus padres, pues había que sostener, en la mayoría de los casos, a un grupo familiar extenso. Para paliar en la medida de lo posible la carestía social existía una Junta local de reformas sociales de protección a la infancia compuesta por el propio alcalde, un cura párroco, un médico municipal, el juez de primera instrucción, un maestro y maestra, una madre y padre de familia, y un obrero.

El primer centro educativo estuvo ubicado en la actual calle Hormaza

Dice el hermano José Luis Hermosilla en su libro, “Chiclana y La Salle, cien años de historia, 1908-2008” que la fundación de la escuela de los Hermanos en nuestra ciudad fue “como fuente que sacia la sed del caminante y le da fuerzas para continuar caminando”.

Sencillamente se refiere a la necesidad que tenía la población de una escuela de carácter religioso, donde pudiesen recibir educación e instrucción gratuita los niños de familias obreras, pues las niñas la recibían en el colegio del Niño Jesús regidos por las hermanas de la Caridad.
La obra lasaliana debe su presencia en nuestra ciudad al cura párroco de la Iglesia Mayor, Manuel Barberá de Alba y al maestro de una de las escuelas públicas de la ciudad, Paciano del Barco. Ambos acudieron al obispo de la diócesis de Cádiz, José María Rancés y Villanueva, –una de nuestras calles lleva su nombre– a exponerle la necesidad de instalar una escuela religiosa y gratuita en Chiclana para niños. El obispo, conociendo la gran labor educativa, social y espiritual de las Escuelas Cristianas de Cádiz capital, La Salle-Mirandilla fundada en 1879 y La Salle-El Carmen en San Fernando, 1888, pone al frente de las gestiones al arcipreste chiclanero, padre Manuel Añeto, gran benefactor de obras pías –también con calle en nuestra ciudad– y artífice de la reconstrucción del hospital de San Martín en donde, además, ubicó un asilo para pobres. En aquellos años siendo secretario de cámara del Obispado, se dirigió por carta al hermano visitador Exuperio de Jesús, del distrito de Madrid, para exponerle la idea de crear una escuela lasaliana en Chiclana. Algunos meses después, el obispo y el hermano Exuperio durante una visita de este a Cádiz, se entrevistan en el Obispado para dar inicio a los trámites de la fundación de la escuela.

las primeras clases contaron con 160 alumnos, la mayoría hijos de jornaleros

A partir de ahí todo se desarrollará con la mayor presteza y celeridad para que el día 1 de septiembre de 1908 lleguen tres hermanos: Florián de Jesús, Seleuque y Domingo María.
La escuela y vivienda para los hermanos, se ubicará primeramente en la calle Fossi, actual Hormaza, número 17 –antiguo horno y panadería de Francisco Butrón, en el edificio donde actualmente está el escudo nobiliario– propiedad entonces de uno de los miembros de la familia Virués. El día 7 los hermanos abren la casa-escuela a la población mientras comienzan las reparaciones necesarias para dar comienzo las clases.

La nueva escuela tomará el nombre de, Escuela San José y San Francisco de Paula, en honor de sus dos sus cofundadores: el obispo José María Rancés Villanueva y el presbítero chiclanero, Francisco de Paula Fernández-Caro Pareja, el padre Caro.

El 9 de octubre comienzan las clases. Antes se han matriculado 160 alumnos, más del noventa por ciento, eran hijos de jornaleros. La escuela está al completo. Su primer director será el hermano Florián de Jesús que impartía su docencia en la Primera Clase.
En 1910, dos años después de la fundación de la escuela, son 197 los que comparten las aulas de la nueva escuela instalada en la Alameda del Río.

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